Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 40
- Inicio
- Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC
- Capítulo 40 - 40 CAPÍTULO 40
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
40: CAPÍTULO 40 40: CAPÍTULO 40 A la mañana siguiente dejé a Raquel en clase, contento de que tuviera un día entero de clases; después me reuní con Doc y Rabbit en unas motos prestadas.
Nos dirigimos a Denver, adonde llegamos en menos de cuarenta y cinco minutos, y seguimos el GPS hasta el apartamento de Gary en uno de los rascacielos del centro.
Llegamos y encontramos el vestíbulo vacío.
Esperábamos que hubiera un portero, pero no había nadie, así que aprovechamos para tomar un ascensor y subir a la planta de Gary.
Tenía la esperanza de que Doc pudiera guiarnos, pero no había visto a su tío en quince años y nunca había estado aquí, así que íbamos todos a ciegas.
Entramos en el pasillo del décimo piso y nos acercamos al número 1012; la puerta estaba ligeramente entreabierta.
Me giré hacia Doc, que asintió, indicando que fuéramos despacio.
Todos sacamos las pistolas de las fundas y entramos con sigilo por la puerta.
Encontramos el apartamento hecho un desastre y un rastro de sangre que salía de la cocina.
Seguimos el rastro hasta el baño y entramos.
El cuerpo sin vida y ensangrentado de Gary yacía en el suelo, con un hombre de pie sobre él que sostenía un cuchillo de caza.
—Mierda —siseó Doc—.
¿Papá?
* * *
Raquel
Salí de clase y me encontré a Aero esperándome en la camioneta de Sundance.
Suspiré.
—¿Dónde está Orion?
—Tenía cosas que hacer.
—¿Y mi hermano?
Aero extendió la mano.
—¿Te cojo la mochila?
—Están juntos, ¿supongo?
—reflexioné, entregándole la mochila.
—Sube a la camioneta, Raquel.
Puse los ojos en blanco y subí, me abroché el cinturón de seguridad y saqué el móvil para enviarle un mensaje rápido a Orion.
No es que esperara una respuesta.
Mi hermano me había dado el visto bueno para quitarme el vendaje de la mano izquierda, ya que era la que se estaba curando más rápido, así que podía hacer algunas cosas, aunque no con facilidad, pues no era mi mano dominante.
Al menos ahora podía escribir mensajes.
Eso facilitaba mucho las cosas.
—¿Puedes llevarme al Hilton, por favor?
—No —dijo Aero.
—¿Por qué no?
—Tengo órdenes de llevarte de vuelta a la cabaña.
—Orion ni siquiera está allí —repliqué—.
Me gustaría pasar la tarde con mi madre.
—No se puede, cariño.
El móvil me vibró justo cuando estaba a punto de volverme loca y ponerme a gritarle como una posesa.
Era mi madre, así que contesté.
—Hola, mamá.
¿Te pitaban los oídos?
—Gary ha muerto.
—¿Qué?
—susurré.
—Lo han dicho en las noticias.
—¿Tan pronto?
—Resulta que el redactor jefe del Denver Chronicle vive en el edificio de tu tío.
—Qué oportuno —murmuré.
—Te necesito aquí, cariño.
Aero negó con la cabeza.
—¿Puedes venir tú a la cabaña?
—No encajo muy bien con esa gente.
—Mamá, no me lo pongas difícil.
Iré a recogerte.
Aero frunció el ceño y silencié el móvil, dejando que mi madre siguiera discutiendo sola.
—No voy a dejar que coja un Uber —dije.
—Jesús, Raquel, Orion me arrancará la cabeza si me desvío del plan.
—Y yo te arrancaré la tuya si no lo haces.
Elige a quién de los dos tienes más miedo, pero que te quede claro que, si a mi madre le pasa algo por dejarla tirada, te cortaré la polla y te ahogaré con ella.
—Raquel, ¿sigues ahí?
—preguntó mi madre.
Aero enarcó una ceja mientras yo reactivaba el sonido del móvil y sonrió cuando dio un giro de 180 grados.
—Estoy aquí, mamá.
Voy a buscarte.
Por favor, prepara una bolsa para pasar la noche.
—Raquel…
Le colgué.
Nunca lo había hecho, pero ya no podía seguir escuchándola discutir conmigo.
La necesitaba a salvo en el complejo.
Aero condujo hasta el hotel y aparcó.
Luego me acompañó a la habitación de mi madre, que no estaba nada contenta de verse obligada a abandonar la «comodidad de su hotel por una guarida de perversión».
—Le encantará la guarida —aseguró Aero—.
La mantendré bien surtida de tequila.
Reprimí una carcajada.
Nunca había visto a mi madre borracha, pero de repente me entraron ganas.
Ella bufó, dejó caer la bolsa a los pies de Aero y salió a grandes zancadas por la puerta.
Él cogió la bolsa y luego volvimos a su camioneta.
Una vez que estuvimos de vuelta en la seguridad del complejo, me permití relajarme un poco, aunque estaba cabreada hasta el extremo.
Sabía exactamente quién había matado a Gary y no me hacía ni puta gracia.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com