Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 141
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- Capítulo 141 - 141 CAPÍTULO 141
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141: CAPÍTULO 141 141: CAPÍTULO 141 Su pecho era musculoso y lampiño, y estaba cubierto de tatuajes.
Era espectacular.
—Me olfateaste la primera noche que nos conocimos, ¿verdad?
No mientas.
Solté una risita.
—Me acojo a la quinta enmienda.
Me besó, quitándome la bata y acariciándome el pulso.
—Si necesitas o quieres parar, paramos, ¿de acuerdo?
Asentí, lamiéndome los labios.
—Te amo.
Deslicé las manos por su pecho.
—Yo también te amo.
Me besó con suavidad, pero profundamente, mientras me bajaba los tirantes del sujetador por los hombros, para luego desabrocharlo y quitármelo.
Me envolvió los pechos con las manos y recorrió mis pezones con los pulgares, haciéndome estremecer.
Sus manos eran ásperas y grandes, y sentirlas sobre mi piel sensible era una delicia.
—Jodidamente perfecta, nena —dijo con voz ronca, succionando uno de mis pezones y luego el otro, antes de arrodillarse frente a mí y presionar su cara entre mis piernas.
Me bajó las bragas por los muslos, pasó la lengua por mi clítoris y yo entrelacé los dedos en su pelo.
Se puso de pie, me alzó hasta la cama y se cernió sobre mí, para luego besarme recorriéndome todo el cuerpo.
Su boca llegó a mi sexo y pasó la lengua entre mis pliegues, luego succionó mi clítoris con suavidad antes de deslizar un dedo en mi interior.
Me arqueé contra su caricia y él añadió otro dedo, moviéndolos dentro de mí mientras volvía a subir por mi cuerpo para llevarse un pezón a la boca.
Lo mordisqueó con suavidad y las sensaciones me inundaron.
La palma de su mano golpeaba mi sensible montículo mientras seguía jodiéndome con los dedos, y su boca le hacía cosas increíblemente maravillosas a mis pezones.
—Yo…
yo…
—Córrete, nena —me animó, y me dejé ir.
Y acto seguido rompí a llorar.
—Oye —susurró, estirándose a mi lado y atrayéndome hacia él—.
¿Te he hecho daño?
Negué con la cabeza.
—Nunca…
me…
había…
sentido…
tan…
—No pude terminar la frase…
Lloraba demasiado fuerte.
—Tranquila, nena, estoy aquí —susurró, riendo entre dientes.
Le subí las manos por la espalda, hundí la cara en su cuello y me eché a llorar.
Durante varios minutos.
Stoney me abrazó con fuerza, acariciándome la espalda y dejando que me derrumbara.
—Tienes que parar de llorar, nena, porque no sé si esto ha sido bueno o malo para ti.
Sorbí por la nariz.
—Ha sido bueno.
Demasiado bueno.
Nunca lo había pasado tan bien.
Sonrió, me puso boca arriba y me besó con suavidad.
—Eres jodidamente preciosa.
—Estoy llena de mocos.
—Aun así, sigues estando preciosa.
—Se supone que tienes que decirme que no estoy llena de mocos.
—Pero lo estás —replicó—.
Y también eres preciosa.
Arrugué la nariz.
—Grosero.
Soltó una risita.
—Venga, nena, vamos a comer.
—Eh, no, todavía no hemos terminado.
—Lo agarré de la cinturilla de los vaqueros y tiré de él hacia mí—.
Desnúdate.
—¿Vas a darme órdenes en la cama?
—Por supuesto que sí.
Bueno, hasta que quiera que me las des tú a mí.
Sonrió de oreja a oreja, se levantó de la cama como un resorte y se quitó el resto de la ropa.
Se me escapó un siseo de apreciación.
—Madre mía, qué grande la tienes.
—Tú sí que sabes qué decirle a un hombre.
Me lamí los labios y me deslicé hacia él.
—Ahora me toca a mí.
Envolví la punta de su polla con los labios, succionándolo hasta el fondo de mi garganta y deslizándome arriba y abajo con lentitud.
—Nop —dijo Stoney, apartándose de mi boca.
—¿Lo estaba haciendo mal?
—Joder, no.
Estaba a punto de correrme, y quiero que mi primer orgasmo sea dentro de tu coño.
—Ah.
Sonrió de oreja a oreja, inclinándose para besarme mientras volvía a tumbarme boca arriba y deslizaba la mano entre mis piernas.
—Empapada.
Asentí.
—¿Vas a hacer algo al respecto?
Soltó una risita, cogió un condón y se lo puso, para luego penetrarme con lentitud.
Le rodeé la cintura con una pierna en un intento de acostumbrarme a su tamaño, pero no sirvió de nada.
Intentó salirse, pero le agarré del culo y lo sujeté con fuerza.
—Nena, parece que te estoy haciendo daño.
—Te lo juro, Noah, quiero que esa polla gigantesca me parta en dos, así que haz que ocurra.
Estalló en una carcajada, dejándose caer sobre mí.
—Te amo.
Sonreí.
—¿Lo suficiente como para meterme esa…
—
—Dios mío, Breezy, para.
Se me va a bajar la erección.
—Hablarte guarro es igual a gatillazo.
Entendido.
Me miró a los ojos y me besó la nariz.
—Ya verás qué gatillazo, Sabrina —advirtió, hundiéndose más en mí.
Enrosqué las piernas en su cintura y me arqueé para acogerlo aún más, y él entrelazó nuestros dedos, llevándome las manos por encima de la cabeza.
Me las sujetó con una sola mano y deslizó la otra hacia mis pechos, haciendo girar un pezón hasta convertirlo en un botón prieto mientras me besaba, hundiéndome la polla más y más, con lentitud.
Mi cuerpo no tardó en acostumbrarse a su tamaño y pedir más.
Gimoteé de necesidad, arqueándome más para recibir sus embestidas, y él empezó a moverse más deprisa, embistiéndome una y otra vez mientras yo intentaba en vano que me soltara las manos.
Quería tocarlo.
No cedió, y mientras mi orgasmo se intensificaba, lo besé, deslizando mi lengua contra la suya, y luego le mordí el labio justo cuando su polla golpeó mi cérvix.
—¡Ahora, Noah!
—grité, y él embistió una vez más.
Entonces lo sentí pulsar dentro de mí mientras nos ponía de costado, cara a cara, todavía unidos.
—Guau —dije con voz ronca, acariciándole la barba.
—Sí.
Guau.
—Sonrió de oreja a oreja—.
No estás llorando.
Lo he hecho bien, ¿no?
Solté una risita.
—Le has hecho cosas increíbles a mi cuerpo las dos veces, cariño, y lo sabes de sobra.
Pero si necesitas que te acaricien el ego, estaré encantada de hacerlo.
—Acabas de hacerlo.
—Me besó—.
¿Estás bien?
—Sí.
Quiero repetir.
—Démosle un minuto a tu cuerpo.
Asentí, volviendo a besarlo.
—Te amo.
—Y yo a ti.
—Salió de mí con suavidad—.
Voy a ocuparme del condón.
Fue al baño y volvió con un paño húmedo y tibio, que me colocó entre las piernas.
Suspiré, cerrando los ojos mientras el calor aliviaba mis molestias.
—Vale, nena, vamos a tomarnos un descanso.
Termino de cocinar y luego retomamos el sexo.
—Sonrió—.
Tu cuerpo necesita tiempo para acostumbrarse.
—Vale.
Nos aseamos, nos vestimos y bajamos a cenar.
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