Rechazada por mi compañero, ahora compañera del Rey Licano - Capítulo 9
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9: CAPÍTULO 9 9: CAPÍTULO 9 ~NYSSA
Tengo un compañero.
Uno de los hombres más hermosos que había visto en mi vida era mi compañero.
Mi corazón se aceleró ante la idea, pero no estaba tan emocionada como quería.
Las palabras monosilábicas y totalmente desinteresadas del hombre me irritaron, y no me di cuenta de cómo me hacían sentir hasta que me estaba alejando de él.
También había intentado leer su expresión, pero parecía como si lo hubieran esculpido en mármol.
Quizá no era humano.
Podría ser un robot.
Fuera lo que fuera, no parecía muy contento con el hecho de que fuéramos compañeros.
El camino a mi habitación fue más corto de lo que esperaba, y estaba a punto de abrir la puerta cuando Henry salió de la suya.
—¿Has estado esperándome aquí fuera?
Venga, Nys.
Podrías haber llamado a la puerta o algo —dijo, y yo contuve las ganas de hacer algo drástico con ese tono petulante que tenía.
Conformándome con poner los ojos en blanco, agarré el pomo de la puerta y tiré de él.
—Da igual, Henry.
No quiero hablar contigo —mascullé, y estaba a punto de cerrarle la puerta en la cara cuando su mano se cerró en torno a mi muñeca.
—Espera.
¿No vas a venir a la reunión conmigo?
—preguntó.
Fruncí el ceño.
—¿Qué reunión?
—El Rey nos ha convocado.
A los dos.
Por fin está listo para recibirnos.
Sentí un aleteo en el fondo del estómago ante esas palabras.
Después de tantos días esperando la convocatoria del Rey, por fin estaba ocurriendo.
Debí de perderme la convocatoria mientras estaba en el jardín, pero no le dije nada a Henry.
Salí de mi habitación, cerré la puerta con llave y le hice un gesto para que se adelantara.
Henry y yo caminamos en silencio un rato antes de que él decidiera romperlo.
—Oye, Nys.
Ahora que no estamos en la Manada, creo que los dos deberíamos pasar algo de tiempo juntos.
No hemos estado pasando el rato como solíamos y te echo de menos.
Su voz era suave, y cuando cometí el error de mirarlo, sus ojos ya estaban sobre mí.
La calidez y el reconocimiento en su rostro, la forma en que me miraba como si yo fuera lo único que importaba, hicieron que mi estómago diera un vuelco.
Siempre me había mirado de esa manera, y a mí antes me encantaba esa expresión en su cara.
Pero eso fue antes de que me apuñalara por la espalda y me convirtiera en el hazmerreír de todos.
Como no dije nada, Henry me agarró de la muñeca, deteniendo mis pasos.
—Vamos, Nys.
Aquí solo estamos tú y yo.
No tienes que fingir.
Sé que todavía me quieres —dijo con mucha ternura mientras me atraía de un tirón hacia su cálido cuerpo.
—Sé que tú también me echas de menos —susurró.
Mi pecho estaba ahora pegado al suyo, y su voz había adquirido un matiz muy suave y seductor que hacía que se me encogieran los dedos de los pies.
Henry me traicionó.
Me rompió el corazón y me humilló públicamente.
Pero mientras lo miraba fijamente ahora, con el corazón latiendo tan fuerte contra mi pecho, todo eso pasó a un segundo plano.
Tenía razón.
Yo también lo echaba de menos.
Mi actitud arisca hacia él se debía a que no quería ceder y hacer algo que no debía.
Y, sin embargo, aquí estaba, pensando en lo fácil que sería besarlo.
Sería como en los viejos tiempos, y yo…
¿Pero qué coño estaba haciendo?
Este hombre era un mentiroso, por el amor de Dios.
Me aparté de él de inmediato, sintiendo un poco de asco de mí misma por casi volver a ser víctima de sus mentiras.
—No lo hagas.
Sea cual sea tu objetivo, no lo hagas.
Rompiste conmigo, ¿recuerdas?
—espeté.
Algo brilló en sus ojos, pero desapareció tan rápido como había llegado.
—Nys, cariño.
No lo entiendes.
Eres la única a la que quiero.
Un bufido se escapó de mis labios.
—Si Alisa pudiera verte ahora mismo, estaría jodidamente decepcionada.
Luego, sin esperar respuesta, pasé a su lado y seguí caminando.
Él volvió a caminar junto a mí sin decir nada, y el silencio entre nosotros se volvió muy incómodo.
El mayordomo nos esperaba frente a la sala de reuniones.
—El Rey los está esperando —dijo el hombre secamente antes de abrir la puerta de par en par.
Mi ritmo cardíaco se aceleró.
Por fin íbamos a conocer a la única persona que tenía el poder de salvar a nuestro clan.
Por un breve momento, mientras entrábamos, me pregunté qué aspecto tendría el Rey.
La puerta se cerró tras nosotros, y cuanto más nos adentrábamos en la sala, más nerviosa me ponía.
Fiel a su palabra, el Rey ya nos estaba esperando.
Sin embargo, estaba de espaldas a nosotros, y lo observé con aprensión mientras miraba por la ventana.
A mi lado, Henry se había quedado completamente inmóvil.
Su expresión era inexpresiva, pero podía sentir las corrientes de ira que emanaban de él en olas silenciosas.
—Henry.
Ha pasado mucho tiempo —habló primero el Rey, y algo en su voz me resultó familiar.
Era casi como si lo hubiera oído hablar antes, lo cual tenía que ser imposible, puesto que no lo conocía de nada.
—No lo suficiente, en mi opinión —replicó Henry, y la tensión en la sala era tan densa que casi podía saborearla.
El hombre no dijo nada durante un buen rato, y cada momento que pasaba solo hacía que mi pánico aumentara.
Me pregunté si debería decir algo para intentar disipar la tensión, pero me quedé sin habla.
Luego, tras pasar un tiempo insoportablemente largo mirando su espalda, el hombre se giró.
En el momento en que mi mirada se posó en él, el pánico me oprimió con tanta fuerza que vi las estrellas.
No.
No, no, no.
De ninguna manera.
Esto no era posible.
No debería ser posible.
Pero lo era.
Henry fulminaba con la mirada a Rowan como si no deseara otra cosa que golpear al Rey, pero la expresión de Rowan permanecía fija en mí.
Ladeó la cabeza mientras hablaba.
—Hola, Nyssa.
Tragué saliva para deshacer el nudo que tenía en la garganta antes de acordarme de hacerle una respetuosa reverencia.
—Hola, mi Rey.
Yo, Nyssa Fang, estaba de pie ante el hombre más poderoso de todo el reino.
El Rey Licano.
Y era mi compañero.
Hay que joderse.
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