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Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 116

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116: CAPÍTULO 116 116: CAPÍTULO 116 Sabrina
El lunes por la mañana, entré con Felix a su salón de clases.

Su maestra se apresuró hacia nosotros y lo atrajo para darle un abrazo.

—Hola, Fox.

Me alegro mucho de verte.

—¿Por qué no vas a jugar, campeón?

—dije—.

Voy a hablar un momento con la Sra.

Watson.

—Vale, tía —dijo él, abrazándome y luego corriendo a jugar con sus amigos.

Me centré en su maestra y me crucé de brazos.

—Estoy segura de que sabe que Felix debe ser vigilado en todo momento.

—Sí.

La asistente ya no está.

Despedida y con la entrada prohibida al recinto escolar.

Asentí.

—Yo lo traeré y lo recogeré.

Si no puedo hacerlo, lo hará mi hermano.

Nadie más tiene permiso para llevárselo a ninguna parte.

—Lo entiendo —dijo ella.

—¿De verdad?

—pregunté, con poca amabilidad—.

Porque la considero parcialmente responsable de esto.

Y, francamente, la única razón por la que dejo que Felix vuelva a su clase es porque él la adora y no quiero que sufra más traumas.

Pero un paso en falso y se las verá conmigo en un plano muy poco amistoso.

—Señorita Moretti, puede estar segura de que esto no volverá a ocurrir.

—Tiene mi número de móvil, por si tiene alguna pregunta.

—Sí —confirmó la Sra.

Watson.

Volví a asentir y me acerqué a Felix.

—Fox, ya me voy, campeón.

—Vale, tía —dijo, abrazándome y volviendo con sus amigos.

Me quedé un minuto observándolo, hasta que me saludó con la mano y me despidió sumariamente.

Al salir de la escuela, me dirigí a mi coche, y el teléfono vibró justo cuando arranqué el motor.

—Sabrina Moretti.

—Hola, Breezy.

—Ah, hola, Stoney —dije, poniendo la marcha atrás.

—Tengo los resultados.

Volví a poner el coche en modo aparcamiento.

—¡Vaya!

¿Y?

—Es mi hijo y no tengo ninguna intención de renunciar a mis derechos de paternidad.

Cerré los ojos y asentí.

—¿Sigues ahí?

—preguntó.

—Perdón, no.

Sigo aquí —dije—.

¿Estás bien con todo esto?

—¿Que si estoy bien con que tu hermana se quedara embarazada y no me lo dijera?

No.

¿Que si estoy bien con haberme perdido seis años de la vida de mi hijo?

No.

¿Que si estoy bien con que Felix sea mi hijo?

Joder, claro que sí.

Me mordí el labio.

—Siento mucho que mi herma…

—No te corresponde a ti disculparte, cariño —dijo—.

Así que…

¿Cómo quieres que se desarrolle esto?

—No lo sé, la verdad.

Solo no quiero perderlo —dije con voz ronca.

—No voy a quitártelo, Sabrina.

—¿En serio?

—Joder, en serio, tienes que dejar de pensar lo peor de mí.

—Tienes razón.

—Suspiré—.

Lo siento.

No estoy acostumbrada a esto.

Ria y Luca me protegieron más de lo que me hubiera gustado.

Ria se acostaba con muchos hombres, y normalmente eran moteros u hombres de moral dudosa, como dice Mamá.

Sinceramente, estoy flipando, pero quiero que Felix te conozca.

¿Tiene sentido algo de lo que digo?

No quiero ofenderte.

—Nena, no me ofendes.

Me encanta que no tengas filtros.

Quiero que siempre seas sincera conmigo.

Te prometo que siempre seré sincero contigo.

—Me he dado cuenta.

—¿Quieres que quedemos para cenar y aclaramos toda esta mierda?

—Podría ser una buena idea —dije.

—¿En tu casa o quieres que salgamos?

—En mi casa está bien.

Fox estará con Luca mañana por la noche.

¿Te viene bien?

—Sí.

¿A qué hora?

—¿A las seis?

—sugerí.

—Nos vemos entonces.

—Vale —dije, y colgó.

Decidí pasar por casa de mis padres antes de ir a trabajar, necesitaba el inestimable consejo de mi madre.

Usé mi llave para entrar y grité: «¡Mamá!», mientras me quitaba los zapatos.

—¡En la Cocina!

—respondió ella.

Dejé el bolso en la consola y me dirigí a la cocina.

—Hola.

Me atrajo hacia ella para darme un abrazo.

—¿Por qué no estás en el trabajo, polpetta?

—Necesitaba hablar contigo sobre Felix.

—¿Café?

—Sí, por favor —dije, y me preparó una taza justo como me gusta, cogió una magdalena de arándanos recién hecha, la puso en un plato y luego nos sentamos a la mesa del comedor.

—¿Tiene Felix algún problema?

—No.

He encontrado a su padre biológico.

—¿Ese tal Stoney?

Mi madre no era tonta.

—Sí.

—¿Y quiere…, qué?

—preguntó ella.

—Solo formar parte de la vida de Felix.

—Me encogí de hombros—.

Al menos, eso es lo que ha dicho.

—¿No le crees?

—Sí le creo.

Quiero decir, creo que lo dice en serio ahora, ¿pero y en el futuro?

—Contuve las lágrimas—.

No sé qué haría sin él, Mamá.

—Cariño, Stoney parece un buen hombre.

Sé que tiene un aspecto un poco rudo, lo que me preocupa un poco, pero arriesgó su vida por ese niño, y creo que tenemos que darle una oportunidad.

—Siempre confías tanto en la gente, Mamá.

Yo no.

Sonrió y extendió la mano sobre la mesa para apretar la mía.

—Simplemente le doy a la gente suficiente soga para que se ahorquen solos y luego escupo en la tumba de nuestra amistad si la cagan.

Escupí el café mientras me reía.

—Oh, Dios mío, Mamá, eres incorregible.

Se encogió de hombros.

—Tengo mis momentos.

—Entonces, ¿de verdad crees que debería darle una oportunidad a Stoney?

—¿Qué otra opción tienes?

Si no es un buen hombre, tu hermano se encargará de él; si lo es, Felix consigue un buen padre.

Asentí.

—Siempre haces que las cosas parezcan tan sencillas.

—Es mi superpoder.

—Gracias, Mamá.

—De nada, albóndiga número tres.

—Vale.

Tengo que ir a trabajar.

—Me levanté, llevé mis platos al fregadero, pero cogí la magdalena para llevármela—.

Gracias por todo.

—Por supuesto.

Te quiero, nena.

—Yo también te quiero, Mamá.

Salí hacia mi coche y conduje hasta el trabajo; de repente, el peso del mundo se sentía más ligero.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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