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Reclamada por los multimillonarios obsesivos - Capítulo 77

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77: CAPÍTULO 77 77: CAPÍTULO 77 Rafael Moretti
Mi padre estaba esperando en mi despacho cuando volví de una reunión.

Los ojos de Marco se abrieron de par en par y retrocedió de inmediato en cuanto vio a mi padre de pie junto al gran ventanal.

Estaba de espaldas a mí, con las manos entrelazadas a la espalda, mientras contemplaba la ciudad como si cada centímetro le perteneciera.

Cerré la puerta más fuerte de lo necesario porque sabía que esto no podía ser por nada bueno.

—Podrías haber llamado.

Finalmente se giró hacia mí.

Sus ojos verdes me clavaron en el sitio.

Solían hacerme estremecer cuando tenía diez años.

Ya no.

—Sí lo hice —respondió al fin—.

Llevas cuatro días ignorándome.

—Su voz era demasiado calmada—.

Siéntate.

—Este es mi despacho.

—He dicho que te sientes, Rafael.

No me moví.

—Di lo que has venido a decir.

Soltó un suspiro, como si no estuviera de humor para tratar conmigo.

Menos mal que el sentimiento era jodidamente mutuo.

—Termina con esa chica.

Reí sin humor.

Ni siquiera necesité preguntarle de quién hablaba.

De todos modos, estaba por todo internet.

—No.

—Rafael.

No te lo estoy pidiendo.

—Bien.

Porque eso no es negociable.

Sus manos se cerraron en un puño y entrecerró los ojos mientras me miraba fijamente.

—¿Tienes idea de lo que ha provocado tu numerito en la gala?

Las acciones cayeron un cuatro por ciento el lunes.

Son unos cuantos miles de millones de dólares porque decidiste pasear a tu secretaria por una alfombra roja.

Puse los ojos en blanco.

La gente era jodidamente dramática.

¿Qué relación había entre mi novia y mi trabajo?

Aunque no trabajara aquí, lo más probable es que ya estuviéramos juntos.

Le estaban dando demasiada importancia.

Era mi empleada, ¿y qué?

Estaba harto de hacer que retiraran artículos, ya que cada día salía uno nuevo.

Solo dejaba los que hablaban bien de Serena, pero la mayoría echaba pestes de ella.

Estuve a punto de empezar a demandar, pero Nikolai me aconsejó que no lo hiciera.

—No es mi secretaria —le corregí—.

Está en el departamento de marketing.

También cerró ella sola campañas que te reportaron algunos de esos miles de millones de los que tanto hablas.

Ni siquiera parecía que le estuviera llegando nada de lo que yo decía.

—¿Estás dispuesto a arruinar la empresa que construyó tu bisabuelo por una…?

—Termina esa frase —le interrumpí, en voz baja.

Me acerqué un paso más, dejándole claro que con ella no se jugaba—.

Saldré de este edificio y nunca miraré atrás.

Y me llevaré a la mitad de la junta directiva conmigo.

Pruébame.

Hizo una pausa, mirándome como si intentara decidir si estaba bromeando o no.

Por desgracia para él, no lo estaba.

—¿Crees que no lo haré?

—Me acerqué aún más—.

La tocas y me pierdes.

—Hablas en serio.

—Mortalmente.

Siseó.

—¡Es una empleada, Rafael!

¿Es que no te importa la…?

—¿La reputación?

—terminé por él—.

Estabas muy ocupado viajando con tu amante mientras mamá luchaba contra el cáncer.

Todo el mundo sabe que tienes una amante.

¿De verdad crees que estás en posición de hablar de reputación?

—Me reí.

No sabía por qué mi mamá seguía con él.

Quizá le había lavado el cerebro, pero parecía encantarle su situación actual.

Apretó la mandíbula.

Fue entonces cuando supe que le había dado donde más le dolía.

—¿Quieres hablar de números?

De acuerdo.

Serena es la razón por la que conseguimos el acuerdo con Wolfe.

Es la razón por la que Turner renovó por otros tres años.

Al mercado le encantan los ganadores.

Ya superarán el hecho de que estoy saliendo con una.

—Estás dispuesto a arriesgar el legado…
—Legado, legado, legado —exhalé—.

¿Qué tal si me dejas en paz por una vez?

Lo he estado haciendo bien durante seis años.

Tu precioso legado sobrevive actualmente gracias a mí.

Serena no es la razón por la que empezará a sufrir.

Un músculo de su mandíbula se contrajo y me miró fijamente durante lo que pareció una eternidad.

Entonces habló y no fue nada que yo quisiera oír.

—O terminas tú con esto, o termino yo con ella.

No me moví.

Contuve la respiración mientras miraba al hombre que supuestamente me había engendrado.

Al mismo al que le importaba una mierda lo que me hacía feliz y lo que no.

Al mismo hombre que pensaba que ser padre consistía en controlar cada aspecto de la vida de su hijo.

No sentía más que desdén.

—¿Me estás amenazando?

—Te estoy dando a elegir.

Asentí.

¿Amenazar con hacerle daño a Serena?

Definitivamente me subestimaba.

—Pues aquí tienes la mía.

—Me acerqué a él hasta que solo nos separaron unos centímetros—.

Tócale un solo pelo y reduciré toda esta empresa a cenizas.

Filtraré cada cuenta en paraísos fiscales, cada soborno, cada miembro de la junta que hayas comprado.

Me aseguraré de que el apellido Moretti no sea más que una vergüenza para ti.

Algo por lo que ocultar la cara de la vergüenza.

Bueno, eso si no estás ya pasando tus días entre rejas.

Parpadeó, sorprendido.

—He pasado años limpiando tus desastres, Padre.

Será mucho más fácil volver a sacarlos a la luz.

Créeme.

El silencio se alargó entre nosotros durante un tiempo que pareció eterno.

Esta vez, en realidad, iba de farol.

No iba a convertir la vida de mis hermanos en un infierno por culpa de mi padre, pero solo podía esperar ser lo suficientemente convincente como para que no me viera el farol.

—La elegirías a ella antes que a tu familia.

No dudé.

—Ya lo he hecho.

Me miró como si fuera un desconocido.

Por fin me estaba viendo a través del mismo prisma con el que yo lo veía a él.

Por fin estábamos en la misma onda.

Asintió, se ajustó los gemelos y caminó hacia la puerta.

Se detuvo al abrir la puerta.

—La junta se reúne el viernes —me informó, como si no lo supiera ya—.

Arréglalo antes de entonces o lo haré yo.

La puerta se cerró con un clic tras su marcha.

Me quedé allí de pie un minuto, con los puños tan apretados que mis uñas se clavaron en mi palma, dejando marcas de media luna.

Acababa de amenazar a mi padre por Serena.

Solo había dos resultados posibles.

O la dejaba en paz o me presionaría para ver hasta dónde era capaz de llegar.

Solo podía esperar que mi enfado le hubiera asustado un poco, porque si no, acababa de cometer el mayor error de mi vida.

Ojalá no hubiera puesto a Serena en peligro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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