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Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 195

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195: Capítulo 195 195: Capítulo 195 Unos minutos más tarde, se oyó el chillido de una correa de ventilador a punto de romperse justo antes de que un sedán Kia destartalado de color verde lima entrara en el aparcamiento.

—Joder, joder, joder —masculló Leon por lo bajo.

El coche frenó en seco con un chirrido y, al abrirse la puerta, de él salió la mujer más guapa que había visto en mi vida.

Me quedé sin aliento por un segundo mientras cerraba la puerta de un portazo y avanzaba hacia nosotros antes de quedarse helada.

Eso me dio tiempo a observarla.

Llevaba unos vaqueros pitillo de color azul oscuro y una sudadera roja con capucha y la cremallera un poco bajada que dejaba ver una camiseta escotada debajo.

En los pies calzaba un par de botas go-go rojas de caña baja que parecían sacadas de los años sesenta.

Llevaba el pelo oscuro recogido en una coleta alta, lo que me permitió verle toda su preciosa cara.

Sus ojos almendrados, labios carnosos y un puñado de pecas sobre la nariz hicieron que me dieran ganas de unir los puntos a ver qué salía.

Jesús.

Como no parecía estar reuniendo el valor para acercarse a mí, fui yo hacia ella.

—¿Índigo?

Ella asintió, respiró hondo y se irguió de hombros.

—¿Le has hecho daño a Leo?

—Todavía no.

Entrecerró los ojos, pero esa fue la única señal de que pudiera estar irritada.

—¿Puedo hablar con él, por favor?

—En un minuto.

Sus ojos se encontraron de nuevo con los míos y parecía a la vez aterrorizada y obstinada.

—Me gustaría hablar con Leo ahora.

Si no me lo permites, llamaré a la policía.

Miré por encima del hombro a mis hermanos y sonreí.

—Dice que va a llamar a la policía si no la dejamos hablar con el Gilipollas.

—Pues más vale que la dejes, entonces —replicó Wrath—.

No queremos que llame a la po-li-cíííí-a.

Índigo me fulminó con la mirada; aunque seguía cagada de miedo, estaba dispuesta a ponerse en peligro para llegar hasta Leon.

Mis hermanos se separaron un poco para que Leon y su amigo quedaran a la vista, e Índigo soltó un «Maldita sea» en voz baja.

Enarqueé las cejas y me encaré con los delincuentes.

Leon dio un paso hacia ella, pero Wrath le plantó una mano en el hombro.

—Indy…

—empezó a decir Leon.

—Cállate —gruñó ella, cortando al chaval.

—Fue…

Ella levantó una mano.

—He dicho que te calles, Leo, y lo digo en serio.

—Yo…

—Dios mío, chaval, tienes que cerrar la boca —espetó ella—.

Chucky era intocable.

—¿Chucky?

—pregunté, conteniendo la risa—.

¿Como el puto muñeco?

Oh, mierda.

Eso es incluso mejor que Caraculo.

—Que te jodan —masculló Chucky, y mi VP le dio un capón—.

¡Ay!

—Sube al coche, Leo —ordenó Índigo, y luego se centró en mí—.

Lo siento mucho.

Pagaré cualquier daño que Leon le haya hecho a tu moto.

—¿Mi moto?

Sus mejillas se sonrojaron.

—Sí.

Ah…

tu motocicleta.

—No le ha hecho ningún daño.

—Entonces, nos vamos ya —dijo, soltando un suspiro y asintiendo—.

Leo.

Al coche.

Ahora.

—Sí, eso no va a colar, preciosa —repliqué, y la vi estremecerse.

—Si no ha habido daños, entonces no hay razón para retener a Leo —dijo—.

Nos vamos a ir ya.

—Leon y su amigo no van a ninguna parte.

—Llamaré a la policía a ver qué tienen que decir —amenazó ella.

—La policía no va a hacer una mierda, nena —dije.

Se le endureció el rostro.

—Puedes quedarte con Chucky, pero Leon se viene conmigo.

—¿Ah, sí?

—la desafié.

—Basta, hermano —dijo Sundance.

Suspiré.

Tenía razón, la estaba asustando a propósito y tenía que parar, pero me gustaba que esta mujer no se echara atrás.

Estaba asustada, pero aun así superaba ese miedo para plantarme cara.

—Puedes llevártelo, pero va a tener que enmendarlo.

—¿Y cómo va a hacer eso exactamente?

—preguntó ella, con la expresión suavizándose muy ligeramente.

—Va a venir a trabajar a mi taller.

Tengo un montón de trastos en la parte de atrás que hay que ordenar, y a los baños no les vendría mal un buen fregado.

—¿Qué taller?

—preguntó.

—Potion.

—Joder, sí —siseó Leo.

Ella lo señaló con un dedo.

—En primer lugar, cuida tu lenguaje.

En segundo lugar, esto es un castigo.

No una recompensa.

Leo tuvo el buen juicio de bajar la cabeza con aire contrito, pero lo hizo sonriendo.

—¿Qué clase de taller de coches se llama Potion?

—preguntó Índigo.

—De tatuajes —la corregí, y Leon gimió, poniendo los ojos en blanco ante la ignorancia de ella.

—Supongo que tu salón de tatuajes está en el centro, ¿verdad?

—preguntó.

—¿Salón?

—soltó Rocky con una tos.

Sonreí de lado.

—Estudio, pero sí, estoy en el centro.

—Primero necesito investigar los antecedentes de tu sa…

eh…

estudio.

Me encogí de hombros.

—Adelante.

—Tiene que ir a clase —continuó—.

Esa es la prioridad.

Asentí.

—Sí, si falta a clase, limpiará el cagadero con un cepillo de dientes.

La cara de Leo se contrajo de horror, lo que hizo sonreír ligeramente a Índigo.

Jesús, qué guapa era.

—Si todo está en orden, ¿a qué hora quieres que esté allí mañana?

—preguntó.

Leo se cruzó de brazos.

—Pero tengo…

—Cállate, Leon —dijo ella—.

Estás castigado.

—No puedes castigarme, no eres mi madre.

No se me escapó el instante de dolor que cruzó su rostro, pero lo ocultó rápidamente y volvió a centrarse en mí.

—Olvídalo, puedes quedártelo.

Se dio la vuelta y caminó hacia su coche.

—Joder —siseó Leon, y corrió para alcanzarla—.

¡Espera!

Indy, lo siento.

Índigo no dijo nada mientras se subía al coche y cerraba la puerta de un portazo.

Leon se apresuró a subir a su lado mientras ella arrancaba el motor.

El chillido de la correa del ventilador era más fuerte que antes, y fruncí el ceño.

Alguien de verdad tenía que echarle un vistazo a eso, pero no tuve mucho tiempo para reflexionar sobre ello mientras su coche salía renqueando del aparcamiento y se incorporaba a la calle.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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