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Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 10

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  3. Capítulo 10 - 10 CAPÍTULO 10
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10: CAPÍTULO 10 10: CAPÍTULO 10 Raquel
Me desperté a la mañana siguiente y me di cuenta de que necesitaba un cambio de aires, así que llamé a mi hermano para avisarle que iba de visita.

Ya había hecho una reserva, por lo que no podía decir que no, aunque quisiera.

Hice la maleta rápidamente y bajé las escaleras para encontrarme a Sierra sacando magdalenas del horno.

—¿Has horneado?

—No podía dormir.

¿Adónde vas?

—Me voy a casa unos días.

Necesito terminar esta tesis.

Ladeó la cabeza.

—¿Está todo bien?

¿Por qué me da la sensación de que esto tiene más que ver con un motero muy sexi y menos con tu tesis?

—Bueno, mi acuerdo con Orion se ha terminado, así que da igual de todos modos.

—¿Te ha dejado?

—No estábamos juntos —señalé.

—Menudo gilipollas de mierda —siseó.

—Guarda las garras, Sierra.

Es lo mejor.

—Cogí una magdalena del molde—.

Estaba tan distraída con su polla que no le prestaba atención a mi propia vida.

Me entregó una taza y vertí café en ella.

—Bueno, sigo diciendo que es un gilipollas si tienes que huir a casa para escapar.

Sonreí.

—Echo de menos a mi familia, así que es una buena excusa para verlos.

—Pero ¿estás bien?

—Estoy bien, cariño.

Te lo prometo.

—Bueno, me voy al trabajo.

Mándame un mensaje con la información de tu vuelo y te recogeré cuando vuelvas si puedo.

—Me parece bien.

Sierra se fue y pedí un coche.

El vuelo dejó mucho que desear, con turbulencias a raudales, pero una vez en tierra, empecé a relajarme.

Estar en casa tenía algo especial.

Salí del aeropuerto y sonreí, corriendo hacia Rabbit.

Dejé caer las maletas y él me levantó del suelo en un abrazo de oso.

—Hola, cariño.

—Dios mío, cuánto te he echado de menos.

Se rio, dejándome de nuevo en el suelo.

—Y yo a ti.

Venga, estoy aparcado en doble fila.

—Siempre has sido un rebelde.

Salimos y Rabbit tiró mis maletas en la parte de atrás de la camioneta de Tristán mientras yo me subía; luego, nos fuimos del aeropuerto.

—Y bien…

—¿Y bien?

—preguntó, mirándome de reojo antes de volver a centrarse en la carretera.

—¿Cómo está Parker?

—Joder —masculló—.

¿Tenías que empezar con eso de inmediato, Raquel?

Me encogí de hombros.

—Vaya, joder.

Estaba segura de que ya habría cambiado de opinión.

Rabbit había estado enamorado de Parker Powers desde el segundo en que apareció en escena con Willow y Jazmín.

Ambas mujeres estaban casadas con miembros de los Dogs y yo estaba segura de que Parker se enamoraría de Rabbit para completar el grupo.

Por lo visto, me equivocaba.

—Se supone que tú y yo tenemos algo, ¿recuerdas?

—señaló.

—Sí, torturo a Tris con esa ilusión siempre que puedo.

Se rio.

—Bien por ti.

—Siento que no vea lo brillante que eres.

—No pasa nada —dijo—.

Hay muchos peces en el mar.

Rabbit condujo la camioneta a través de las puertas gigantes de la entrada del complejo y mi corazón empezó a acelerarse, con la emoción palpable de estar en casa.

La sede principal de los Dogs era un enorme granero de tabaco de la época de preguerra que habían convertido en dormitorios privados, oficinas y una sala de reuniones.

Se encontraba en medio de un complejo cercado de treinta acres, junto con edificios anexos que albergaban talleres y un par de antiguas viviendas de esclavos.

Los talleres se utilizaban para todo, desde la reparación de coches hasta la herrería, y Olivia no paraba de amenazar con renovar las viviendas de los esclavos y convertirlas en casas de verdad.

La casa original se había quemado a principios del siglo XX y, lamentablemente, nunca se había reconstruido.

Salté de la camioneta y entré corriendo, encontrando a Olivia y a Jazmín en el gran salón, riéndose de algo.

Dios, qué bien se estaba en casa.

—¿Hay sitio para una más?

—pregunté, abrazando a Olivia y luego a Jazmín.

—Siempre —dijo Olivia.

—¿Dónde está Tristán?

—pregunté.

—Está preparando la comida —dijo ella justo cuando mi hermano salió con un plato, se lo entregó a Olivia y luego me abrazó.

—¿Qué tal el vuelo?

—preguntó.

—Ha ido bien —dije—.

Pero estoy un poco cansada.

¿Te importa si me voy a dormir?

—En absoluto —dijo—.

¿Sabes dónde tienes que ir?

Sonreí.

—A menos que pueda dormir en la conejera, entonces sí.

—Por el amor de Dios —siseó Doc—.

Vete a la cama.

Ya han subido tus cosas a tu habitación.

—Gracias, Tris.

—Le di un beso en la mejilla y luego abracé a Olivia—.

Buenas noches.

Subí corriendo las escaleras, esperando que mi hermano no adivinara que estaba triste, y vi a Rabbit saliendo de mi habitación.

—Tus maletas están dentro.

—Gracias.

—Lo abracé, aferrándome a él un poco más de lo habitual.

—Eh, ¿estás bien?

—preguntó, acariciándome la espalda.

—Sí.

Solo te echaba de menos.

Me besó en la coronilla.

—Yo también te echaba de menos, cariño.

Me aparté con una sonrisa.

—Nos vemos mañana.

—Buenas noches.

Me encerré en mi habitación e intenté no quedarme dormida llorando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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