Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 15
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15: CAPÍTULO 15 15: CAPÍTULO 15 Raquel
Dos días después, ya habíamos reservado los vuelos de vuelta a casa para el día siguiente, así que decidí hacer una colada de última hora.
Estaba pasándola de la lavadora a la secadora justo cuando oí la voz grave y estentórea de mi papá.
—Raquel Susan Brooks, ¿dónde demonios estás?
—Se ha adelantado —dijo Tristán, asomándose al cuarto de la lavadora—.
Lo siento, hermanita.
Papá está de camino.
CorBran también vienen.
—¿Y mamá?
—pregunté.
—Tu mamá está en casa de tu tía por unos días.
—Así que no hay ningún amortiguador —refunfuñé.
—Lo siento, pero no lo siento.
—¿En serio, Tristán?
Me las pagarás —lo amenacé.
Mi hermano sonrió y se alejó como respuesta.
—Y es BranWin, no CorBran —corregí.
—¡Raquel!
—bramó papá de nuevo.
—Estoy aquí, papá —dije, y salí al gran salón para caer directamente en sus brazos.
—¿Vuelves a casa y no llamas?
¿A qué se debe eso, Garbanzo?
—Lo siento.
Han sido un par de días de locos.
Brando se abalanzó sobre mí, levantándome del suelo.
—¡Dios mío!
—chillé—.
¿Has vuelto a crecer?
Madre mía, estás más alto cada vez que te veo.
¿Y por qué no has contestado a mis mensajes?
Brando se rio, volviendo a ponerme en el suelo.
—Porque no soy una niña de doce años.
Corwin me dio un abrazo más recatado.
—Hola, hermanita.
—Hola, Winnie.
Parece que te estás poniendo cachas.
Sonrió, flexionando un bíceps.
—En ello estoy.
—Raquel, ¿has visto mi…?
—Orion se detuvo a media frase al entrar en la habitación.
Me aparté de mi hermano y sonreí.
—Papá, BranWin, este es Orion.
Orion, este es mi papá y mis hermanos Brando y Corwin.
Mi papá enarcó una ceja antes de volverse hacia Orion y estrecharle la mano.
—¿Cerveza?
—le preguntó Tristán a papá, ofreciéndole una botella.
—Gracias —dijo él, aceptando la cerveza, pero sin dejar de estudiarme.
—Orion y yo somos algo —dije.
—¿Algo?
—dijeron papá y Orion al unísono.
—Creo que tú y yo tenemos que hablar —dijo papá, y yo suspiré.
—Podéis usar mi despacho —ofreció Tristán.
—De acuerdo —dije, y me dirigí por el pasillo.
Miré hacia atrás a Orion, esperando que me dejara a solas por el momento.
Se cruzó de brazos y nos vio alejarnos, pero no hizo ningún movimiento para seguirnos.
Papá entró detrás de mí y cerró la puerta, señalando un asiento junto al escritorio de Tristán.
Me senté y él ocupó la silla de enfrente, dejó la cerveza en el escritorio y se inclinó hacia delante, apoyando los codos en las rodillas.
Era su postura de «tengo que hablar contigo muy seriamente».
Y de repente volví a sentirme como una niña.
—¿Qué es eso de que tienes suficientes en dos de tus asignaturas?
—preguntó.
Me obligué a no reaccionar, pero estaba enfadada y nerviosa al mismo tiempo.
—Aún no tengo las notas finales, así que subirán.
—¿Y quién es ese personaje de Orion?
Me mordí el labio.
—Creo que es muy posible que sea el amor de mi vida.
Papá se recostó con un suspiro.
—Ya veo.
Bajé la vista hacia mis manos, incapaz de mirar la decepción en los ojos de mi padre.
—Por eso estás suspendiendo.
—No estoy suspendiendo —repliqué.
Él enarcó una ceja.
—No lo estoy —dije—.
Y no tiene nada que ver con Orion.
Tiene más que ver con el hecho de que se me dan fatal las ciencias.
—Un semestre más —dijo—.
Si no subes las notas, te corto el grifo.
Económicamente hablando…
A ti nunca te desconectaría.
No pude evitar un gemido.
Mi papá era un completo bobalicón.
—Puedes hacerlo, garbanzo —me animó.
—Voy a intentarlo —dije, encontrándome por fin con su mirada de nuevo—.
Ya he conseguido un tutor.
—Esa es mi chica.
—Aunque, ¿de verdad tenías que venir hasta aquí para echarme la bronca?
—No te he echado la bronca, Raquel.
Si te echo una bronca, te enterarás.
Puse los ojos en blanco.
—Bueno, eso es verdad.
Él sonrió.
—Vamos, garbanzo.
Necesito interrogar a tu joven.
—No.
De ninguna manera.
Se puso de pie, cogió la cerveza del escritorio y salió.
—¡Papá!
—gruñí, siguiéndolo y chocando contra el muro de ladrillos que era Orion.
—Te tengo —dijo con una risita.
Me agarré a su chaleco.
—¿Dónde está mi papá?
—No sé.
Estaba meando.
—Gracias por la información.
Él sonrió.
—¿Estás bien?
Suspiré.
—Sí.
La verdad es que se lo ha tomado bastante bien.
Tengo un semestre más para subir las notas antes de que me corte el grifo.
Orion arqueó las cejas.
—Vaya.
Asentí.
—Aunque quiere interrogarte sin piedad.
—Vamos.
—No tenemos por qué.
Podemos volver a mi habitación y hacer otras cosas.
—No voy a esconderme de tu padre como una nenaza.
Me agarré a su chaleco.
—No pensaría mal de ti si lo hicieras.
Él ladeó la cabeza.
—Yo sí me tendría en menos.
Vamos, Frazzle, demos la cara.
—¿Por qué no podría haberme enamorado de un hombre que hiciera lo que le digo?
Orion se rio y me tomó de la mano, arrastrándome de vuelta al gran salón.
* * *
—Ya hemos llegado, nena —susurró Orion, besándome con suavidad.
Parpadeé para abrir los ojos y sonreí.
—¿Cómo no me he dado cuenta?
—No eres una persona mañanera, así que el vuelo casi te mata.
Me reí entre dientes.
—Puede que sea un poco melodramático.
—Creo que acabo de citarte con cariño y precisión —dijo, desabrochándome el cinturón de seguridad.
Moisés nos había recogido en el aeropuerto y nos había traído de vuelta a la cabaña, pero ahora no se le veía por ninguna parte.
—¿Dónde está Moisés?
—Tenía «mierdas que hacer» —dijo Orion—.
¿Quieres que te lleve dentro en brazos?
—Oh, Dios mío, hombre loco, ni de coña.
Él sonrió y retrocedió para que pudiera bajar de la camioneta.
—¿Te parece bien quedarte aquí esta noche?
—preguntó—.
Puedo llevarte a casa mañana.
—Mañana tengo clase.
—Puedo dejarte en la facultad y luego recogerte.
—La última vez que me quedé aquí una noche entre semana no salió bien —señalé.
Él sonrió.
—Me aseguraré de que no bebas mucho y pondré la alarma.
Asentí.
—Vale.
—¿Sí?
—Sí.
—Voy a follarte —advirtió.
—Sí, ya me había dado cuenta de eso.
—Le sonreí—.
Voy con todo, cariño.
—Bien.
—Tomando mi mano, la elevó a sus labios y besó la palma—.
Vamos.
Busquemos algo de comer.
—Me muero por un café.
—También tomaremos café.
Lo seguí adentro y nos encontramos el gran salón abarrotado.
—¡Orion, hijo mío!
—bramó un motero corpulento y barbudo, trotando hacia nosotros—.
¿Qué tal el viaje?
—Ha ido bien, Wrath —dijo—.
Nos hemos encargado de la amenaza.
Wrath apretó el hombro de Orion.
—La próxima vez que te largues sin avisar, voy a reventarte la puta cabeza.
—Entendido.
Lo siento, hermano.
—¿Ori?
—llamó Sundance desde la entrada de uno de los pasillos—.
¿Un momento?
Orion le hizo un gesto con la barbilla.
—Ahora mismo voy.
—Se volvió hacia mí y sonrió—.
Vuelvo enseguida.
Ponte cómoda.
Asentí.
—Solo recuérdame dónde está la cocina y prepararé café.
Señaló a mi derecha.
—Por esa puerta.
Me dirigí a la cocina mientras Orion iba a hablar con su padre.
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