Reclamada por los multimillonarios obsesivos - Capítulo 110
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110: CAPÍTULO 110 110: CAPÍTULO 110 Rafael Moretti
—¡Rena!
¡Ven a ver esto!
¡Tu novio se compromete en dos semanas!
—escuché débilmente por el teléfono la voz inconfundible de Lila, la mejor amiga de Serena.
Se me heló la sangre.
¿Habían anunciado el compromiso de Nikolai?
—¡Está en todos los principales blogs de cotilleos de la ciudad!
¡Incluso hay una foto de la pareja entrando junta al hospital!
—Serena…
Me interrumpió.
—Tengo que irme.
Luego, se cortó la comunicación.
Me quedé mirando el teléfono en mi mano durante unos segundos, apretándolo con fuerza como si fuera la causa de mis problemas.
Me dieron ganas de llamar a Nikolai y preguntarle a qué se refería Lila.
¿Era verdad?
¿Habían anunciado formalmente su compromiso con Elena Solokov?
¿La misma mujer que ninguno de los dos soportaba?
Abrí la primera red social importante y lo primero que vi fue el anuncio de compromiso de Nikolai.
El padre de Elena había sido quien lo anunció y, como nadie se opuso, básicamente se confirmaba que era cierto.
Apreté los dientes con fastidio.
Lo menos que podría haber hecho era decírnoslo.
No tomarnos por sorpresa como un puto cobarde.
Había dicho que no sabía si se casaría o no con Elena, pero parecía que ya había tomado una decisión.
Quise buscarlo dondequiera que estuviese y exigirle que nos dijera qué coño pasaba por su cabeza, pero hice lo único lógico que se me ocurrió.
Cogí las llaves y conduje directamente al ático que Serena compartía con Lila.
Al parecer, el personal había aprendido la lección, porque se negaron a abrirme hasta que llamé a Lila y le informé de mi presencia.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron al ático, vi a Lila de pie en el salón.
Se acercó a mí de inmediato.
—Está dentro —dijo, señalando con la cabeza la habitación de Serena—.
Se niega a hablar.
No sé en qué está pensando.
—Gracias.
—Pasé a su lado y fui a la habitación de Serena.
Me detuve junto a la puerta y llamé una vez, y luego otra.
No respondió.
Cuando giré el pomo, la puerta se abrió.
Serena estaba tumbada en la cama, con la cara hundida en la almohada.
—He dicho que te vayas, Lila.
Ya hablaré contigo mañana.
—Su voz sonó ahogada—.
Estoy bien, no tienes de qué preocuparte.
—¿Estás segura?
Su cabeza se giró bruscamente hacia mí al oír mi voz.
Se incorporó de inmediato, arreglándose el pelo.
—Rafael —exhaló—.
¿Qué haces aquí?
Entré del todo y cerré la puerta detrás de mí.
—Colgaste de repente después de oír lo de Nikolai.
Tenía que venir a ver cómo estabas.
Forzó una sonrisa.
—Estoy bien.
—Serena —dije con intención.
—Lo estoy —insistió ella—.
Tenía que pasar de todos modos.
Fruncí los labios, sabiendo que estaba de todo menos bien.
Tenía derecho a enfadarse con él.
Tenía derecho a estar frustrada.
Había salido con ella en secreto durante unos meses y, después de que la relación saliera a la luz, él iba y se casaba con otra.
Estaba en todo su derecho de gritarle, pero aun así fingía que le parecía bien.
—¿Te parece bien que Nikolai se case con Elena?
—dije sin rodeos—.
A mí no.
Me miró, con los labios temblorosos, la primera señal real de que no estaba bien.
—¿Tú lo sabías?
Negué con la cabeza.
—Te lo habría dicho si lo hubiera sabido.
Vi el contorno de su lengua presionando el interior de su mejilla mientras asentía.
—Pensé que lucharía por nosotros.
Estaba enfadado con Nikolai.
Estaba furioso con él por hacerle daño.
Estaba cabreado con él por ser un gallina y no ser capaz de resistir cualquier manipulación que su abuelo usara en su contra.
Pero en ese momento, no supe qué responderle.
Solo quería hacer que su dolor disminuyera.
—¿Quizá lo intentó?
Se burló, apartando la mirada.
—Sí, claro.
¿No hemos hablado en tres días y lo primero que sé de él es su compromiso?
—Serena…
—Después de todo, mi madre tenía razón.
Fue solo una fase.
Crucé la habitación y en tres zancadas estuve frente a ella.
No tuve respuesta para eso.
Simplemente me senté a su lado y la rodeé con mis brazos.
—Estoy aquí —dije—.
Pase lo que pase, estoy aquí.
Iba a estar ahí para ella, y luego iba a hacerle entrar en razón al hombre al que llamaba mi mejor amigo.
Cualquiera con dos dedos de frente veía lo desgraciado que era cerca de Elena y su familia.
¿Estaba dispuesto a someterse a eso el resto de su vida solo por su sentimiento de culpa?
—No sé qué hacer, Rafael —murmuró contra mi pecho—.
Pensé que, a pesar de todo, éramos nosotros contra el mundo.
No pensé que duraría tan poco.
Apreté los dientes.
Todo era culpa de Nikolai.
No debería haber empezado una relación con ella si sabía que al final la iba a decepcionar.
Había prometido disolver el compromiso.
Según su acuerdo, le quedaban doce meses más para hacerlo.
¿Quién iba a pensar que acabarían adelantando el compromiso?
¿Quién iba a pensar que al final no sería capaz de resistirse?
¿Qué significaba eso para nuestra relación?
¿Había terminado con Serena?
¿Se suponía que yo también debía terminar con ella?
¿Cómo funcionaban exactamente estas relaciones poliamorosas?
—No tienes que hacer nada esta noche —dije finalmente, mientras mi mano acariciaba su espalda.
Asintió, y las lágrimas se le escaparon.
La abracé hasta que dejó de temblar y su respiración se calmó.
Luego la acosté con cuidado en la cama y me tumbé a su lado, abrazándola toda la noche.
No sabía qué pasaría mañana, pero, por ahora, yo estaba aquí.
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