Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 190
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—Buenos días, Letti —dijo Al, asomando la cabeza en el criadero—.
Has llegado temprano.
Sonreí.
—Buenos días.
Sí, había muy poco tráfico.
—¿Tienes un minuto para charlar?
—Sí, claro —dije, dejando a un lado mis notas después de visitar a Ellie y su nueva cría, Quincy.
Me quité los guantes y los tiré, lavándome las manos temblorosas antes de seguir a Al a su despacho.
Sentí que el corazón se me aceleraba mientras caminaba por el pasillo.
Había pasado poco más de una semana desde el «incidente», como había decidido llamarlo.
Joe había renunciado al día siguiente, así que el lunes volví al trabajo y me encontré con un nuevo guardia de seguridad y luciendo un precioso anillo de compromiso.
No es que pudiera llevarlo en el dedo, pero lo llevaba en una cadena alrededor del cuello durante el trabajo y luego me lo ponía al final del día.
Era la perfección.
Un diamante de un quilate en forma de pera en un halo con doce diamantes rodeándolo.
Aero y yo habíamos seleccionado seis casas que queríamos ver durante el fin de semana, así que había empezado a relajarme.
Error de novata.
Probablemente Al tenía a los policías esperando en su despacho, listos para ponerme las esposas o torturarme para sacarme información sobre el club.
Joder, si me hacían sentarme bajo una luz brillante, cantaría como un canario.
No estaba hecha para los interrogatorios.
Era una mentirosa terrible.
Siempre lo había sido.
Casi me tropecé al cruzar el umbral del despacho de Al y me agarré al marco de la puerta, esperando que no me viera.
El despacho estaba vacío y no vi a nadie de uniforme mientras caminaba por el pasillo, ni siquiera al nuevo guardia de seguridad, así que estaba un poco confundida.
Cerró la puerta tras nosotros e hizo un gesto hacia una silla frente a su escritorio.
—Toma asiento.
—¿Está todo bien?
—pregunté, robóticamente.
En realidad, no estaba escuchando nada de lo que decía porque el zumbido de la culpa me llenaba la cabeza.
—Creo que sí.
—Se sentó y sonrió—.
Como sabes, hemos construido unas instalaciones en Colorado Springs para investigación y desarrollo con el fin de concienciar sobre algunos de nuestros animales en mayor peligro de extinción.
—Ajá —mascullé.
Edificio de investigación.
Centro de rehabilitación.
Letti, espabila.
—Sí.
—Me aclaré la garganta—.
Está casi terminado, ¿verdad?
¿Y vais a hacer rehabilitación allí?
—Sí.
En seis semanas.
—Oh, vaya, qué rápido ha pasado —murmuré.
Sonrió de oreja a oreja.
—A mí se me ha hecho eterno, pero es lo que tiene formar parte de todo el proceso desde el principio.
Solté una risita nerviosa.
—Claro.
Miré hacia la puerta, preparándome mentalmente para que la pasma entrara por ella de golpe.
—Hay un puesto a tiempo completo allí que creo que sería perfecto para ti.
—¿Eh?
—dije, volviendo a centrarme en Al.
—Un puesto.
En el centro de investigación —repitió Al.
—Oh, ¿en serio?
Asintió.
—Sé lo mucho que te gusta el proceso de rehabilitación, y tienes un talento increíble con los animales heridos y enfermos.
Parecen saber que los estás ayudando y eres capaz de mantenerlos en calma.
Es un don poco común.
—Vaya, gracias —dije.
Era un gran elogio viniendo de alguien que amaba a los animales tanto como yo.
Deslizó un papel hacia mí.
—Bueno.
Esta es la descripción del puesto.
El sueldo es un poco más alto, pero no mucho.
Intenté conseguir más, porque creo que te lo mereces, pero no tenemos presupuesto.
Espero que el hecho de que no tengas un largo viaje al trabajo ayude a compensarlo.
Asentí, leyendo la descripción del puesto, esforzándome por no ponerme a saltar y a chillar como una colegiala.
¡Dios mío!
El sueldo era cinco mil más de lo que ganaba, pero el trayecto significaba que estaría en el trabajo en diez minutos en lugar de una hora o más.
Para mí, eso valía un millón de dólares.
—¿Por qué no te tomas un par de días para pensarlo?
—dijo—.
Tómate libre lo que queda de día y mañana, y me dices algo el lunes.
—La verdad es que no necesito pensarlo, Al —dije, mientras mi corazón empezaba a latir a su ritmo normal—.
Me siento halagada de que tengas tanta fe en mí y me encantaría aceptar el trabajo.
Sonrió de oreja a oreja.
—Perfecto.
Prepararé el papeleo.
Ve a vaciar tu taquilla y, para cuando termines, tendré algo para que firmes.
No necesitan que empieces hasta el miércoles, así que descansa un poco y disfruta de tu familia.
Seguro que te mantendrán ocupada por allí.
—Vaya.
Esto es increíble de verdad.
—Le estreché la mano—.
Muchas gracias.
Sonrió.
—Te lo has ganado, Letti.
Te veo en un rato.
Asentí y salí de su despacho, dirigiéndome a las taquillas del personal.
Después de coger una caja y meter todas mis cosas en ella, volví a ver a Al, firmé el papeleo de mi nuevo trabajo, le estreché la mano y me dirigí a mi coche.
Tras dejar mis cosas en el maletero, subí al coche y llamé a Aero mientras salía del aparcamiento.
—Hola, nena, ¿estás bien?
—preguntó, respondiendo al instante.
—Más o menos, me acaban de despedir.
—¿Qué coño?
—bramó.
—Porque me han ofrecido otro trabajo —dije con voz cantarina—.
En Springs.
—¿Cómo dices?
Le puse al día de mi conversación con Al, incluyendo lo nerviosa que estaba mientras caminaba hacia su despacho.
—Dios mío, cariño, estaba segura de que venían a por mí.
—¿Por qué?
No hay pruebas.
—¿Y desde cuándo eso ha detenido a la policía?
—señalé—.
Acuérdate de cómo trataron a Wyatt cuando Teddy fue al club sin avisar a nadie.
La policía la interrogó totalmente sobre papá, diciendo que estaban preocupados por su seguridad.
Y sabes que a mí no se me daría bien un interrogatorio.
Me derrumbaría como un castillo de naipes, y soy demasiado guapa para la cárcel.
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