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Rechazada por mi compañero, ahora compañera del Rey Licano - Capítulo 71

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71: Capítulo 71 71: Capítulo 71 ~ NYSSA
Me desperté con un jadeo, con las mejillas ardiendo, teñidas de un rojo intenso mientras mi sueño se grababa a fuego en mi cerebro en lugar de desvanecerse con la luz de la mañana como solía pasar con la mayoría de los sueños.

Después de haberle saltado a Rowan ayer, no se detuvo ni se marchó.

Al contrario, fue sorprendentemente amable, ayudándome a aprender a mantener el equilibrio y a soportar todo el nuevo peso.

Al final de la noche, ya caminaba con seguridad e incluso me echaba a trotar un poco.

Estuvimos allí fuera durante horas y, para cuando el agotamiento empezó a pesarme, me dijo que me fuera a la cama y él se adentró en el bosque.

Sin embargo, en mi sueño, no se fue.

Al contrario, volvimos a nuestra forma humana, ambos desnudos, uno frente al otro.

La atracción era innegable, y se sintió tan real cuando sus manos se deslizaron por mi piel…

Aún podía sentirlo ahora si cerraba los ojos.

—¡Basta ya!

—me espeté, arrastrando mi cuerpo fuera de la cama.

Tenía la piel caliente y las sábanas empapadas de sudor.

Me pasé una mano por la cara, intentando ignorar la sensación pegajosa entre los muslos mientras corría hacia el baño.

De todos los momentos para soñar con Rowan…, este no era el indicado.

Las cosas ya eran bastante complicadas, lo último que necesitaba era ponerme a fantasear con él.

Igual que ayer, Leah entró mientras yo estaba a medio vestir.

Miró mi ropa con expresión preocupada.

—¿Estás segura de que quieres ponerte esto para salir hoy?

Bajé la vista hacia mis pantalones cortos y mi camiseta de tirantes.

—¿Sí, hay algún problema?

—Puede que luego pases un poco de frío.

¿Frío?

Ya hacía un calor abrasador.

Tenía la piel pegajosa por el sudor y sentía la cara como si estuviera en llamas.

Aun así, supuse que ella conocía el clima del palacio mejor que yo, así que cogí una chaqueta y me la eché al hombro.

—¿Así mejor?

—pregunté, pero ella se encogió de hombros, me dio la espalda y se ocupó de sus tareas.

La mesa del comedor estaba vacía cuando entré y mentiría si dijera que no me sentí un poco aliviada.

La idea de verlo justo después del sueño de anoche no era muy atractiva.

Estaba tan absorta en mi propio alivio que no me di cuenta de que había alguien de pie en medio del comedor hasta que carraspeó.

Mis ojos se desviaron bruscamente hacia un lado y se abrieron de par en par al ver a un guardia conocido con esa sonrisa pícara.

—Ya era hora.

—¡Eric!

—exclamé, corriendo hacia él—.

¿Dónde has estado?

No te he visto desde…

—¿Desde que estás liada con tu hombre?

—bromeó—.

No te preocupes, no me ofendo.

Mis mejillas se acaloraron por sus palabras, pero ni siquiera pude negarlo.

Había estado tan absorta en todo lo que ocurría con Rowan que me había olvidado del chico que me hacía compañía todos los días en casa.

—¿Qué haces aquí?

—le pregunté—.

No es que no me alegre de verte, pero ¿está todo bien?

—Sigues necesitando un guardia, y el Rey me lo pidió.

Supongo que no puedes deshacerte de mí tan fácilmente.

Le rodeé con los brazos, incapaz de contenerme.

Una carcajada brotó de sus labios mientras me daba suaves palmaditas en la espalda.

Entonces me di cuenta de que nunca lo había abrazado de verdad.

—Pero ¿estás bien?

—preguntó, apartándose para mirarme—.

Estás caliente.

Antes de que pudiera responder, la puerta de detrás se abrió y entró Aria.

Nos miró a Eric y a mí, y la poca distancia que nos separaba, con el rostro cuidadosamente impasible mientras enarcaba una ceja perfecta.

No pude evitar moverme incómodamente y sentirme culpable a pesar de saber que no estaba haciendo nada malo.

—Tienes suerte de que haya sido yo y no Rowan —dijo con vozarrastrada—.

No me imagino que no le diera un ataque de furia asesina al verte abrazar así a su compañera.

Eric retrocedió de inmediato, con una disculpa en los labios, pero Aria apenas le prestó atención.

En lugar de eso, se volvió hacia mí.

—¿Puedes llevarte el desayuno?

Tenemos que llegar pronto al trabajo.

—Claro, yo solo…

—Yo lo haré —me interrumpió Eric—.

Al fin y al cabo, es mi trabajo.

Después de preguntarle si estaba seguro, lo dejé preparando mi desayuno mientras yo subía a por el móvil.

No me había dado cuenta de que lo había dejado en la cama.

Cuando volví, Eric y Aria estaban de pie junto al coche.

Ella le susurraba algo y la expresión de él era pétrea.

En cuanto me vieron acercarme, ambos guardaron silencio.

No pude evitar mirarlos con recelo.

—¿Está todo bien?

—pregunté.

Fue Aria la que asintió con una sonrisa.

—Todo está perfecto, vamos o llegaremos tarde.

Se subió al asiento del copiloto, dejándonos a Eric y a mí fuera.

Su expresión no había cambiado ni un ápice y eso me preocupó.

Eric era muchas cosas, pero taciturno no era una de ellas…

al menos no conmigo.

—¿Te ha dicho algo?

—pregunté en voz baja—.

Puedo hablar con ella…

—No te preocupes por eso —me interrumpió, con una pequeña pero forzada sonrisa en los labios—.

No es nada que no sepa ya.

—Eric…

Me agarró los hombros con un gesto tranquilizador.

—Está bien, te lo prometo.

Solo se me había olvidado por un momento que aquí dentro eres la compañera del Rey.

—Sigo siendo la chica en cuya casa comías.

Solo soy Nyssa.

Me lanzó una mirada triste y casi compasiva.

—En público no.

Nunca serás solo Nyssa.

—¿Y en privado?

—pregunté, cruzándome de brazos.

—Nyssa…

—Necesito a alguien que no me vea como la compañera del Alfa, ¿vale?

Necesito un amigo aquí, y eres todo lo que tengo, así que te aguantas y te comportas como tal, ¿entendido?

La comisura de sus labios se curvó en esa sonrisa pícara a la que me había acostumbrado.

—Entendido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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