Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 88
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- Capítulo 88 - 88 CAPÍTULO 88
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88: CAPÍTULO 88 88: CAPÍTULO 88 Wyatt
El domingo por la noche, recogí a Teddy de la Casa Meteor y condujimos hasta la casa de Sundance, donde nos esperaban Sundance y Orion en la entrada.
Mi corazón se aceleró al ver a mi hombre esperándome, aunque lo había dejado hacía apenas tres horas.
—¡Ori!
—llamó Teddy mientras yo aparcaba el coche.
—Hola, campeón.
—Orion le abrió la puerta y Teddy se bajó—.
¿Estás listo para ver mi moto?
—¡Sí!
Orion asintió.
—Vamos.
—¡Pido copiloto!
—gritó Teddy, y yo le sonreí a Sundance, que en ese momento me estaba abriendo la puerta.
—Hola, cariño —dijo, tendiéndome la mano.
La tomé y dejé que me ayudara a salir del coche, y luego le rodeé la cintura con los brazos cuando tiró de mí hacia él.
—Hola —dije—.
Gracias por dejarme venir a buscarlo solo.
Sundance había querido venir conmigo, como había hecho la noche anterior, pero yo quería repasar algunas reglas básicas con Teddy antes de caerle a la familia de Sundance, y Sundance podría haberse opuesto.
Él había reiterado que quería que Teddy se sintiera como en casa, pero yo quería asegurarme de que no rompiera nada.
—¿Tienes hambre?
—preguntó.
—Me muero de hambre —admití.
—Cocina Drake.
Sundance se había deshecho en elogios sobre lo increíble que era su hijo en la cocina, así que estaba realmente emocionado por comer lo que fuera que cocinara.
—Uuh, qué ganas —dije—.
He traído vino y un par de tartas.
—¿Ah, sí?
Asentí.
—De chocolate y de manzana.
—¿Vino de chocolate y manzana?
Me reí.
—Sí.
Me dio una palmada en el culo.
—Perfecto.
Cogió las bolsas de mi coche y me guio al interior.
Me sorprendió, para ser sincero, lo ordenada que estaba la casa.
Los muebles no eran modernos ni nuevos, y a las paredes no les vendría mal una capa de pintura, pero estaba limpia y se sentía acogedora.
Muy diferente de la cabaña, pero, aun así, muy de Sundance también.
El vestíbulo de baldosas era pequeño, con una escalera a la derecha.
Sundance me condujo a través del arco que teníamos enfrente, pasando por un comedor, hasta la cocina.
Las encimeras de vinilo y los electrodomésticos negros delataban la antigüedad de la casa, pero Drake parecía cómodo haciendo su magia en los fogones de la isla de la cocina, que fue donde Sundance dejó la botella de vino que yo había traído con las tartas.
—Hola, Wyatt —dijo Drake, y me abrazó rápidamente.
—Hola.
He oído que estás creando una obra maestra.
Sonrió.
—Gambas al pesto cremoso con pan de masa madre al romero.
Sundance metió las tartas en la nevera y me rodeó con un brazo, pero me aparté de su contacto al tiempo que le decía a Drake: —¿En serio?
Drake se rio entre dientes.
—Es rápido y fácil.
—Ah, ¿como cuando le dices a una mujer que te encanta su vestido y te responde con un «bah, esta cosa vieja»?
Drake se rio.
—No, de verdad que es rápido y fácil.
Sundance intentó rodearme con el brazo otra vez, pero me escabullí de su contacto.
Me sentía raro siendo tan sobón con él delante de sus hijos.
Oí cerrarse una puerta y Teddy entró corriendo, seguido de Orion y Raquel, lo que me proporcionó una distracción.
—Riot, he visto la moto de Ori.
—¿Ah, sí?
—Mi hermano parecía tan feliz que no pude evitar sonreír—.
Eso es genial.
—He pedido copiloto y me ha dejado subirme otra vez.
Run, run.
Le arreglé la camisa y sonreí.
—Eso es genial, campeón.
—¿Quieres un poco de agua?
—le preguntó Orion a Teddy mientras Raquel me abrazaba.
—Sí, por favor —dijo Teddy.
—Buen trabajo, Teddy —dije—.
Estábamos trabajando en sus modales, pero se volvía tímido con la gente que no conocía bien, así que esto era un progreso.
Orion cogió un vaso de plástico, sacó agua de la nevera y se la dio a mi hermano, y yo le ayudé a sentarse en un taburete de la isla.
—No toques los fogones, ¿vale?
Están calientes.
—Vale, Riot —dijo, y le dio un sorbo a su bebida.
—¿Qué tal funciona el Razzle Dazzle?
—preguntó Raquel.
—De maravilla —dije—.
Es capaz de verbalizar más, algo que no ocurría desde hacía mucho tiempo.
También está durmiendo mejor.
—Me alegro de oírlo.
Mantenme informada, ¿vale?
Si tenemos que ajustar algo, podemos hacerlo.
—Lo haré —prometí.
—Voy a robar a Wyatt un minuto —dijo Sundance, y me tomó de la mano, arrastrándome a lo que parecía una especie de estudio.
—¿Qué haces?
—espeté.
—¿Qué haces tú?
—replicó él—.
No paras de apartarme.
—Estoy intentando conocer a tus hijos sin que me estés manoseando.
—¿Qué tienen que ver mis hijos con que te manosee?
—¿Nunca se te ha ocurrido que ver a su padre con muestras públicas de afecto podría incomodarlos?
Sonrió.
—Para que lo sepas, si te desnudara y te comiera el culo en medio de la cocina, mis hijos se disculparían educadamente, saldrían de la habitación y me dejarían terminar.
Me quedé sin aliento.
—Claro que no lo harían.
—Por supuesto que sí.
—No voy a preguntar cómo lo sabes.
Me froté la frente.
La idea de que se hubiera tirado a otra persona ya era bastante mala, y mucho menos que se follara a alguien donde sus hijos pudieran pillarlo.
—Ven aquí.
—Su mano se enganchó en mi nuca y tiró de mí hacia delante—.
Deja de agobiarte.
—Tengo derecho a agobiarme —dije entre dientes—.
Esto es importante.
Tengo que gustarles, o esto no funcionará.
—Ya les gustas, Dimples.
—Bueno, puede que deje de gustarles si sigues manoseándome.
Se rio, rodeándome con sus brazos.
—Podrían pensar que algo va mal si dejo de «manosearte».
Deslicé las manos por su espalda.
—Bueno, ¿puedes cortarte un poco por mí, por favor?
—Haré lo que pueda.
—Se apartó y abrió el cajón de su escritorio—.
Tengo algo para ti.
—¿Qué?
—Me tendió una caja y se la arrebaté de la mano—.
Oh, Dios mío, ¿has comprado una prueba de embarazo?
—Hay dos en esa caja —replicó él.
—¿La has traído aquí?
—espeté—.
¿Delante de tus hijos?
No tenía dónde guardarla, ya que mi bolso estaba en la cocina, así que la escondí a mi espalda.
—Sigo viéndola, cariño —replicó él.
La agité en el aire.
—¿Y qué se supone que tengo que hacer con esto?
Me la quitó, abrió la caja y me entregó uno de los bastoncillos empaquetados.
—Ve a mear en este, yo me quedaré el otro.
—¡No voy a hacerme una prueba de embarazo en tu casa!
—siseé.
Ladeó la cabeza.
—¿Tienes que mear?
—Siempre tengo que mear —refunfuñé.
—Entonces, mea en el palito.
Mis hijos ni se enterarán ni les importará.
—Eres un grano en el culo —mascullé, saliendo del estudio y entrando en el aseo.
Hice lo mío y él entró mientras me lavaba las manos.
—Había echado el pestillo.
Ignoró mi observación y me entregó una bolsa con cierre hermético.
—Mete la prueba aquí mientras esperamos.
Suspiré y metí el bastoncillo en la bolsita, y luego lo seguí a la cocina.
Teddy seguía sentado en la isla, esta vez con Orion a su lado y un gran bloc de papel entre ellos; Orion dibujaba mientras Teddy miraba encantado.
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