Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 164
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- Capítulo 164 - 164 CAPÍTULO 164
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164: CAPÍTULO 164 164: CAPÍTULO 164 Violet
—Violet, tenemos que irnos —bramó Aero desde el pasillo.
Solté un gruñido de frustración y me incliné para mirarme más de cerca en el espejo, arrancándome un pelo rebelde de la ceja.
—¡Nena!
—¡Estaré lista cuando esté jodidamente lista!
—gruñí.
—Me gustan mucho tus cejas tal y como están, preciosa.
Si sigues depilándotelas, acabarás pareciendo una versión noventera de Rhianna.
Le dediqué una mala cara en el espejo.
—Deja que yo me preocupe por mis cejas a lo Rhianna.
Sonrió y tiró de la parte de atrás de mi camiseta.
—¿Por qué estás tan agobiada?
—¿En serio me lo preguntas?
—Sí.
Soy yo el que tiene que mantener el tipo.
—Pues espero conseguir que no tengas que hacerlo.
—¿Pero qué coño?
—siseó él.
Me encaré con él.
—No deberías tener que…
—Te lo juro por Cristo, Violet, como le digas algo a alguien sobre esto, tú y yo vamos a tener un problema.
Fruncí el ceño.
—¿Por qué?
—Porque no es asunto tuyo y lo sabes de puta madre.
—Si mi familia le da una paliza mortal a mi hombre, por supuesto que es de mi puta incumbencia —gruñí.
Me sujetó la cara y se inclinó hacia mí.
—Tienes que dejarlo.
Y cuando digo que tienes que dejarlo, quiero decir que no volverás a mencionárselo a nadie que no sea yo.
—No puedo…
—Necesito que me escuches y aceptes mantener la boca cerrada, Letti.
Si no puedo confiarte esto, entonces no puedo confiarte nada.
Sentí como si me hubiera golpeado.
—¿Qué?
—Me has oído.
—¿Me estás amenazando?
—¿Me estás jodiendo?
—masculló—.
Jamás te haría daño.
—Con romper conmigo —aclaré.
Sabía que él nunca me haría daño.
Nunca le haría daño a nadie que le importara.
—Si te callas, no hay problema.
—Oh, Dios mío —susurré.
—Vi…
—No.
—Lo aparté de un empujón—.
Me voy a casa.
—Nen…
—He dicho que no.
—Salí furiosa de su baño y cogí mi bolso de la cama—.
Necesito un respiro.
—Es la noche familiar.
—Claro que lo es —asentí, y me dirigí a la puerta de entrada.
—¿Vas a faltar a la noche familiar?
—¿Tú vas a ir?
—Sí —dijo él.
—Entonces, sí, voy a faltar a la noche familiar —repliqué y abrí la puerta.
La cerró de un portazo antes de que pudiera salir.
—No te vas hasta que solucionemos esto —advirtió.
—Déjame ir, Jasper.
—Tenemos que hablar de esto.
—No quiero hablar de esto —siseé—.
Suéltame.
—Así no es como hacemos las cosas, Violet.
Lo hablamos hasta resolverlo.
—Pues yo no quiero resolverlo hablando.
Quiero irme.
Quitó la mano de la puerta, y yo la abrí para escapar.
Más o menos.
Aun así, me siguió hasta el coche y esperó a que me metiera y me fuera para volver a su apartamento, pero decidí ignorar su caballerosidad porque había sido un completo gilipollas cinco minutos antes.
Tras aparcar en la entrada de mi casa, entré y subí directamente a mi habitación.
Tuve unos cuatro minutos a solas antes de que Drake llamara a mi puerta y entrara.
—¿Vienes conmigo?
—No voy a ir —dije, sentándome en mi sillón mullido y abriendo el portátil.
Frunció el ceño, apoyado en el marco de mi puerta.
—Te encanta la noche familiar.
¿Estás enferma?
—Nop.
—¿Dónde está Aero?
—En su casa, supongo.
—¿Estáis peleados?
Lo miré a los ojos por encima de la pantalla del portátil.
—Estoy bien.
Ve sin mí.
—¿Papá sabe que no vas?
—Seguro que se dará cuenta.
—Bueno, entonces me quedo.
—Drake —resoplé—.
No tienes que hacer de niñera.
Estoy bien.
—Sí, bueno, hasta que no lo oiga de Papá, no me muevo de aquí.
Oí el rugido de una moto y enarqué una ceja.
—Parece que sabremos de él en un minuto.
Se apartó de la puerta asintiendo.
—Cierra la puerta, por favor —dije, y volví a concentrarme en el portátil.
Unos minutos más tarde, oí el pitido de la alarma y estuve un rato escuchando para ver si alguien venía a buscarme.
Nadie lo hizo, así que solté un suspiro de alivio.
Parecía que tenía la casa para mí sola y decidí que procedía tomar una copa, o una botella, de vino.
Dejando el portátil a un lado, me quité los zapatos de una patada y bajé las escaleras.
La casa estaba inquietantemente silenciosa mientras cogía una botella de tinto del botellero y agarraba el sacacorchos.
—Hola, nena —dijo Aero, y yo grité, lanzándole el sacacorchos y acertándole en el pecho.
—¡Joder!
—siseó él, frotándose el pecho.
—¿Qué demonios haces aquí?
—espeté.
Estaba de pie en el salón, con un aspecto delicioso y sexi.
—Sigo a cargo de ti, quieras o no.
—Deberías haber llamado a Scrappy —dije—.
O al menos haberme avisado de que venías.
Se encogió de hombros.
—Querías un respiro.
—Sí, de ti.
—Un respiro significa que te vas a tu cuarto.
Solté un chillido de frustración.
—Ahora solo estás siendo un gilipollas.
Sonrió lentamente.
—Si quieres un respiro, nena, lo tendrás conmigo cerca.
—No quiero hablar contigo.
—¿Acaso he dicho que tengas que hablarme?
—Bien —espeté, cogiendo una copa de vino y llenándola hasta el borde.
—Estás preciosa cuando te cabreas.
¿Lo sabías?
Bebí un sorbo de vino.
—Te estoy ignorando.
Se acercó a la isla de la cocina y se inclinó sobre ella.
—Te quiero.
Puse los ojos en blanco y le di la espalda.
Sobre todo, porque si seguía mirándole a sus preciosos ojos, me derrumbaría y me arrodillaría ante él, suplicando por su polla.
Al oír el crujido de su cuero, cerré los ojos y respiré hondo.
—Te quiero —susurró.
—Para ya —gruñí, manteniendo los ojos cerrados.
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