Reclamada por su marido y sus mejores amigos - Capítulo 31
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- Capítulo 31 - 31 CAPÍTULO 31 ANTES DE QUE EL SILENCIO SE ROMPA
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31: CAPÍTULO 31 ANTES DE QUE EL SILENCIO SE ROMPA 31: CAPÍTULO 31 ANTES DE QUE EL SILENCIO SE ROMPA Esa noche, los guardias registraron los terrenos y la casa dos veces por insistencia de Jared.
Aun así, Jared revisó toda la mansión y luego fue a ver cómo estaba Myla.
Sonrió con ternura al ver que ya estaba durmiendo.
Después, se fue a su habitación.
Permaneció despierto en la penumbra de la habitación, incapaz de conciliar el sueño por mucho que lo intentara.
Contar ovejas no funcionó, como tampoco lo hizo probar diferentes posturas para dormir.
Mientras miraba al techo, su mente repasó los acontecimientos del día.
Por mucho que le gustara el éxito que había alcanzado Hayden, nunca lo envidió.
Ser conocido por tantos y estar siempre en el ojo público no era algo que pudiera disfrutar o soportar, porque la gente era…
gente.
A lo largo de los años, había visto cómo los medios de comunicación siempre encontraban la manera de convertir cada pequeña cosa y error que Hayden cometía en un escándalo.
Desde que hizo pública su empresa hasta su vida amorosa, su matrimonio con Myla y luego su accidente.
Siempre tenían algo negativo que decir.
No diría que los culpaba demasiado porque entendía que la negatividad era lo que vendía, pero, joder, la mayoría de las veces ni siquiera intentaban jugar limpio.
Cuando Hayden estaba soltero, le importaba una mierda lo que dijeran de él los periódicos y los tabloides, pero cuando Myla entró en escena, aprendió a prestar atención rápidamente cuando intentaron pintarla como una zorra cazafortunas.
Jared se rio entre dientes al recordar la forma en que Hayden había ido a por el periodista que escribió el artículo y, cuando terminó de destruir su carrera, fue a por la empresa y todos los blogs que también lo habían publicado.
Nadie había estado a salvo de su furioso ataque.
Podía soportar cualquier cosa que se dijera sobre él, cualquier insulto, pero trazó la línea en su esposa.
Y todo el mundo aprendió rápidamente a no cruzar nunca esa línea.
Volvió a ver a Myla en su mente…
la agudeza de su voz, la fuerza de su mirada.
La forma en que se había plantado frente a las cámaras, impávida y elegante, defendiendo a Hayden como una reina que defiende su territorio.
Dios, era tan hermosa cuando estaba enfadada.
Su polla se agitó y empezó a palpitar bajo la sábana.
Bajó la mano y la apretó como para decirle que tuviera paciencia.
Su mente lo arrastró de vuelta al primer día que la vio en aquel café, hacía años.
Con sus apretadas agendas, él y Beck llevaban casi dos semanas sin quedar con Hayden, así que habían planeado y sacado tiempo para verse, aunque solo fuera un par de minutos.
Para su sorpresa, Hayden había elegido una cafetería local a un par de manzanas del edificio de su oficina para quedar.
Él y Beck estaban sentados frente a Hayden, tomándole el pelo por su elección del lugar, cuando una mirada lejana apareció en los ojos de Hayden mientras se concentraba en algo detrás de ellos.
Preguntándose qué lo tenía tan distraído y absorto, Jared se giró y la vio.
Una mujer morena vestida con un traje de oficina que iba al mostrador a recoger un pedido.
Era guapa de esa manera de bibliotecaria sexi…
Todo curvas suaves y sutiles, y un pelo salvaje y ondulado recogido en un moño que ya se estaba deshaciendo.
Jared sonrió ampliamente y se volvió hacia Hayden.
—Ah, así que esa es la razón, ¿eh?
—le vaciló—.
No me extraña.
Siempre has sabido cómo encontrar joyas ocultas.
Así que…
¿cuál es el plan?
Beck se giró rápidamente al oír su comentario, y luego silbó en voz baja al volverse hacia ellos.
—Joder, sí, hace mucho que no jugamos los tres juntos —murmuró Beck, dándole un codazo—.
Tienes toda la razón, Hay realmente sabe cómo ficharlas —dijo, haciendo un gesto con las cejas hacia Hayden—.
Es nuestro tipo, ¿a que sí?
Hayden solo se rio entre dientes, sin siquiera parpadear o apartar la vista de ella.
Se quedó mirándola fijamente, como si le hubieran dado un golpe entre ceja y ceja.
—Eh, Hay —dijo Beck con incertidumbre al cabo de un par de segundos—.
Tienes que apartar la vista antes de que te vea y piense que eres una especie de bicho raro, tío.
La sonrisa de suficiencia de Jared se desvaneció al observar la mirada en los ojos de Hayden.
Ya entonces, supo en sus entrañas que las cosas no iban a ir como de costumbre.
La mano de Jared se deslizó bajo la manta, mientras el recuerdo se convertía en deseo.
La forma en que sus labios se habían curvado al sonreír al barista.
El vaivén de sus caderas en aquella falda de tubo.
Su polla se endureció al instante.
Se había tragado su deseo y atracción por ella por respeto a los sentimientos de su mejor amigo.
Pasó todos esos años anhelando y sediento de lo que pensó que nunca llegaría a probar.
Y ahora que por fin estaba tan cerca de alcanzar ese sueño, todo parecía ir mal en el universo.
—Joder —murmuró, deslizando lentamente la mano por su miembro, despacio al principio.
La imaginó caminando hacia él, con el chasquido de sus tacones, los ojos brillantes mientras decía su nombre…
Su puño se cerró alrededor de su polla a través de los pantalones cortos del pijama, bombeando más fuerte ahora, las caderas sacudiéndose hacia arriba contra su agarre.
Siempre le había gustado la sensación que le producía el tejido de algodón, seco y áspero.
Era como si activara terminaciones nerviosas que las manos desnudas no podían estimular.
—Sí…
así —gimió, con la voz baja y ronca.
Se imaginó su pelo suelto, su boca abriéndose cuando él la empujara contra la pared…
Probando por fin esa boca de aspecto jugoso.
La cama crujió mientras él se masturbaba más rápido, con el pecho agitado y los músculos tensos mientras perseguía el clímax.
Dios, la había oído gemir antes…
Sabía lo bien que sonaría cuando se deslizara dentro de ella…
La forma en que su coño lo apretaría…
la humedad…
el calor.
Reprimió un gemido, su pecho subiendo y bajando más rápido mientras su agarre se tensaba.
Entonces su teléfono vibró donde lo había dejado caer junto a su muslo en la cama.
Sus ojos se clavaron en la pantalla y se congeló cuando vio el nombre de Myla iluminándola.
El deseo murió al instante, reemplazado por un pavor helado.
¿Por qué lo llamaba si estaba durmiendo a solo un par de puertas de la suya?
Lo agarró al instante.
—¿Myla?
—Jay —dijo ella, susurrando con voz temblorosa—.
Hay alguien en la casa.
Jared saltó de la cama, con el corazón martilleándole en el pecho mientras sacaba su pistola del cajón de la mesilla de noche.
—¿Dónde estás?
—En la despensa.
No podía dormir, así que vine a buscar algo de beber.
Fue entonces cuando lo vi.
—Su respiración se entrecortó, temblorosa—.
Intentó agarrarme, pero pude esquivarlo, corrí a la despensa y bloqueé la puerta con un saco de harina.
Jared ya estaba bajando las escaleras a toda prisa, pistola en mano.
—Quédate ahí.
Ya casi llego.
La voz de Myla se quebró de nuevo a través del teléfono.
—Date prisa…
Entonces se oyó un estruendo, como de madera astillándose.
Su grito rasgó la línea antes de que se cortara.
La sangre de Jared se heló.
—¡¡Myla!!
—gritó sin bajar la velocidad.
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