Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 34
- Inicio
- Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC
- Capítulo 34 - 34 Capítulo 34
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
34: Capítulo 34 34: Capítulo 34 —Sí.
La primera vez, estaba bastante borracho y un poco drogado, todo se trataba de que dos mujeres me la chuparan y verlas darse con todo entre ellas.
Yo estaba soltero, ellas también, y fue caliente de cojones.
La segunda vez, sin embargo, estaba prácticamente sobrio y cometí el error de dejar que mi novia de entonces me convenciera.
—¿Ella lo sugirió?
—Sí —ladeó la cabeza—.
Bebé, las moteras pueden ser muy salidas.
—Lo sé, pero nunca he conocido a ninguna dispuesta a compartir.
—Sí, eso lo descubrí en medio del polvo —admitió él.
Solté un jadeo.
—¿En serio?
Hizo una mueca.
—Sí.
Huelga decir que ella y yo rompimos y decidí que no valía la pena.
No ha vuelto a pasar nada parecido en casi cinco años.
Enarqué una ceja.
—¿Lo quieres?
—No —me acarició la espalda—.
Sinceramente, todo son risas y diversión cuando estás soltero y drogado, pero en cierto modo siempre he sido un hombre de una sola mujer, así que nunca fue lo mío.
—Vale, bien, porque nunca te voy a proponer un trío.
Él rio entre dientes.
—De todos modos, no podría con más que contigo, así que te lo agradezco.
Puse los ojos en blanco.
—¿Hablaste con Wrath?
—¿Sobre qué?
Me incorporé para poder mirarlo a los ojos.
—¿Hablas en serio?
—Razzle, no voy a meterme en medio de lo que sea que se traiga con Sierra.
—No se trae nada con Sierra, de eso se trata.
Se puso una mano detrás de la cabeza y enarcó una ceja.
—¿Estás segura de eso?
—Pues sí, es mi mejor amiga.
Estoy bastante segura de que me diría si tuviera un «rollo» con Wrath.
Él sonrió.
—Vale, Frazzle, puede que no.
—Entonces tienes que hablar con Wrath.
—No va a pasar.
—¿Por qué no?
—me senté, y la sábana se deslizó, dejándome completamente expuesta a él.
No se me escapó la renovada mirada de deseo que ardía en sus ojos, e intenté volver a cubrirme con la sábana.
Necesitaba que se concentrara.
—Porque no es mi puto problema —me quitó la sábana de un tirón y sonrió con picardía.
Intenté recuperar la sábana, sin éxito.
—¿Si se está portando como un capullo con mi mejor amiga, no deberías meterte?
Ladeó la cabeza.
—Define «capullo».
—Ah, encerrarla en su habitación en contra de su voluntad es una definición.
—Eso se solucionó.
Levanté mis manos vendadas al aire.
—Porque mi hermano impuso su rango.
—Raquel, no le hizo daño.
—Físicamente —puntualicé.
Suspirando, se pasó las manos por la cara.
—Nunca he visto a Wrath maltratar a una mujer, ni mentalmente ni de ninguna otra forma.
—Ah, ¿así que echársela al hombro y encerrarla…?
—Bebé, si hicieras lo que hizo Sierra, puedes estar jodidamente segura de que te echaría al hombro y te encerraría en mi habitación.
¿Considerarías eso un maltrato?
—¡Sí!
—grité.
—No, no lo harías.
—¿Y eso por qué?
—Porque sabes sin la menor sombra de duda que nunca te haría daño, y que mis acciones nacerían de una necesidad desesperada de protegerte…, incluso si es de ti misma.
—Wrath odia a Sierra, así que eso no se aplica.
—No, no la odia.
—Bueno, pues ella lo odia a él.
Sonrió con picardía…
de forma irritante.
—No, no lo odia.
Dejé escapar un gemido de frustración.
—Eres imposible.
Se incorporó, haciendo rodar uno de mis pezones entre su pulgar y su índice.
—Eso me han dicho en numerosas ocasiones.
Inclinándose hacia delante, succionó ese mismo pezón, y luego lo mordió suavemente.
Quise apartarlo de un manotazo, pero lo que estaba haciendo con mis pezones era bastante delicioso.
—Ori.
—¿Sí, bebé?
—pasó al otro pezón y eché la cabeza hacia atrás.
—Sierra…
—Está bien —dijo, interrumpiéndome de nuevo.
Le sujeté la cara y le obligué a centrarse en algo que no fueran mis pechos.
—Necesita sentirse segura.
—¿Te ha dicho que no lo está?
—Bueno, no, pero…
—Está en buenas manos, Frazzle.
Puedes hablar con ella mañana, y si dice que no se siente segura, entonces intervendré.
—¿Tanto te ha costado?
—mascullé.
—Voy a enseñarte lo que es duro, bebé —dijo, dándome la vuelta para ponerme boca arriba y deslizándose dentro de mí.
—¡Ahhh!
—grité, y entonces se movió, hundiéndose profundamente mientras yo envolvía mis brazos y piernas a su alrededor, acogiéndolo por completo.
—Jesús, me encanta tu coño.
—Y a él le encantas tú —repliqué, y él embistió contra mí cada vez más fuerte hasta que tuve un orgasmo tan intenso que mis extremidades se contrajeron a su alrededor como un tornillo de banco.
Su orgasmo llegó casi tan rápido como el mío, y me besó suavemente mientras ambos bajábamos de nuestro subidón.
Me acarició la mejilla, besándome una vez más.
—Te quiero, preciosa.
Sonreí.
—Yo también te quiero.
—¿Vas a ducharte conmigo?
Asentí.
—Sí, si me lavas el pelo.
Él sonrió con picardía.
—Estoy aquí para complacer a mi reina.
—Faltaría más.
Orion rio entre dientes y, después de asegurarme unas bolsas de plástico en las manos, me ayudó a entrar en la ducha.
No tenía ni idea de que que me lavaran el pelo pudiera ser sensual, pero Orion se las arregló de alguna manera para hacerlo jodidamente sexy y me provocó otro orgasmo en la ducha antes de llevarme de vuelta a la cama.
Me quedé dormida contra su cuerpo desnudo, completamente saciada.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com