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Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 1

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1: CAPÍTULO 1 1: CAPÍTULO 1 Orion
Soy el hijo mayor de la realeza de los MC.

Mi padre fundó los Aulladores Primales y espera que algún día yo lleve su parche.

El problema es que no sé si eso es lo que quiero.

Últimamente, todo me importa una mierda.

Hasta ella.

Raquel
Me mudé a Monument, Colorado, para escribir mi tesis y conseguir la tan necesaria distancia de mi autoritaria familia.

Lo que no esperaba era encontrarme enganchada a un motero que parece no tener nada que perder.

Yo, sin embargo, tengo todo que perder y me preocupa que Orion pueda ser mi perdición.

Raquel
Hace unos dos meses…

—¿Estás lista?

—gritó Sierra, mi mejor amiga y compañera de piso, escaleras arriba en la casa adosada que compartíamos.

—¡Dame un segundo!

—respondí mientras desenchufaba el rizador de pelo, oyendo sus pasos mientras subía corriendo las escaleras.

Asomó la cabeza en mi baño.

—¿Vamos, tardona?

Quiero ponerme a beber.

Me reí.

—Tranquilízate, ya voy.

—No llevo bragas.

—Qué asco, Sierra, no necesitaba saber eso.

Mi mejor amiga llevaba una minifalda de cuero negra, botas altas hasta la rodilla y una camiseta rosa ajustada con un profundo escote en V que se ceñía a cada una de sus curvas.

Yo iba vestida de forma un poco más conservadora, con unos vaqueros ajustados oscuros, botas altas hasta la rodilla y una camiseta de Harley-Davidson que disimulaba bien mis michelines.

Nos dirigíamos al Smiley’s en Colorado Springs, un conocido bar de moteros en las afueras de la ciudad.

Resulta que mi hermano es el presidente de los Dogs of Fire MC de Savannah, así que estaba bastante familiarizada con el local y con quiénes lo frecuentaban.

El local acogía a todo el mundo y se consideraba terreno sagrado y neutral, así que los moteros solían comportarse.

—Espero encontrar un motero sexi que me folle contra la pared —dijo Sierra.

—¡Sierra!

—la reprendí—.

Prometiste que te portarías bien.

Ella sonrió de oreja a oreja.

—Oh, pienso ser muy buena.

Puse los ojos en blanco.

—Por Dios, mujer, compórtate.

—No.

¿Qué dice tu hermano?

—Las mujeres que se portan bien no consiguen una mierda —dije, aplicándome brillo de labios.

Ella suspiró.

—Ojalá Tristán estuviera soltero.

Sonreí.

—Mucha gente lo desea.

Tristán era mi hermanastro mayor.

Su padre se había casado con mi madre unos años después de que muriera su primera esposa, la madre de Tristán.

Yo estaba igual de unida, si no más, a él que a mis hermanos pequeños de sangre, y a menudo era mi pilar cuando necesitaba a alguien en quien apoyarme.

—¿Estás segura de que está comprometido con Olivia?

Me reí.

—Cariño, ni siquiera Liv puede huir de Tristán, y créeme, lo ha intentado.

Él es totalmente devoto de ella.

Sierra suspiró.

—Quiero un hombre así.

—Lo encontrarás —dije.

—Brando ya es mayor de edad, ¿verdad?

—preguntó ella.

—Si te refieres a que tiene edad legal para beber, sí.

Tiene veintiuno.

—Aunque Corwin es más guapo.

—Quieta, fiera, solo tiene diecinueve.

—Mierda —siseó ella, y yo sonreí.

Mis dos hermanos pequeños ya eran unos rompecorazones, pero ella tenía razón.

Corwin tenía la belleza de un modelo, mientras que Brando era más rudo.

Pero, en realidad, la diferencia era si te gustaba más Ashton Kutcher que Channing Tatum.

Corwin era delgado y alto, mientras que Brando, aunque también era alto, estaba construido como un armario empotrado.

—¿Sabe Tristán que vas a ir al Smiley’s sin «protección»?

—preguntó.

—No le importará.

—Eso es un no —replicó ella.

—Tengo veinticuatro años, no necesito contarle nada a mi hermano.

—Mmm, vale, claro, podemos jugar a eso —dijo ella—.

Sin embargo, si se entera, me haré la tonta.

—No pasa nada.

Conozco a Smiley.

Él nos cuidará.

—Me volví hacia ella de nuevo—.

Estoy lista.

—Bien.

Ya he pedido un coche.

Salimos y el coche de VTC ya nos estaba esperando.

El bar no estaba lejos, pero el conductor no estaba seguro de dejarnos allí.

—Este es un lugar peligroso —dijo en un inglés chapurreado.

—Ya hemos estado aquí antes —dije, abriendo la puerta—.

Gracias, de todos modos.

Sierra me siguió y entramos, encontrándonos en la puerta con un hombre gigantesco.

—Identificaciones.

—Le entregamos nuestras identificaciones, él nos echó un vistazo y nos las devolvió—.

¿Seguras de que estáis en el sitio correcto?

Sonreí.

—Estamos bien.

—Si tenéis algún problema, avisadme.

—Vale, gracias.

Avanzando entre la multitud, nos acercamos a la barra y Smiley se dirigió a nosotras.

—Hola, guapa.

—Hola, Smiley —dije.

—¿Sabe Doc que estás aquí?

—preguntó.

—¿Qué le pasa a todo el mundo con que tengo que contárselo todo a Doc?

Sonrió con suficiencia.

—Bueno, tened cuidado.

—Lo tendremos —prometí.

—¿Qué os pongo?

—Chupitos —dije—.

De Patrón, por favor.

—Apúntalo a mi cuenta —dijo un tipo a nuestra izquierda.

Tenía un aspecto espeluznante, con el pelo engominado hacia atrás que le daba un aire grasiento, y yo planeaba mantenerme lo más lejos posible de él.

—No, no hace falta —dije.

—Insisto.

Suspiré.

—Te lo agradezco, pero de verdad que no hace falta.

—Zorra…

—No la llames zorra, gilipollas —siseó Sierra.

—¿Hay algún problema?

—preguntó un motero alto y sexi de cojones.

Tenía los brazos cruzados, así que no podía ver el parche de su chaleco, pero podría poner Diablos de Satanás y no me importaría.

Dios mío, qué guapo era.

El pelo rubio, un poco más largo por arriba, le caía sobre la frente y atraía la atención hacia sus ojos, que eran de un azul casi gélido.

Llevaba barba completa y me moría de ganas por pasar los dedos por ella.

—¿Y a ti qué te importa?

—exigió el Grasiento.

—Oh, no sé, Stimpy, quizá porque estás acosando a mi chica y acaba de llegar.

—Oh, mierda, Orion.

Lo siento, tío.

No me di cuenta de que estaba contigo.

—Stimpy levantó las manos y se marchó.

Orion se centró en mí.

—¿Estás bien?

—Sí.

Pero no tenías por qué hacerlo.

Sierra se inclinó hacia mí y, sin mirarla, supe que se estaba derritiendo.

—Conozco a tu hermano, Raquel, sí que tenía que hacerlo —dijo.

Me obligué a no reaccionar.

—¿Mi hermano?

Él sonrió y casi perdí la cabeza…

y las bragas.

—Doc —dijo—.

Ya sabes, el presidente de los Dogs of Fire, de Savannah.

—¿Cómo es posible que sepas que Doc es mi hermano?

—pregunté—.

Nunca te he visto.

Se apoyó en la barra, ahora completamente de frente a mí, y tuve que estirar el cuello para mirarlo.

—Mi viejo es el presidente de los Aulladores Primales.

Conozco a tu hermano desde hace tiempo.

Por supuesto que sí.

—Qué bueno está —susurró Sierra, solo para mis oídos.

Orion sacó el móvil y deslizó el dedo por la pantalla.

—Tengo una foto tuya de la fiesta de Navidad del año pasado.

Nunca olvido una cara.

—Me pasó el móvil.

Vi la foto del evento benéfico que el club organizaba cada año, repartiendo regalos a los niños de acogida de la zona.

Estaba de pie junto a mi hermano, riendo.

Creo que había hecho alguna broma inapropiada justo antes de que se tomara la foto.

—Además, os parecéis mucho.

Fruncí el ceño.

—Traducción: Doc te ha enviado esto para que me vigiles.

Se guardó el móvil en el bolsillo.

—Me acojo a la quinta enmienda.

—He estado aquí varias veces y conozco bien a Smiley, así que, ¿cómo es que nunca te he visto?

—Porque no quería que me vieras.

Entrecerré los ojos.

—¿Me has estado acosando?

—A mí puedes acosarme —dijo Sierra—.

Cuando quieras.

Orion le dedicó una sonrisa.

—Lo tendré en cuenta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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