Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 67
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- Capítulo 67 - 67 CAPÍTULO 67
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67: CAPÍTULO 67 67: CAPÍTULO 67 —Mira, siento no haber llamado cuando nos fuimos del restaurante al club, pero estaba cerca.
No quería molestarte.
Aero no hizo ningún comentario y yo suspiré.
No era una niña para que me reprendieran por desobedecerle, así que no iba a intentar defenderme.
No había hecho nada malo.
Llegamos a la cabaña y salí del coche para dirigirme a la puerta principal.
Se me revolvió el estómago, sobre todo porque Aero me fulminó con la mirada mientras entrábamos.
Al llegar al gran salón, la reunión familiar estaba en pleno apogeo y nada parecía fuera de lugar.
Todo el mundo parecía pasárselo en grande y me encontré relajándome.
Hasta que vi a Orion de pie junto a una de las máquinas de pinball.
Él también me estaba fulminando con la mirada y no pude evitar tragar la bilis que amenazaba con subirme por la garganta.
—¿Qué está pasando?
—le pregunté a Aero.
—Sígueme —dijo con aire ominoso.
De verdad que debería haberme dado la vuelta y haberme marchado en ese mismo instante, pero parecía incapaz de hacer que mis pies se movieran.
Aero abrió una puerta al fondo del edificio y crucé el umbral para encontrar a Sundance apoyado en un escritorio, con sus fornidos brazos cruzados y una expresión en el rostro que me heló la sangre.
Estaba enfadado.
No, lo que estaba viendo era pura e inalterada rabia.
No solo enfado.
—¿Qué pasa?
—susurré.
—Si alguna vez repites algo de lo que te he contado, o revelas cualquier cosa que hayas podido ver u oír mientras estabas conmigo o en mi club, acabaré contigo, joder.
—Yo nun… —
Levantó la mano.
—Quiero que borres mi número y no quiero volver a verte nunca más.
—¿Qué?
—exhalé.
—Ahora, lárgate de aquí de una puta vez.
—¿Qué?
—repetí.
—Aero se asegurará de que llegues a casa sana y salva, pero esa es la última pizca de generosidad que estoy dispuesto a darte.
—Espera, ¿qué está pasando?
—exigí—.
No entiendo qué ocurre.
—Claro que lo sabes, no me jodas.
Eso lo dijo Aero y le eché un vistazo, para luego volver a centrarme en Sundance.
—De verdad que no.
—Joder, vosotras las mujeres sois jodidamente escurridizas —espetó Sundance—.
Debería haberme dado cuenta de la coincidencia de todo.
—¿La coincidencia de qué?
—repliqué bruscamente.
—Lárgate de una puta vez —gruñó Sundance, y me empujó, aunque con suavidad, fuera de su despacho, cerrando la puerta de un portazo una vez que Aero se unió a mí en el pasillo.
Apreté el bolso contra mi pecho y tragué saliva, obligando a mis lágrimas a no salir hasta que pudiera marcharme de allí.
—Puedo encontrar el camino a casa sola —dije, con la voz ahogada por las lágrimas contenidas.
—No puedo dejarte hacer eso, Wyatt —dijo Aero, y señaló con la cabeza hacia el gran salón.
—¿Tenemos que ir por ahí?
—El paseo de la vergüenza, cariño —escupió—.
No te mereces menos.
Me encaré con él y le devolví una mirada fulminante.
—No sé qué demonios está pasando, pero no merezco que me hablen de esa manera.
Y mucho menos alguien que toma decisiones dudosas, como hacerle el trabajo sucio a criminales degenerados.
Ahora voy a llamar a un coche.
En lugar de acobardarse como hacía la mayoría de la gente cuando usaba mi tono «serio», frunció el ceño.
—Escúchame bien, perra.
No tienes ni voz ni voto en esta mierda, así que si no quieres que te enseñe lo degenerado que puedo llegar a ser, te sugiero que des la vuelta y te vayas al puto coche.
Me estremecí.
—Enséñame la puerta de atrás.
—Oh, me encantaría explorar la puerta de atrás —replicó, y me estremecí ante su insinuación sexual—, pero vamos a salir por la de delante.
No tenía a dónde más ir, así que erguí los hombros y me di la vuelta.
Con la cabeza bien alta, atravesé el gran salón y salí por la puerta principal, manteniendo la vista al frente e intentando no fijarme en las miradas furiosas de algunos de los moteros que andaban por allí.
Estaba tan concentrada en no derrumbarme que no me di cuenta de que Raquel entraba y casi me choco con ella.
—¿Wyatt?
—preguntó, y la miré.
—Hola.
Lo siento.
—¿Estás bien?
—Se va —intervino Aero.
Ella frunció el ceño.
—¿Por qué?
No pude evitar que una lágrima rebelde se deslizara por mi mejilla mientras miraba fijamente uno de los postes del porche.
—Tengo que irme.
Antes de que pudiera decir nada más, bajé a zancadas los escalones del porche y esperé a que Aero desbloqueara las puertas del coche para poder subir.
Me llevó a casa en silencio, aunque me di cuenta de que esperó a que estuviera a salvo dentro de mi edificio antes de marcharse.
Forcé una sonrisa al pasar junto a Gio, y luego me precipité a mi apartamento, encerrándome antes de deslizarme por la puerta hasta sentarme en el suelo y romper a llorar.
* * *
Sundance
Le di un par de caladas al porro que acababa de liar y luego me dirigí al gran salón justo cuando Raquel entraba y venía hacia mí en lugar de hacia Orion.
—¿Qué está pasando?
—exigió.
—Cariño —advirtió Orion al llegar a nuestro lado.
Ella se apartó de su caricia.
—No me vengas con «cariño», Smoky.
¿Qué le pasa a Wyatt?
Estaba llorando.
Le había puesto a Orion ese apodo adicional cuando él corrió al interior del almacén en llamas para salvarla y terminó oliendo a chimenea.
A ella le parecía mono.
Para mí, era un crudo recordatorio de todo lo que casi perdimos.
—El nombre de esa perra no debe salir de tu boca —espeté, intentando ignorar el dolor en mi pecho.
Si de verdad hubiera visto a Wyatt llorar, me habría jodido la cabeza por completo.
Orion frunció el ceño.
—Pops, cuida tu tono.
—Oh, Dios mío —exhaló Raquel—.
¿Qué ha pasado?
—Joder, qué puto coñazo sois las mujeres.
—No te atrevas a hablarme así —replicó bruscamente.
Era pequeña, pero era feroz, algo que yo admiraba de ella.
La mayor parte del tiempo.
Pero no esta noche.
—Encárgate de esta mierda —le ordené a Orion, y luego me di la vuelta para irme, pero una mano pequeña pero firme me agarró del brazo.
—Mmm, no, no vas a ponerte a gruñirme a mí —replicó Raquel.
Orion gimió.
—Razzle… —
—¡Los dos, atrás.
Ahora!
—chilló ella.
Me encaré con ella, inclinándome para mirarla a los ojos.
—Me estás jodiendo el colocón, Raquel, y no estoy de humor, así que me voy a largar a la mierda antes de que diga algo de lo que pueda arrepentirme.
Se echó hacia atrás como si la hubiera golpeado, y eso me rompió el corazón, pero me obligué a que no me importara mientras me alejaba.
Necesitaba ahogar en humo el recuerdo de Wyatt y todo lo que había significado para mí.
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