Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 57
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- Capítulo 57 - 57 CAPÍTULO 57
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57: CAPÍTULO 57 57: CAPÍTULO 57 —Está bien, amigo —dijo Sundance—.
Este es Orion.
Es mi hijo.
Orion sonrió y pasó un brazo por la cintura de su novia.
—Y esta es Raquel.
Teddy le sonrió a Raquel.
—Guapa.
—Sí, lo es —convino Orion—.
¿Quieres ver las máquinas de pinball?
—¿Tenéis máquinas de pinball?
—pregunté.
—Sí.
Un tipo llamado Ropes, de los Santos Ardientes de Portland, es una especie de chalado de las máquinas vintage.
Las compra y las vende por internet y siempre nos avisa cuando hay algo bueno disponible.
Ahora tenemos tres, gracias a ese cabrón.
—Bueno, pues nunca conseguirás separarlo de ellas —advertí—.
Lo único que le gusta más que el pinball es el skee-ball, y ya has visto lo que pasa cuando intentas alejarlo del skee-ball.
—Genial —dijo Orion—.
Vamos.
Teddy volvió a mirarme y yo asentí.
—Adelante, amigo, estoy justo detrás de ti.
Teddy se fue con Orion, sin perderme de vista, y Sundance se encaró conmigo.
—¿Una copa?
—Sí —exhalé—.
Por favor.
—¡Chúpate una bolsa de pollas!
—bramó alguien.
Me giré al oír la voz chillona y femenina y me encontré con una rubia despampanante que prácticamente le siseaba a un motero igual de guapo, que le sonreía como si estuviera disfrutando del espectáculo.
—Sierra, ¿vas a guardarte esa ira o me voy a encargar yo?
—preguntó él.
—Ese es Wrath —dijo Sundance—.
Y, por lo visto, Sierra quiere que se coma una bolsa de pollas, pero eso no es diferente de ayer, así que no debe de haberle hecho caso.
Me reí entre dientes, acercándome un poco más a Sundance.
Nunca había visto a nadie gritar así y era un poco desconcertante, aunque divertido.
Sundance me pasó el brazo por los hombros y me acercó a él, guiándome hacia la barra.
—Ratchet es nuestro tesorero —dijo—.
Es el que se está trasegando la cerveza junto a la mesa de billar.
—¿Papi?
—llamó una voz femenina.
Alcé la vista y vi a una rubia alta y guapa caminar hacia nosotros, pero no se parecía mucho a Sundance, salvo por los ojos.
—Hola, Letti —dijo Sundance—.
Wyatt, esta es mi hija, Violet.
Sundance mantuvo su brazo a mi alrededor mientras yo le tendía la mano para estrechársela.
—¿Dónde está Drake?
—preguntó Sundance.
—Viene más tarde —dijo Letti—.
Había quedado con Alyssa o algo así.
—Mi otro hijo —aclaró Sundance—.
¿Cómo está tu jirafa?
Letti se rio.
—Ellie es increíble.
—Violet va a ser cuidadora de zoológico, pero de momento está de prácticas en el Zoológico de Denver —dijo Sundance.
—Ah, Ellie —dije—.
¿No acaba de tener una cría?
—Sí.
Su cría ya tiene seis meses y está preñada otra vez.
Ellie es una pasada.
—Eso parece —asentí.
—Voy a saludar a Cone —dijo Letti—.
Ha sido un placer conocerte, Wyatt.
Sonreí.
—Igualmente.
Letti se alejó y se dirigió hacia un motero que estaba de pie junto a la ventana.
—Ese es Snowcone —aclaró Sundance—.
El capricho actual de Letti.
—¿Y a ti te parece bien?
—No la tocará.
Sabe lo que pasará si sigue por ese camino.
—Sundance me dio un apretón—.
¿Qué quieres?
—¿Tenéis Macallan?
—pregunté.
—Apuntando a lo caro, ¿eh?
—Ah, perdona.
Me conformo con cualquier cosa.
Se rio, enarcando una ceja.
—Lo tenemos, Dimples, es solo que no te imaginaba como una mujer de whisky.
—Soy de alcohol caro —admití—.
Pero el whisky es mi favorito.
Sundance le hizo un gesto con la barbilla al hombre de detrás de la barra.
Tenía el pelo largo y barba, y era bastante atractivo.
Me guardé mi opinión, pero le devolví la sonrisa cuando me sonrió.
—Moisés, Wyatt.
Wyatt, Moisés —dijo Sundance.
—Encantada de conocerte —dije.
—Igualmente, cielo.
—Pásame la botella de Macallan y dos vasos —dijo Sundance.
Sin pestañear, Moisés puso dos vasos en la barra y se agachó a por la botella de whisky.
Sundance sirvió dos copas y yo me bebí la mía de un trago, así que volvió a llenármela.
—¿Estresada?
—preguntó.
—Lo tenían inmovilizado cuando llegué a recogerlo —susurré.
Sundance frunció el ceño.
—¿Pero qué coño?
—Por lo visto, estaba pegando a todo el mundo.
—¿Por qué?
—La mejor suposición… su novia se ha ido el fin de semana y Teddy no ha podido soportarlo.
—¿Así que los muy cabrones lo inmovilizaron?
—gruñó.
—Mide tres metros, Sundance.
Sus golpes son como ladrillos.
No los culpo, y no le hicieron daño.
—Tomé un sorbo de mi copa recién llena—.
Les he pedido que no le suban la medicación, así que tienen que hacer algo para proteger al personal.
Sundance me quitó el vaso de la mano, lo dejó en la barra, me cogió de la mano y tiró de mí hacia un pasillo.
—Teddy…
—Está bien —me interrumpió—.
Orion lo tiene controlado.
Estiré el cuello para ver a Teddy en una máquina de pinball; ya no me buscaba.
En su lugar, disfrutaba de la atención que le prestaban Orion y Raquel, y ahora Letti, así que dejé que Sundance me llevara.
—¿Adónde vamos?
—pregunté.
—A un lugar privado.
—¿Por qué?
Me metió en una habitación y cerró la puerta, acorralándome contra la pared.
—Porque sí.
Inclinándose, me besó.
Suavemente al principio, su lengua presionando la comisura de mis labios, y me abrí para él, agarrándome a su chaleco mientras deslizaba una mano hasta mi cuello y profundizaba el beso.
Dios santo, nunca me habían besado así.
Jamás.
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