Reclamada por su marido y sus mejores amigos - Capítulo 58
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58: CAPÍTULO 58 DOS DE DOS 58: CAPÍTULO 58 DOS DE DOS Myla se despertó sintiéndose cálida y enredada entre extremidades y por un momento no supo dónde estaba, solo que el brazo de alguien rodeaba su cintura y otra pierna estaba cruzada sobre la suya.
Abrió los ojos, intentando disipar la somnolencia con el parpadeo mientras trataba de reconocer su entorno.
Al mirar a su lado, se dio cuenta de que era Beck quien estaba pegado a su espalda y el brazo de Hayden la sujetaba con fuerza por delante.
Ya estaba acostumbrada a lo pegajoso que era Hayden al dormir y ahora parecía que también tendría que acostumbrarse a Beck.
Dos hombres sexis abrazándola como si fuera su osito de peluche, ¿qué mujer no soñaría con eso?
La desventaja era la falta de oxígeno y espacio.
Cómo diablos había sobrevivido Jared a ese par de enredaderas disfrazadas de humanos cuando aún estaban juntos era algo que escapaba a su comprensión, pero necesitaba aire.
Intentó incorporarse con cuidado.
Hayden, probablemente porque estaba acostumbrado a sus movimientos después de años juntos, se dio la vuelta y se puso mirando hacia el otro lado.
En cambio, Beck gruñó como si lo estuviera molestando, le apretó el brazo alrededor de la cintura y se acurrucó aún más.
—Dios mío, es incluso más pegajoso que Hayden —masculló Myla por lo bajo mientras intentaba pensar en otra estrategia de escape que no fuera darle un golpecito en la frente para liberarse de su abrazo.
De repente, gimió por lo bajo como si estuviera teniendo un sueño erótico, colocó su muslo sobre el de ella y se apretó contra este.
—Mmm…
Jared —murmuró adormilado, restregándose perezosamente contra el muslo de ella.
Myla se quedó helada, con la cara sonrojada mientras el calor le inundaba el cuerpo al sentir su polla dura restregándose contra su muslo a través de los pantalones cortos.
—Ehm…, ¿B?
—llamó Myla, con voz baja e insegura—.
Despierta.
Beck solo suspiró y se apretó más contra ella.
La voz divertida de Jared llegó desde donde estaba tumbado detrás de Beck.
—Siempre ha sido así.
Cuando éramos más jóvenes, no podía dormir sin aferrarse a algo.
Solíamos bromear diciendo que era mitad enredadera, siempre trepando y enroscándose a nuestro alrededor.
Myla reprimió una risa y susurró: —Ahora mismo acabo de llamarlo enredadera en mi cabeza.
—Beck empezó a frotarse contra su muslo más deprisa.
Ella miró a Jared por encima del hombro de Beck, sin saber cómo reaccionar—.
Cree que soy tú.
—Sí —murmuró Jared, observando con una sonrisa socarrona cómo Beck comenzaba a olisquearle el cuello—.
Y a juzgar por el sonido que acaba de hacer, también cree que huelo muy bien.
La voz de Beck sonó baja y medio dormida, con las caderas aún moviéndose en lentos y perezosos vaivenes.
—Mmm…
¿te has puesto el perfume de Myla?
Es jodidamente sexy…
Esas palabras le provocaron un escalofrío en el estómago a Myla.
Sabía que debía despertarlo, pero no podía apartar la vista.
Había algo primitivo e inocente en su forma de moverse, perdido en un sueño, con la mano apretándole la cadera.
—Oh, esto es oro puro —dijo Jared, intentando no reírse—.
Al menos ahora no tengo que preocuparme de que esta mañana sea incómoda después de lo de anoche.
Beck volvió a gemir, alargó la mano hacia el pecho de ella y la pasó por encima.
Se quedó quieto, sus párpados se abrieron con un temblor y la confusión se reflejó en sus ojos somnolientos cuando su mano apretó una piel suave en lugar de unos pectorales duros.
—Espera —masculló, parpadeando con fuerza—.
¿Por qué tienes…
tetas?
Myla resopló a su pesar y Jared estalló en una carcajada.
Beck se incorporó de golpe, con la cara completamente roja.
—¡Mierda!
Myla, yo…
Dios, ¡lo siento muchísimo!
Yo no…
La voz somnolienta de Hayden interrumpió el caos, su voz mañanera, profunda y ronca.
—No hace falta que te disculpes.
Los tres se giraron hacia él para verlo apoyado en un codo, con el pelo rubio revuelto y los ojos oscuros llenos de picardía.
—Mírala —dijo arrastrando las palabras—.
La has puesto húmeda.
—Hay…
—empezó Myla, pero él ya estaba bajando la mano entre sus muslos.
Sus dedos se deslizaron entre sus pliegues con facilidad, haciéndola gemir, y salieron brillantes.
Les enseñó los dedos, con una sonrisita curvando sus labios.
—¿Lo veis?
La prueba.
Los ojos de Beck se abrieron de par en par, atrapado entre la vergüenza y la excitación.
La risa de Jared se desvaneció, el humor en sus ojos fue reemplazado por algo más pesado, más hambriento.
Hayden se acercó más, su voz era un susurro.
—Chicos, me debéis algo antes de que hoy pase por el quirófano.
Beck arqueó las cejas, con los ojos divertidos.
—Por mucho que odie que me lo recuerden, esa es una herramienta de chantaje cojonuda, tío.
Hayden sonrió sin disculparse, intentando usar la ligereza para reemplazar el miedo que sentía.
Les guiñó un ojo.
—Venga, dejadme hacer esto.
Es algo que llevo tiempo teniendo en la cabeza.
—Su mano se movió de nuevo, deslizándose más profundamente entre las piernas de Myla, rodeando su clítoris mientras ella jadeaba—.
A Myla le encantaría veros a los dos —dijo en voz baja, con los ojos fijos en el rostro de ella—.
¿A que sí, bebé?
Su aliento salía en bocanadas temblorosas.
—¿V…
ver qué?
Aumentó el ritmo de sus dedos.
—Ver a Jay hacer que Beck se corra.
Ella gimió, empujando las caderas hacia delante ante la idea.
—Dios, s…
sí.
Jared se incorporó, atrayendo a Beck hacia él, con la voz ronca.
—¿Estás seguro de esto?
Hayden asintió, su pulgar rodeaba el clítoris de Myla con movimientos lentos y deliberados.
—Sí.
Enséñanos cómo haces que se corra.
Beck se giró ligeramente, sentándose más erguido.
Su pecho subía y bajaba rápidamente por la excitación.
—Hay…
—Hazlo —sollozó Myla—.
Déjame verlo.
Jared sonrió con suficiencia y extendió la mano, cerrando una de sus grandes manos sobre la nuca de Beck, tirando de él hacia su pecho y colocándolo de lado, de cara a ellos.
Luego le puso una mano suavemente sobre la garganta, inclinando su cabeza hacia atrás sobre sus hombros.
Los ojos de Myla se abrieron de par en par cuando la otra mano de Jared se deslizó hacia abajo, deshaciendo el cordón de los pantalones cortos de Beck y sacando su dura polla.
Se lamió los labios, observando cómo recogía el líquido preseminal de la punta y le daba una pasada brusca.
Beck gimió, con la cabeza echada más hacia atrás contra el hombro de Jared.
El sonido hizo que todo el cuerpo de Myla se tensara.
Hayden le apretó la boca contra la oreja.
—Míralos —susurró, hundiendo dos dedos en su centro húmedo, cada vez más rápido—.
Sé que tú también has pensado en esto desde lo de la piscina.
Mira qué bonito es.
La mano de Jared trabajaba a Beck con pasadas lentas y duras.
Cada giro de su muñeca coincidía con el ritmo de los dedos de Hayden dentro de Myla.
El aire se espesó con calor, aliento y los suaves sonidos de la piel contra la piel.
—Dios —jadeó Beck, con las caderas sacudiéndose mientras Jared aumentaba el ritmo.
Sus ojos permanecían fijos en los de Myla—.
Jay…
joder…
—Díselo —murmuró Hayden contra el cuello de Myla—.
Dile lo excitante que es verlos.
La voz de Myla se quebró.
—Es…
Es tan excitante —respiró—.
Verlos a ellos…
veros a todos vosotros.
Los dientes de Jared rozaron la oreja de Beck.
—¿Has oído eso?
Le encanta vernos, B.
Mira lo caliente que la estás poniendo.
Beck dejó escapar un gemido ahogado mientras sus ojos se desviaban hacia abajo, observando los dedos de Hayden entrar y salir de ella.
—Tan húmeda…
Entonces echó la mano hacia atrás, agarró con fuerza la polla de Jared y empezó a masturbarlo a través de sus pantalones cortos.
—…
no pares.
Los dedos de Hayden se curvaron justo en el punto adecuado, y Myla gritó suavemente.
Su cuerpo se arqueó contra él, sus caderas se movían con cada embestida de su mano.
La respiración de Beck se volvió entrecortada, todo su cuerpo se tensó mientras comenzaba a embestir contra el puño de Jared.
—Déjate llevar —le susurró Jared al oído, con voz baja y áspera—.
Córrete para mí.
Beck se corrió con un gemido bajo y entrecortado, derramándose sobre la mano de Jared, con el cuerpo temblando.
La visión de él deshaciéndose y el sonido de su gemido empujaron a Myla al límite también.
Su grito llenó la habitación mientras el nombre de Hayden salía de su boca.
Jared gimió, con los ojos entrecerrados, su cuerpo se estremeció mientras él también se corría…
solo por mirar y por sentir a Beck masturbando su polla.
Por un momento, no hubo nada más que respiraciones pesadas y el débil zumbido del aire acondicionado.
La mano de Hayden permaneció sobre el vientre de Myla, sujetándola contra él.
Jared y Beck estaban sentados frente a ellos, ambos todavía respirando con dificultad.
Había silencio, pero no era incómodo.
Solo suave, pleno, real.
Entonces Hayden soltó una risita temblorosa.
Sorprendentemente, él también respiraba con dificultad.
—Supongo que ya podemos tachar eso de la lista, ¿eh?
Beck soltó una risa cansada.
—Eso ha sido jodidamente excitante…
Myla se giró en los brazos de Hayden, dándole un beso en la mejilla.
Entonces se quedó quieta.
—¿Bebé?
—dijo con voz confusa mientras su mano se movía hacia la entrepierna de él.
Jadeó, con los ojos muy abiertos.
—T…
te…
Te has corrido —susurró asombrada.
Beck jadeó, acercándose rápidamente para ver cómo ella sacaba la mano de los pantalones del pijama de Hayden.
Estaban manchados con su esperma.
Los ojos de todos se abrieron de par en par por la sorpresa.
—¿No lo has sentido?
—preguntó Jared en voz baja.
Hayden negó con la cabeza, con los ojos empañados.
—Yo…
sentí un subidón, eso es todo.
Pensé que era solo la sensación inútil de siempre que suelo tener cuando estoy con My, y que era un poco más intensa por las emociones del momento.
—Miró su esperma en las manos levantadas de Myla con asombro, con la voz subiendo de tono por la emoción—.
No me di cuenta…
Dios mío.
¡Me acabo de correr!
Myla soltó un grito de alegría, le dio un sonoro beso y luego lo abrazó con fuerza, haciendo que cayera de espaldas en la cama.
Él soltó un chillido a media carcajada cuando Beck se unió a ellos.
—Vale…
vale, dejad que el pobre hombre respire —dijo Jared, riendo mientras los levantaba del ahora jadeante Hayden.
Luego atrajo a Hayden hacia sí en un suave beso, acunando su rostro con ambas manos mientras Myla y Beck miraban, sonriendo con ternura.
La calidez entre ellos se transformó en algo más tranquilo…
amor y esperanza.
Eclipsando temporalmente el miedo en sus corazones.
Beck se estiró a través del espacio y apretó a Myla en un abrazo.
Hoy era la cirugía.
Pero por ahora, simplemente respiraban juntos.
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