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Rechazada por mi compañero, ahora compañera del Rey Licano - Capítulo 32

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32: CAPÍTULO 32 32: CAPÍTULO 32 ~ NYSSA
Di vueltas en la cama, deseando que el aroma de Rowan abandonara mi nariz, pero por mucho que lo intentaba, permanecía grabado en mi mente.

Mucho después de haberme metido en la cama y apagado las luces, seguía sintiendo sus manos protegiéndome, su aroma envolviéndome y el calor de su intensa mirada.

Si no supiera lo que sé, diría que Rowan me deseaba, pero eso tenía que ser falso… ¿verdad?

No había hecho más que hostigarme desde que llegué.

La mayoría de las veces, apenas me prestaba atención, pero esa mirada no podía ser fingida.

Sabía cómo era una mirada de deseo, y eso fue exactamente lo que vi en sus ojos anoche.

Cuando conseguí dormir, fue un sueño agitado, y me desperté sudando con la sensación de unas manos fantasmales sobre mi piel y una voz ronca junto a mis oídos.

Tenía las mejillas sonrojadas, la cama empapada de sudor y algo más en lo que prefería no pensar.

Me levanté a rastras con un gemido, intentando ignorar el martilleante dolor de cabeza que amenazaba con consumirme.

Por un momento, me olvidé de mi huelga de hambre contra Rowan.

Me di una ducha y me dirigí al comedor, mapa en mano.

Solo cuando la puerta se abrió y vi a Rowan sentado a la cabeza de la mesa con Aria a su lado, lo recordé.

Me quedé en el umbral de la puerta como un ciervo deslumbrado por los faros.

Por un instante, pensé en salir huyendo.

Los recuerdos de la noche anterior destellaron en mi mente y mis mejillas se acaloraron más mientras miraba a Rowan, esperando a que él diera el primer paso.

En lugar de eso, apartó la mirada de mí como si no existiera y volvió al periódico que tenía en las manos.

La vergüenza se enroscó a mi alrededor como una soga.

Me había pasado toda la noche pensando en él y ni siquiera parecía inmutarse.

Fue estúpido por mi parte pensar que le importaba de alguna manera.

Para él no era más que una obligación política y supongo que ya era hora de que lo aprendiera.

Aria me lanzó una mirada compasiva.

—Aquí hay tortitas.

Con pepitas de chocolate, para ser exactos.

Le dediqué una pequeña sonrisa.

A pesar de sus reservas hacia mí, intentaba ser amable siempre que podía.

Era más de lo que yo podía decir de Rowan.

—Gracias —dije en voz baja, acercándome a ella—.

Las tortitas son mis favoritas.

Tomé asiento a su lado, tratando de ignorar a Rowan, que estaba a apenas dos asientos de mí.

Su aroma era muy fuerte.

No tenía ni que esforzarse, su aura ocupaba todo el espacio de la habitación.

—¿Has dormido bien?

—preguntó Aria, y habría jurado que vi a Rowan tensarse.

—No muy bien, anoche pasé… calor.

Rowan tosió ruidosamente, salpicando sin querer un poco de su café sobre la mesa.

Aria maldijo, estirando la mano para coger unas servilletas de papel y, mientras no miraba, él me lanzó una mirada fulminante que hizo que mis labios se curvaran hacia arriba.

El aterrador Alfa no parecía tan aterrador con salpicaduras de café en su impecable camisa blanca.

Podía fingir todo lo que quisiera, pero yo veía a través de sus patrañas y él recordaba lo de anoche, tanto como yo.

—Ten cuidado —lo reprendió Aria—.

Siempre te he dicho que no bebas tan rápido.

Él le arrebató las servilletas de papel de las manos, mascullando unas cuantas palabrotas en voz baja.

Ella puso los ojos en blanco antes de centrar toda su atención en mí.

—Perdona la interrupción.

Me estabas contando lo de anoche.

—En realidad no hay nada que contar.

Me dio hambre por la noche y bajé a por un pequeño tentempié —dije con indiferencia, observando a Rowan por el rabillo del ojo—.

Habría esperado que el palacio fuera un poco más emocionante por la noche, pero fue… aburrido.

Aria, ajena a lo que yo intentaba hacer, sonrió con picardía.

—Si buscas emoción por la noche, deberías echar un vistazo a los pueblos.

Organizan una hoguera una vez al trimestre en luna llena.

Es muy emocionante.

Podría llevarte a la próxima.

Es en unos días.

—Me gustaría, gracias.

A pesar de lo confusas que eran las cosas con Rowan, me alegraba de tener al menos a Aria.

No llegaría a llamarla amiga, pero era agradable saber que al menos tenía a alguien.

—¿Puedo salir contigo otra vez hoy?

—pregunté, pero antes de que pudiera responder, Rowan interrumpió.

—¿No tienes trabajo que hacer, Aria?

—empezó, con voz gélida y arrastrada—.

No puedes abandonar el trabajo de la manada para hacer de niñera glorificada.

Mis mejillas se acaloraron.

Una cosa era que te regañaran, y otra muy distinta que hablaran de ti como si no estuvieras presente.

—Puedo trabajar y enseñarle los alrededores al mismo tiempo —intentó defenderme Aria—.

Además, se le da bien…

—No me importa en qué se le dé bien.

No confío en ella cerca del trabajo de la manada.

Después de todo, sigue atada a Henry.

Quién sabe si va a contárselo todo entre sábanas.

No estaba segura de qué era peor: la vergüenza o la ira.

Por un momento, había permitido que lo de anoche me engañara y me hiciera pensar que era una buena persona.

Rápidamente me recordó lo gilipollas que era.

Me puse de pie de un salto, y el sonido de mi silla al arrastrarse llenó el aire.

Una tensión densa envolvió la habitación, enroscándose a mi alrededor como una soga.

Me pregunté si era la única que lo sentía, teniendo en cuenta lo impasibles que parecían los licanos.

—Eres un gilipollas santurrón —espeté, pero ni siquiera pareció oírme.

Mantuvo su atención fija en el periódico que tenía delante, como si fuera lo más interesante que hubiera visto en su vida.

Estaba harta de sus juegos y de sus tira y afloja.

—Mi espalda está curada —continué—.

Me voy a casa.

—Olvidas que tenemos un acuerdo…

—empezó él, pero lo interrumpí.

—Recuerdo muy bien nuestro acuerdo, pero nunca dije que las dos semanas hubieran empezado.

Me voy, y puedes venir a por mí en dos semanas.

Con suerte, para entonces serás menos capullo…

—Quizá deberías leer los documentos antes de firmarlos, Nyssa —dijo con voz arrastrada—.

Tus dos semanas ya han empezado.

La sangre se me heló.

—Eso no es verdad.

—¿Ah, no?

—musitó él—.

Quizá te gustaría volver a echarle un vistazo.

Tengo una copia extra para ti, si quieres.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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