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Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 54

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54: Capítulo 54 54: Capítulo 54 Wyatt
A la mañana siguiente, me dirigí a la Casa Meteor, con la intención de pasarme después por una clase de yoga.

Necesitaba alejarme con un «namasté» de mierda de todos y cada uno de los hombres en este momento, así que mi clase de yoga exclusivamente femenina era justo lo que necesitaba.

Al entrar en el edificio, me encontré con el Dr.

Hilliard esperándome.

—¿Llego tarde?

—pregunté.

—No, yo he llegado pronto —dijo, sonriendo—.

¿Qué tal has dormido?

—¿Qué es «dormir»?

Hizo una mueca.

—Lo siento.

—¿Cómo está él?

—Está genial.

—Me apretó el hombro y se inclinó un poco—.

No tienes nada de qué preocuparte.

Está bien.

Solté un profundo suspiro y asentí.

—Vamos.

Está en la sala de día.

Seguí al Dr.

Hilliard y Teddy estaba sentado en una mesa con una mujer muy mona de mi edad, comiendo una manzana.

Me vio y echó la silla hacia atrás.

—¡Riot!

—Hola, Osito Teddy —dije, rodeándolo con mis brazos mientras él me atraía para darme un abrazo—.

¿Quién es tu amiga?

—Sarah.

Es mi novia.

Al parecer, la ropa interior en la puerta funcionó.

Lo miré.

—Bueno, eso suena muy serio.

—Voy a casarme con ella.

Sonreí.

—Qué emocionante.

—¿Podemos ver la moto ahora?

—No, amigo, hoy no.

Solo quería pasar a saludar.

Aunque, te recogeré más tarde para cenar.

—Vale, Riot.

Me quedaré aquí.

—Volveré antes de que te des cuenta.

Esa promesa cayó en saco roto, ya que Teddy me había dejado por Sarah, y se estaban riendo de algo secreto.

Por fin me permití relajarme, y el Dr.

Hilliard me acompañó a la salida.

—Estamos supervisando eso —prometió.

—Por favor, no dejes que la deje embarazada —susurré.

Se rio entre dientes.

—No lo haremos.

—Ni que pille una ETS.

—Wyatt, está todo bajo control —me aseguró—.

Te llamaré si algo cambia.

—¿Cómo van sus terrores nocturnos?

Teddy los sufría desde pequeño y los médicos los habían estado controlando con somníferos, pero yo estaba intentando encontrar una alternativa porque odiaba que lo medicaran cada vez que tenía un ataque de pánico o un «arrebato».

—Por ahora todo bien.

Si tenemos que aumentarle la dosis, te lo haré saber.

—No quiero que le aumenten la dosis.

Necesitamos encontrar algún tipo de alternativa.

—Y estás en todo tu derecho de tomar esa decisión.

De momento se mantiene estable, así que tenemos algo de tiempo.

Asentí.

—Vale, volveré a las seis a recogerlo.

—Yo no estaré, pero pasadlo bien.

—Lo haremos.

—Oye, antes de que te vayas…

Me giré de nuevo hacia él.

—¿Sí?

—Espero que no te parezca demasiado atrevido, pero ¿estás saliendo con alguien?

El precioso rostro de Sundance inundó mi mente.

—No.

¿Por qué?

—Me preguntaba si te gustaría cenar conmigo alguna vez.

Me mordí el labio.

—¿Una cita?

—Sí.

¿Quizá el próximo viernes por la noche?

—La verdad es que suena encantador.

Sonrió ampliamente y asintió.

—Genial.

Te llamaré.

—La esperaré con ganas.

Salí por la puerta principal y me dirigí a mi coche, sintiéndome un poco mejor que cuando llegué.

Bueno, hasta que vi a Sundance de pie junto a su moto, aparcada al lado de mi coche.

Genial.

Levantó la vista, se quitó las gafas de sol y me miró a los ojos.

Dios mío, qué hombre tan guapo.

—¿Qué quieres?

—espeté, pulsando el botón de desbloqueo del mando de mi coche.

—Fui un capullo.

—Sí, lo fuiste —asentí—.

Muy consciente de ti mismo.

Eso te servirá de mucho en la vida.

Con permiso, tengo que irme a un sitio.

—¿Me dejas que me explique?

—Me llamaste zorra.

Vale, como directora general de una exitosa empresa de relaciones públicas, me lo habían llamado en más de una ocasión, pero que lo hiciera él, dolió de cojones.

—Técnicamente, no te llamé zorra.

Insinué que posiblemente lo fueras.

—¡Lo que es igual de malo!

—No fue mi mejor momento.

—Tengo que irme —dije.

—Joder, ¿vas a dejar que me disculpe?

—¿Es eso lo que intentas hacer?

—pregunté—.

¡Me llamaste zorra!

De eso no hay vuelta atrás.

Enarcó una ceja.

—No pareces el tipo de mujer a la que la palabra «zorra» pueda hundir, Dimples.

—Para ya.

—Sacudí la cabeza en un esfuerzo por ocultar el dolor—.

No intentes restarle importancia.

Solo estás cavando un hoyo más grande para ti.

—Joder, la he cagado de verdad, ¿no?

—Tengo que ir a mi clase de yoga —dije, dándome la vuelta, pero él rodeó mi brazo suavemente con una mano fornida y tiró de mí para acercarme.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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