Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 284
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Capítulo 284: CAPÍTULO 284
—¿Acabas de llamarme señora, pedazo de mierda? —siseó Dusty, echando el brazo hacia atrás como si se dispusiera a pegarle.
—Vale, ya es suficiente —dije—. Esto es propiedad privada, Healy, así que si no te vas, me veré obligada a llamar a la policía.
—Joder —siseó él—. Está bien. Me iré, pero te advierto que es probable que Rocky aparezca.
—Dile que no se moleste —dije, dando media vuelta y alejándome.
* * *
Dos horas más tarde, Wyatt entró, con Violet y Sierra tras ella.
—Rocky ha enviado a la artillería pesada, ¿eh? —pregunté, recibiéndolas en la puerta.
Violet sonrió. —No tenemos ni idea de lo que hablas. Hemos venido por la tarta.
—Claro —dije inexpresivamente—. ¿Reservado o la barra?
—La barra —dijeron al unísono.
—Sentaos donde queráis. —Se sentaron en la barra y les di las cartas—. ¿Qué os pongo para beber?
—Café, por favor. Con nata y Splenda —dijo Wyatt.
—Lo mismo, pero yo con azúcar —dijo Violet.
—Yo tomaré un té, por favor —dijo Sierra por su parte—. Un English Breakfast, si tienes.
Deslicé el surtido de azúcar y edulcorantes delante de ellas, y luego cogí el café, el té y la nata mientras ojeaban la carta.
—No quiero entrar en todo el asunto de Healy —dije—. Así que, si de verdad estáis aquí para pedir tarta y charlar, me parece perfecto, pero si no es así, por favor, no perdáis el tiempo.
—¿Asunto de Healy? —preguntó Wyatt con falsa inocencia, sin levantar la vista de la carta.
Violet sonrió, tomando un sorbo de su café. —Tomaré una porción de la de frambuesa y mora, con helado.
—¿Caliente?
—¿Acaso un oso caga en el bosque?
Sonreí.
Wyatt cerró la carta. —Yo tomaré la de crema de chocolate. Sola.
—Yo tomaré un trozo de tarta de zanahoria, por favor —dijo Sierra—. Sin helado.
—Enseguida.
Entré en la cocina justo cuando Dusty avanzaba amenazante hacia mí. —No te preocupes, cielo, voy a deshacerme de esas putas moteras. Dame solo cinco minutos.
—Ni se te ocurra —susurré.
Frunció el ceño. —¿Y por qué no?
—Para empezar, no son unas putas, de hecho son muy agradables. Y han prometido portarse bien. Solo han venido a por tus postres. Nada más —le aseguré.
Se cruzó de brazos y bufó. —Deberían estar aquí para recibir su merecido.
—Hasta ahora, no han sido más que amables —dije—. Si eso cambia, yo me encargaré.
Enarcó las cejas. —¿Cómo de amables?
La puse al día sobre el ataque de pánico y cómo lo había gestionado Wyatt. Omití los motivos del ataque, dejando que creyera que se debía a la ruptura, que, al fin y al cabo, era una razón perfectamente aceptable para derrumbarse.
—Oh, cielo —suspiró Dusty, atrayéndome hacia ella para darme un abrazo—. Debiste de estar aterrorizada.
—Lo estaba —admití—. Por eso agradecí tanto que Wyatt estuviera allí.
Dusty me tomó la cara entre las manos. —De acuerdo. Mi furia le da una tregua, pero me reservo el derecho a cambiar de opinión si le hace daño a mi chica.
—Gracias, Dusty. Te lo agradezco.
—Vale, dime qué han pedido y yo lo cojo mientras vas a charlar un rato con ellas.
—¿Estás segura? —pregunté.
—Sí. Venga.
Le di la comanda y volví a la barra, cogiendo la cafetera por el camino.
—Dusty vendrá enseguida con vuestro pedido —dije, rellenando los cafés.
—Gracias, cielo —dijo Wyatt, añadiendo más nata a su taza—. Ahora, ya sé que no estamos hablando de Healy.
—Wyatt… —la advertí.
—Escúchame un momento. —Levantó la mano—. Sundance solo quiere asegurarse de que estás cubierta por si Stanley envía a alguien más a por ti antes de que…, bueno, ya sabes. Así que le gustaría tener tu permiso, y te está pidiendo permiso, Rowan, para que algunos de los chicos pasen a ver cómo estás.
—¿Pasar a ver cómo estoy, cómo?
—Como tú necesites —dijo—. Si hay mucho trabajo y necesitas que te ayuden, lo harán. Si necesitas que se queden fuera, también lo harán. Tú mandas.
—Excepto Gizz —dijo Violet—. No estoy segura de que él vaya a seguir las instrucciones de nadie en ese sentido.
Suspiré. Tenía razón. Eché un vistazo hacia donde estaba sentado en ese momento, con los ojos fijos en la puerta de vaivén, obviamente esperando a que Dusty la cruzara.
—¿Puedo pensármelo? —pregunté.
—Por supuesto —dijo Wyatt—. Pero necesitaré una respuesta antes de irme.
—¿Cómo estás? —preguntó Sierra, y yo contuve las lágrimas.
—Estoy genial —mentí.
Antes de que pudiera responder, Dusty llegó con sus postres, así que aproveché la excusa para atender a otros clientes del local. Por suerte, tuvimos otra pequeña oleada de gente, así que para cuando las chicas se fueron, con mi aceptación provisional de que uno o dos de los hermanos moteros pasaran a verme, pude evitar cualquier otra conversación.
Insistieron en darnos abrazos entre todas, lo cual fue incómodo, pero lo sobrellevé, y luego escapé a mi despacho para pasar unos minutos con Lord, lo que me ayudó a calmar la ansiedad lo suficiente como para cerrar por esa noche.
Me di cuenta de que Gizzard seguía merodeando por allí cuando saqué a Lord a hacer pis casi a medianoche, y no oí el rugido de los tubos de escape hasta que apagué todas las luces de mi loft.
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