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Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 42

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42: CAPÍTULO 42 42: CAPÍTULO 42 Raquel
Dos años después…

Dejé la tira de la prueba de embarazo en la encimera y me lavé las manos.

Orion estaba en el almacén supervisando el progreso de nuestra nueva cepa, a la que llamaba cariñosamente «Razzle Dazzle» en honor a mi investigación.

Ya habíamos extraído un líquido que funcionaba de maravilla en adultos con dificultades, y tenía planes de hacer comestibles y cera en un futuro próximo.

Nos habíamos casado hacía poco más de un año, y nuestra vida era casi perfecta en mi opinión.

Tuvimos la boda de mis sueños con el club de Orion, el club de mi hermano, familiares y amigos, todos presentes.

Sierra, Violet y Olivia fueron mis damas de honor y Orion tuvo a su hermano, a su padre y a Tristán como padrinos.

Mis hermanos pequeños hicieron de acomodadores, aunque fueron bastante inútiles para mantener cualquier tipo de orden.

No es que los juzgara con demasiada dureza.

¿Cómo evitas que unos moteros pisoteen la alfombra blanca del pasillo cuando apenas han salido de la adolescencia?

No es fácil.

Cometí el error de comerme un comestible antes de decir nuestros votos, así que me pasé la mayor parte de la ceremonia riéndome tontamente.

Cuando el predicador dijo: «Puede besar a la novia», a mí se me ocurrió otra cosa, así que le pasé la lengua por la mejilla a Orion y anuncié: —Lo he lamido, es mío.

La familia de Orion (y los pocos amigos que los conocían bien) estallaron en carcajadas, y luego Orion me atrajo hacia él para darme un beso de boda épico lleno de amor, promesas y lengua.

Sundance había insistido en que nos quedáramos en una de las cabañas de la propiedad del complejo, en lugar de buscar una casa fuera de los muros.

Por lo poco que Orion compartía, sabía que el club se estaba preparando para una guerra que no querían, pero en la que finalmente se habían visto obligados a participar contra los Depredadores, así que tenía sentido que nos quisieran cerca y dentro de la seguridad del complejo.

El cadáver mutilado de Orca había sido encontrado en las profundidades del bosque y la policía determinó que había sido un accidente de senderismo, y que su cuerpo había sido devorado por depredadores.

Yo sabía que no era así, pero me guardé ese conocimiento para mí.

Como supusimos que estaríamos aquí un tiempo, elegimos la cabaña más grande, sobre todo porque la habían vaciado por completo hacía unos años, así que era un lienzo en blanco.

Tardamos seis meses en convertirla en el hogar que ambos queríamos y necesitábamos, y me encantaba cada centímetro.

Teníamos tres dormitorios más un estudio, tres baños y medio, junto con una cocina enorme y un gran salón.

Orion y su padre habían añadido un garaje para tres coches a un lado de la cabaña, dándonos acceso a través del lavadero, que habían ampliado y convertido más bien en un recibidor.

A mi madre no le hacía mucha gracia que viviera permanentemente en Colorado, pero papá prometió traerla en avión cuando quisiera, así que dejó de darme la lata.

Más o menos.

—¿Cariño?

—llamó Orion y yo cogí la tira y me dirigí a la cocina.

—Hola, Smoky —dije.

Me besó suavemente.

—¿Qué escondes a la espalda?

—Vale, ¿sabes que no paro de llorar todo el tiempo?

—Nones —dijo con total seriedad—.

Nunca te he conocido de otra forma que no sea equilibrada.

Sonreí.

—¿Y que mis pezones están más sensibles?

—Por no mencionar que tus tetas han doblado su tamaño.

—No es verdad.

—Sí, cariño, sí lo es.

Es como si estuvieras embara…

espera, ¿estás embarazada?

—Vamos a averiguarlo juntos.

—Saqué la tira y la sostuve en alto.

Orion se acercó.

—¿Qué significan las dos líneas?

—Significa que en unos ocho meses, vas a ser papá.

—Joder, ¿en serio?

—Sip.

Me rodeó con sus brazos, levantándome y haciéndome girar en círculo.

—Joder, te amo, cariño.

Me reí.

—Yo también te amo, joder, Smoky.

Dejándome en el suelo, me besó, posando su mano en mi vientre.

—Nuestro propio pequeño aullador.

—No puedo esperar.

—Yo tampoco —dijo, arrodillándose frente a mí y besando mi vientre—.

Escúchame, cachorrito, tienes que tratar bien a tu mamá.

Nada de provocarle náuseas ni de crecer tan rápido que le fastidies la espalda.

Me reí tontamente, deslizando mis manos por el pelo de Orion.

—Y ni se te ocurra nacer antes de tiempo, joder —continuó—.

Te vas a hornear el tiempo adecuado y vas a estar sano.

Gruñí.

—Cariño, no estoy horneando un pastel.

Me miró.

—No, esto es mucho más importante que eso.

Estás horneando un ser humano.

Sonreí y le acaricié la barbilla.

—Supongo que tienes razón.

Se puso de pie y me besó suavemente.

—Estoy jodidamente orgulloso de ti, cielo.

Sonreí.

—Y yo de ti.

—¿Salimos o cocino?

—Salimos —dije—.

Definitivamente salimos.

—¿Al Bistro?

—Sí, por favor —dije.

—Me aseo y nos vamos.

Me besó de nuevo y fue a asearse.

* * *
Ocho meses y medio después…

—Tu pequeño bebé cretino llega tarde —me quejé, bajando las escaleras de nuestra casa a duras penas.

Tenía los tobillos del tamaño de mis muslos, y apenas podía moverme sin andar como un pato por la incomodidad.

Orion sonrió amablemente desde el pie de la escalera y me tendió la mano.

—Lo sé, cariño.

Mañana te inducirán el parto y todo esto habrá terminado.

—No quiero esperar…

—Una repentina humedad inundó mis muslos y me quedé helada—.

Mierda.

Me he vuelto a hacer pis.

—No creo que sea pis, Razzle —replicó Orion.

Miré hacia abajo y apenas pude ver por encima de mi barriga un enorme charco a mis pies.

—Oh, Dios mío, creo que he roto aguas.

Él sonrió.

—Eso parece.

Vamos, Razzle, te llevaremos al hospital.

—Llama a mamá.

Mi madre había subido a la cabaña principal para coger un juego de llaves de la cabaña de al lado.

Toda mi familia iba a caer por aquí pasado mañana y mamá quería abastecerla de comida.

Doc y Olivia ya estaban aquí con los gemelos, pero habían optado por quedarse en la cabaña principal, para que hubiera más sitio para mamá, papá y mis hermanos.

—Lo haré, cariño —prometió Orion, sacando ya el móvil del bolsillo.

—Y a Tristán.

—A ello voy —prometió, ayudándome a subir al coche y a abrocharme el cinturón de seguridad.

—Necesito mi bolsa.

—La cogeré.

—Y mi bolso.

Él sonrió, besándome suavemente.

—Lo cogeré todo, Frazzle.

No te preocupes.

Me dejó un momento para coger todo lo que necesitaba y luego condujimos hasta el hospital, donde me instalaron rápidamente en una sala de partos.

Tristán y Olivia llegaron unos minutos después con mi madre y me preparé para lo que esperaba que fuera un parto largo.

Estaba equivocada.

Luca Thorne Graves llegó dos horas después, con cuatro kilos trescientos gramos y cincuenta y ocho centímetros de largo, perfectamente rosado y sano, con un aullido rápido y luego una calma serena que estaba segura de que había heredado de su papi.

—Es perfecto —susurré, sonriendo a mi precioso niñito de ojos azul hielo.

Luca me miró y luego sus labios empezaron a fruncirse, así que lo acomodé en mi pecho y aceptó el sustento que mi cuerpo le ofrecía.

—Tú eres perfecta —dijo Orion, inclinándose para besarme—.

Gracias.

Alcé la mano y le acaricié la barba.

—De nada.

Mientras nuestra familia entraba y salía de mi habitación para saludar a su nuevo miembro, me aferré a mi marido y a mi bebé, elevando una silenciosa plegaria de agradecimiento por la perfección que se me había concedido.

Estaba más que bendecida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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