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Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 170

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170: CAPÍTULO 170 170: CAPÍTULO 170 Aero
Dos días después, me desperté, con el cuerpo dolorido y magullado, sintiéndome mejor de lo que me había sentido en años.

Me di la vuelta para besar a Violet, pero mis labios se encontraron con su almohada.

—¿Letti?

—la llamé, pero no obtuve respuesta, así que aparté las sábanas de un tirón y me senté, frotándome los ojos para quitarme el sueño y haciendo una mueca por el dolor que me causaron los nudillos al rozar el moratón.

Entré en el baño y me eché agua fría en la cara, y luego fui a buscar a mi mujer.

Sonreí.

Estaba de pie en medio de mi diminuta cocina, leyendo las instrucciones del reverso de una caja de salchichas congeladas, con cara de total confusión y jodidamente preciosa.

—¿Cariño?

Levantó la vista con un leve jadeo y frunció el ceño.

—¿Te has levantado pronto?

¿Te duele algo?

—Estoy bien.

—Me crucé de brazos y señalé la caja con la cabeza—.

¿Qué haces?

—Iba a darte una sorpresa con el desayuno en la cama.

—¿Cuánto tiempo llevas mirando el reverso de esa caja?

—Demasiado, joder.

—Suspiró—.

Odio cocinar.

—Abrió el congelador y tiró la caja de nuevo dentro, cerró la puerta y me miró con el ceño fruncido—.

Lo siento, cariño.

Soy un desastre para todo lo doméstico.

Me reí entre dientes, caminando hacia ella e inclinándome para besarla suavemente.

—Me importa una mierda si no sabes cocinar, cariño.

Te acepto tal y como eres.

Me acarició la mejilla, estudiándome.

—Deja que te traiga un poco de hielo para los moratones.

—Estoy bien, Letti.

Yo prepararé el desayuno.

—Salchichas no —dijo ella, y yo me reí.

—Vale, cari… —Mi móvil vibró en la encimera y miré hacia abajo para ver un número oculto.

Lo ignoré.

Pero volvió a sonar a los pocos segundos, así que lo cogí y espeté—: Aero.

—Tío, soy…
—No —gruñí—.

Bloqueé tu puto número por una razón.

—No cuelgues —dijo Harmon—.

Tu madre…
—Mi madre no es tu puto problema.

—Está enferma, Jasper —espetó Harmon—.

Lo que hagas con esa información es cosa tuya.

El teléfono se cortó y de repente no podía respirar.

Los brazos de Violet me rodearon y me encontré apoyado en ella.

—¿Qué ha pasado?

—preguntó.

Antes de que pudiera responder, mi móvil volvió a vibrar, pero esta vez, fue el nombre de Hatch el que apareció en la pantalla.

—Hatch.

—Eh, hermano.

Tienes que volver a casa.

—¿Qué le pasa a mi madre?

—No estoy seguro.

Se desmayó en el trabajo.

Me llamaron hace solo unos minutos.

Está en la UCI en el Legacy.

—¡Joder!

—Coge un avión.

Yo te recogeré y te llevaré.

Puedes quedarte con nosotros mientras estés aquí.

—Sí.

Ah.

Vale.

Te escribo.

—Vale.

Te cubro las espaldas, hermano.

—Gracias —dije con voz ronca, colgando y abrazando a Violet con fuerza.

Aferrándome a ella para no desplomarme en el suelo hecho un mar de emociones.

—Estoy contigo, cariño —susurró, besándome el pecho.

—Tengo que…
—Lo sé.

Lo he oído.

Voy a comprar los vuelos.

—No puedes venir conmigo.

—Intenta detenerme —me retó.

—Tienes clases y trabajo.

—Que seguirán aquí cuando volvamos —replicó ella—.

Voy contigo, Jasper.

Tú haz la maleta mientras yo reservo los vuelos.

Tendré que pasar por casa a coger algunas cosas, pero cogeremos el primer vuelo que salga.

—Dame un segundo —exigí, apretándola con más fuerza.

Suspiró, fundiéndose en mí y abrazándome con fuerza.

* * *
Violet encontró un vuelo nocturno desde Denver, lo que significaba una hora de coche hasta el aeropuerto, pero todos los vuelos desde Colorado Springs tenían escala, así que llegaríamos a Portland horas más tarde que si conducíamos hasta Denver y volábamos directamente.

También consiguió los vuelos a mitad de precio, teniendo en cuenta que era una emergencia, lo que significaba que no tendría que vaciar mi cuenta bancaria por completo.

Me sorprendió un poco encontrar a Sundance esperándonos en casa.

Al parecer, iba a llevarnos al aeropuerto y al día siguiente se ocuparía de los negocios de cannabis.

El club tenía varias tiendas en Denver, así que dijo que era una buena excusa para «ocuparse de sus mierdas».

La verdad es que no me importaba.

Simplemente me alegré de no tener que conducir en mi estado de agitación.

No tenía ningún deseo ni intención de poner a Violet en peligro, y que yo condujera en ese momento no sería una buena idea.

Violet iba de copiloto mientras yo me sentaba en silencio detrás de ella.

Sundance tenía una enorme camioneta Ford, lo que significaba que podía viajar cómodamente en la segunda cabina con nuestras maletas.

Nadie habló hasta que estuvimos cerca del aeropuerto y Letti le dio a Sundance la información de la terminal.

Mi presidente detuvo la camioneta en la acera de salidas y se bajó, cogiendo una maleta mientras yo hacía lo mismo y me reunía con Violet en la acera.

—Haz lo que tengas que hacer —dijo, posando una mano fornida en mi hombro—.

Si necesitas algo, no lo dudes.

Si necesitas que vaya para allá, dímelo.

Siempre me viene bien una excusa para visitar Portland.

Asentí, todavía incapaz de encontrar mi voz.

Violet abrazó a su padre y él le besó la coronilla, luego se subió a su camioneta y se marchó.

—¿Listo?

—preguntó.

Negué con la cabeza y ella me sonrió con dulzura—.

Estoy contigo, cariño.

Lo que necesites.

Asentí, acariciándole la mejilla, y luego entramos y fuimos directos al control de seguridad.

No había mucha gente, así que pasamos la cola con relativa rapidez y subimos al avión casi de inmediato.

Coloqué nuestras maletas en un compartimento superior, luego me senté junto a la ventanilla y levanté el reposabrazos para poder rodear a Violet con mi brazo y tenerla cerca.

En realidad, quería sentarla en mi regazo y hundirme en ella, pero los cinturones de seguridad lo hacían imposible.

Una vez que el avión estuvo en el aire, empecé a relajarme un poco.

Puede que en parte también tuviera que ver con el hecho de que Violet me pasó el brazo por la cintura y se quedó dormida sobre mí.

No había nada mejor que su cuerpo presionado contra el mío, saber que estaba a salvo, saber que era mía.

Mis pensamientos se desviaron hacia mi madre y qué nuevo infierno estaría viviendo.

Había sido un gilipollas y había tenido que vivir con el hecho de que solo la llamaba una vez al mes porque, al final, ella querría hablar de Stella, y yo no podía soportar la tristeza.

Ni la suya ni la mía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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