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Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 172

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  3. Capítulo 172 - 172 CAPÍTULO 172
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172: CAPÍTULO 172 172: CAPÍTULO 172 Tardé unos minutos en encontrar un baño antes de dirigirme a la sala de espera, y al entrar me encontré a Hatch y a un chico de mi edad enzarzados en una acalorada discusión.

—Te advertí que esto pasaría —dijo Hatch—.

Sabías que él estaría aquí hoy.

¿Qué coño te creías que hacías viniendo?

—No quería que estuviera sola.

—¡Pura mierda!

—espetó Hatch—.

Querías joder a Jasper.

Te cubro las espaldas, Harmon, pero sabes que es como un hijo para mí.

Te ganará cada puta vez.

Así que este era Harmon.

Parecía destrozado por la afirmación de Hatch, y se me encogió el corazón por él.

Me mordí el labio y me quedé en silencio, pero su mirada se cruzó con la mía, lo que hizo que Hatch se girara para mirarme.

—¿Ha vuelto con su madre?

—preguntó Hatch.

Asentí.

—Harmon ya se iba —insistió Hatch, volviendo a centrarse en él.

—Claro —asintió Harmon—.

Dile a Marlene que pasaré a verla…
—Cuando Jasper haya vuelto a Colorado —dijo Hatch.

—No.

—Harmon, joder, no le busques las cosquillas a la bestia.

Es miembro de un club del uno por ciento.

Te crees muy duro.

Te dejará hecho un vegetal en menos de un minuto si lo provocas.

—Y lo haría —intervine—.

Aguantó más de veinte golpes en su iniciación y ni aun así se fue al suelo.

Fue el presidente quien paró la pelea.

—No puedo dejarla así, Hatch —dijo Harmon con voz ronca.

—Tienes que hacerlo.

Harmon se pasó las manos por la cara.

—Te mantendré al tanto —le prometió Hatch—.

Solo dale espacio a Jasper, colega.

Confía en mí.

Tras unos segundos de tensión, Harmon asintió, se dio la vuelta y se marchó, y noté cómo me relajaba.

No me había dado cuenta de lo nerviosa que había estado hasta que se fue.

—¿Más de veinte golpes?

—preguntó Hatch, distrayéndome mientras veía a Harmon alejarse.

—Sí —dije—.

Papá lo paró antes de tiempo, y me alegro de que lo hiciera.

El parricidio está mal visto por la sociedad y habría tenido que asesinarlo si Aero hubiera acabado más herido.

Hatch se rio por lo bajo.

—Siempre has sido una fiera, cariño.

Es una de las cosas que más me gustan de ti.

Sonreí.

—Gracias.

Me indicó una silla con un gesto y nos sentamos frente a frente.

—¿Qué tal los estudios?

—preguntó.

—Pues los estudios —repliqué—.

Pero ya casi he terminado y tengo un trabajo esperándome en el zoo.

No haré nada muy diferente de lo que hago ahora, solo que me pagarán más.

Me ofrecen unas condiciones muy buenas para que me quede.

—Obviamente reconocen tu talento.

—Es solo que me encantan los animales —rebatí yo.

Él sonrió.

—Se nota.

Durante la hora siguiente, Hatch consiguió distraerme del estrés de esperar a Aero.

No le preguntamos a la enfermera ni intentamos averiguar qué ocurría, simplemente esperamos.

Fue una tortura.

—No tienes por qué quedarte conmigo, Hatch —dije—.

Sé que tienes cosas que hacer.

—Lo único en mi agenda para hoy eres tú, nena.

Maisie está con los niños y mis hermanos se encargan del club.

Contuve las lágrimas y asentí.

—¿Tienes hambre?

—preguntó, y yo respiré hondo.

—Muerta de hambre.

—Bajo un momento a buscarnos algo de comer, ¿vale?

Asentí.

—Sería genial.

—¿Qué quieres?

Le recité mi pedido, luego le dije lo que creía que querría Aero, y él me dio un beso en la coronilla y se marchó, dejándome sola para que intentara recomponerme mientras el agotamiento y la tristeza me abrumaban.

—¿Letti?

Levanté la cabeza al oír la voz de Aero y, al instante, me puse de pie y me eché en sus brazos, rompiendo a llorar.

—Tranquila, nena, estoy aquí —susurró, abrazándome con fuerza.

—Lo siento.

Se supone que tengo que ser tu pilar y ahora mismo no puedo evitar derrumbarme.

—Tú eres mi pilar, nena, y estás agotada.

Tienes todo el derecho a derrumbarte ahora mismo.

Respiré hondo y lo miré a los ojos.

—¿Cómo está tu madre?

—Está despierta, pero aturdida.

Ha sufrido un ictus, pero lo han detectado a tiempo, así que no tendrá secuelas permanentes.

—Eso es genial.

—Todavía le cuesta un poco hablar.

Me voy a quedar, ¿de acuerdo?

—Sí, por supuesto, cariño.

Lo que necesites.

—Le rodeé la cintura con las manos—.

Hatch ha ido a buscarnos algo de comer.

Cogeré nuestras cosas y esperaré en la sala de espera.

—Deberías irte con él —replicó—.

Échate una siesta, dúchate, recarga pilas.

—No quiero dejarte solo.

—Y yo no quiero que te desplomes del cansancio que tienes.

Podemos quedar luego para cenar.

—¿Y tú qué?

—Yo necesito la mitad de sueño que tú.

Hay un sillón grande ahí dentro, así que, si lo necesito, puedo acurrucarme en él.

Antes de que pudiera responder, Hatch regresó con los brazos cargados de comida.

—¿Has dejado algo en la cafetería?

—pregunté, y él sonrió.

—La verdad es que no mucho.

—Saludó a Aero con un gesto de la barbilla—.

¿Cómo está tu madre?

—Estaba despierta, pero aturdida.

Se acaba de quedar dormida, así que he pensado en salir a poneros al día.

—Bien —dijo Hatch, dándole una bolsa de comida.

—Había pensado en quedarme.

¿Te importa llevar a Letti a casa para que descanse?

—Claro que no —dijo.

—Había pensado que nos viéramos luego para cenar.

—Me parece bien —dijo Hatch—.

Llámame si necesitas algo o si quieres marcharte antes.

Él asintió y yo lo rodeé con mis brazos.

—¿Estás seguro?

—Sí, nena.

Estoy bien.

Te llamaré si cambia algo.

Cerré los ojos con fuerza.

—Vale.

Me besó con ternura y luego volvió con su madre.

—Vamos, cariño.

Maisie se ocupará de ti en casa —dijo Hatch.

Asentí y lo seguí hasta el coche.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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