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Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 144

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144: CAPÍTULO 144 144: CAPÍTULO 144 Stoney
El domingo por la noche, llevé a Sabrina y a Felix a cenar a casa de sus padres.

Felix y yo teníamos un plan, pero me temía que lo fuera a estropear porque no paraba de saltar y de abrazar a Sabrina una y otra vez.

Sabía que ella sospechaba que algo pasaba, pero, por Dios, esperaba que no supiera el qué.

Llegamos a casa de los Morettis y Sabrina se bajó del coche justo cuando Felix se desabrochó el cinturón y abrió su puerta.

—Campeón, tienes que esperar a que uno de nosotros te diga que puedes salir —le advertí.

Volvió a sentar el culo en su elevador, y yo abrí el maletero y salí.

Sabrina sacó a Felix y yo le di una bolsa para que la llevara, luego entramos en la casa y nos recibieron los padres de Sabrina.

Su mejor amiga, Viviana, salió de detrás de una esquina.

—Hola, cariño.

Sabrina se quedó boquiabierta.

—¿Vivi, qué haces aquí?

Viviana la abrazó.

—Es una ocasión especial.

Sabrina enarcó una ceja en mi dirección.

—¿Ah, sí?

Felix se arrodilló y me hizo un gesto para que me acercara.

—Papá, vamos.

Sonreí, saqué el anillo de compromiso del bolsillo y me arrodillé junto a mi hijo.

—Sabrina….

—¿Quieres casarte con nosotros?

—preguntó Felix.

Se llevó las manos a la boca mientras asentía.

—¡Sí!

Me reí entre dientes, le di el anillo a Felix, que se lo deslizó en el dedo, y luego se levantó de un salto y la abrazó.

Sabrina lo rodeó con sus brazos y lo apretó, y yo los atraje a ambos hacia mí, abrazando con fuerza a mi familia.

—Esta noche es nuestra fiesta de compromiso —dije una vez que todos nos abrazaron y Felix corrió a la cocina para ayudar a glasear el pastel.

—¿Y si hubiera dicho que no?

—susurró ella.

—Entonces habría sido una fiesta de consolación.

Ella se rio.

—Parece que lo tenías todo planeado.

—Tenía todos los escenarios cubiertos —admití.

Se quedó mirando el anillo.

—¿Sabías que este es el anillo de mis sueños?

Una alianza de diamantes en halo con engaste francés y un diamante de un quilate en el centro encajaba en su mano como si estuviera hecho para ella.

También había comprado la alianza de boda de diamantes a juego, pero eso lo descubriría en el altar.

—Puede que Viviana lo mencionara.

—¿Metiste a Vivi en esto?

—Sí, nena, es tu chica.

Sabía que ella sabría exactamente lo que querías.

Sabrina me rodeó el cuello con los brazos.

—Te quiero más de lo que jamás sabrás.

Me incliné para besarla.

—Igualmente, nena.

—Gracias.

—De nada.

—Le besé la nariz—.

Sundance quiere una fiesta en el club.

Tú le dices cuándo.

—Vale.

Suena bien —dijo, pero no parecía convencida.

—¿Qué?

—¿Estamos a salvo?

—Sí, Breezy, estamos a salvo.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque, lo creas o no, tu hermano y yo lo tenemos controlado.

La información que reunió María es oro puro.

No ha revelado lo que todo eso significa, pero, al parecer, tu hermana era un genio.

—Es que no puedo creer que se dedicara a espiar por su cuenta —exhaló—.

¿Te ha dado Luca alguna pista?

—María le dejó un mensaje encriptado en un pendrive escondido en una especie de caja rompecabezas.

—Oh, Dios mío, le encantaban esas cosas.

Tenía como diez.

Las coleccionaba.

Ella y Luca siempre hacían pequeños concursos para ver quién las abría primero.

Solo hubo una en la que él la superó.

—Era la que estaba en la caja de madera.

—Guau —susurró—.

¿Sabes lo que decía el mensaje?

Negué con la cabeza.

—No del todo.

Pero tu hermano te lo dirá cuando esté listo.

Lo sabes.

—Sí, es verdad.

—Me acarició la barba—.

¿Pero estamos bien?

—Estamos jodidamente bien, nena.

Te lo prometo.

Finalmente me dedicó una sonrisa sincera y la besé, y luego nos reunimos con su familia.

* * *
Sabrina
El sábado por la noche, una semana después de nuestro compromiso, se había planeado una noche familiar en el club y habíamos decidido quedarnos a dormir.

Felix no cabía en sí de la emoción y apenas había dormido la noche anterior.

—¡Fox!

—grité escaleras arriba—.

¿Has hecho la maleta?

—Le estoy ayudando —respondió Stoney—.

Bajamos enseguida.

Metí unos aperitivos en una bolsa de la compra y luego cogí el vino y la cerveza que había comprado para la fiesta.

—¿Qué tal estoy?

—preguntó Felix, poniéndose recto y apoyando las manos en las caderas.

Llevaba unos vaqueros oscuros, una camiseta de manga larga y un diminuto chaleco de cuero que le hacía parecer el motero bebé más adorable del mundo.

—Oh, Dios mío, estás increíble.

—Papá ha dicho que me pondrán un parche en el chaleco.

—Estoy deseando verlo terminado.

—Me incliné y le ahuequé la cara—.

Pero tienes que prometerme que nunca montarás en moto.

—Sabrina —amonestó Stoney.

—¿Qué?

—le reté—.

Tampoco es que me entusiasme que tú montes en moto.

—Hablaremos de esto más tarde —advirtió él.

—Yo….

—Nena, ya hablaremos de eso más tarde —insistió.

Arrugué la nariz, pero dejé el tema y ayudé a Felix con sus flamantes botas de motero mientras Stoney cargaba todo en el coche.

Condujimos hasta el complejo en silencio.

Yo estaba molesta porque me habían mandado callar, y Stoney estaba obviamente molesto por el hecho de que yo prefiriera que todos sus huesos estuvieran intactos y su cerebro dentro de su cráneo.

Esta opinión, obviamente, me convertía en un monstruo o, como él decía, en la «jefa de la patrulla de seguridad».

Al menos era jefa de algo en esta relación.

Aparcamos delante de la cabaña y dejé que Felix corriera adentro antes que nosotros mientras yo iba a la parte de atrás del coche para ayudar a Stoney con todas nuestras cosas.

—Tienes que guardarte esos comentarios, Sabrina —ordenó.

—No tengo por qué hacer nada.

—Nena, soy el capitán de carretera de un club de moteros.

Monto en moto —dijo, sacando las bolsas del maletero—.

Eso no va a cambiar.

—Eso no significa que tenga que gustarme.

—Claro que significa que tiene que gustarte.

—Acabamos de encontrarte, Noah.

La idea de perderte me vuelve loca.

Volvió a meter las bolsas en el maletero y se encaró conmigo, ahuecándome las mejillas.

—Escúchame.

No vas a perderme.

Soy un buen piloto.

Mejor que la mayoría.

Por eso Sundance me nombró capitán de carretera.

Siempre tengo cuidado.

Estoy siempre alerta, y no monto si las condiciones son malas.

Nunca me arriesgaré con mi vida…

ni con la tuya.

Apoyé la cara en su pecho.

—Casco integral en todo momento.

—Nena….

—Como jefa de tu patrulla de seguridad, no es negociable.

—Lo miré a los ojos—.

Por favor, cariño, me gusta tu cara tal y como es.

También me encantan nuestras bromas ingeniosas, que podrían desaparecer si tu cerebro acaba desparramado por la carretera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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