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Reclamada por su marido y sus mejores amigos - Capítulo 80

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  3. Capítulo 80 - 80 CAPÍTULO 80 AVENTURAS NOCTURNAS
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80: CAPÍTULO 80: AVENTURAS NOCTURNAS 80: CAPÍTULO 80: AVENTURAS NOCTURNAS Jared se encontraba en esa maravillosa duermevela.

El aire aún olía a la actividad que tuvieron antes de dormirse.

Su cuerpo se sentía pesado, pero su mente reproducía fragmentos de la suave risa y los gemidos de su amante, la sensación de su piel…

su sabor en los labios.

Extendió el brazo por instinto, con las manos buscando a Hayden donde debería haber estado durmiendo a su lado, pero sus dedos solo encontraron la fría sábana.

Jared abrió los ojos de inmediato.

La cama estaba medio vacía.

Myla y Beck estaban enredados al otro lado, aún dormidos.

El reloj brillaba marcando pasadas las dos.

Suspiró, se frotó la cara con una mano y luego se inclinó para darle un suave beso en el hombro a Myla.

Ella se removió, pero no se despertó.

Beck masculló algo y la atrajo más hacia él.

Jared sonrió levemente, luego apartó las sábanas y se levantó.

Revisó el espacioso baño, pero Hayden no estaba allí.

Se quedó perplejo, preguntándose dónde podría estar, pues su silla de ruedas seguía en su rincón de carga y los aparatos ortopédicos para las piernas, en su soporte.

Sin embargo, solo una de sus muletas estaba junto a la cama.

Salió de la habitación y siguió la tenue luz que brillaba en dirección al estudio.

Cuando llegó al umbral de la puerta abierta, se detuvo en seco, conmocionado.

Hayden estaba de pie.

Sin muletas.

Sin aparatos ortopédicos.

Solo la única muleta apoyada junto a su escritorio, olvidada.

Observó, con una conmoción creciente, cómo Hayden caminaba con cuidado y paso inseguro hasta el mueble donde guardaba el brandy, se servía un vaso y se lo bebía de un trago como si fuera medicina.

Luego se sirvió otro, ignorando el leve temblor de sus manos.

—¿No le vas a ofrecer a tu mejor amigo un trago de tu reserva especial de brandy, Hay?

—dijo Jared en voz baja, apoyado en el marco de la puerta, con unas profundas pinceladas de color que resaltaban sus pómulos y la ira centelleando en sus ojos.

Hayden se giró, sobresaltado.

—Jay.

Luego, bajó la vista hacia el brandy que se arremolinaba en su vaso, cerró los ojos brevemente con dolor y frustración, y apuró el brandy de un trago.

—Sírvete tú mismo.

Mi reserva especial de brandy siempre ha estado a tu disposición.

Siempre lo estará.

—¿Sírvete tú mismo?

¿¡Eso es todo!?

—Jared negó con la cabeza con asco, su voz convertida en un gruñido grave mientras entraba en el despacho—.

Maldita sea, tío, no merecemos que nos trates así.

Hemos estado ahí para ti, siempre que nos has necesitado.

¡¿Y aun así no confías en nosotros para contarnos que puedes caminar sin puta ayuda?!

—Yo…, solo necesitaba moverme un poco —dijo Hayden en voz baja mientras se dejaba caer lenta y dolorosamente en una de las sillas.

—¿Sin tus aparatos ortopédicos?

—Jared entró, entrecerrando los ojos—.

Podrías caerte.

¿Desde cuándo puedes caminar así?

Hayden vaciló.

—Un mes.

—¿Un mes?

—la voz de Jared decayó, en parte incrédula, en parte dolida—.

¿Nos has estado ocultando eso?

Hayden suspiró, pasándose una mano por el pelo.

—No quería decir nada hasta estar seguro.

Quería daros una sorpresa cuando pudiera caminar bien.

—¿Bien?

—el tono de Jared se suavizó, pero conservó un punto de dureza—.

Te has estado matando en terapia, fingiendo que todavía te costaba, y nosotros pensábamos que estabas estancado.

Deberías habérnoslo dicho.

Hayden desvió la mirada.

—Quería ser perfecto primero.

Quería daros algo bueno, no otra recuperación a medias.

Jared negó con la cabeza.

—¿Ser perfecto?

—repitió—.

Ya estás otra vez.

La voz de Hayden sonó débil.

—A veces siento que lo único que traigo son preocupaciones.

Que todos vosotros renunciasteis a tanto por mi culpa.

No quería seguir siendo la razón por la que todo el mundo vigila cada paso que doy.

La ira de Jared se disipó, reemplazada por algo más pesado.

Se acercó más y acunó el rostro de Hayden entre ambas manos.

—¿Jodido idiota, cuándo vas a cambiar?

—dijo en voz baja—.

A ninguno de nosotros nos importa la perfección.

Te queremos igualmente.

—Luego suspiró con frustración—.

Me estoy cansando de cantar la misma canción una y otra vez, Hay.

Abrumado por la emoción y el agotamiento físico, las manos de Hayden se alzaron y cubrieron las de Jared sobre sus hombros, apretándolas con fuerza.

Intentó hablar varias veces, pero no lo consiguió, como le solía pasar cuando se estresaba.

Una secuela de la operación.

Respiró hondo, con los ojos brillantes.

—Lo siento.

—¿Sabes lo que de verdad me jode?

Que debería habérmelo esperado —dijo Jared, sonriéndole a Hayden con afectuosa diversión—.

Siempre te las has arreglado para hacer lo imposible, ¿verdad?

Hayden soltó una risita de alivio.

Jared se inclinó hacia delante hasta que sus frentes se tocaron.

Acarició el rostro de Hayden con una mano y lo miró profundamente a los ojos.

—Se acabaron los secretos.

Prométemelo.

Hayden vaciló.

—P…, ¿podemos, por favor, mantener esto entre nosotros por ahora?

Jared le frunció el ceño de inmediato.

Antes de que pudiera decir una palabra, Hayden le agarró la mano con fuerza, mirándolo con ojos suplicantes.

—Por favor.

Quiero darles una sorpresa.

Solo algo bueno…, una buena noticia para ellos después de todo esto.

Por favor.

Jared dudó, mirándolo durante un rato antes de que su mirada por fin se suavizara.

—Odio tener que ocultarles cosas.

Pero entiendo lo que quieres.

—Se pasó la mano por el pelo—.

Vale, pero mantenme al tanto.

Hayden le sonrió, luego se alzó y depositó un beso en sus labios.

—Muchas gracias.

Jared sonrió levemente, acariciando la mandíbula de Hayden con el pulgar.

—Ahora, volvamos a la cama antes de que te desplomes.

Con lo que estás temblando, parece que te has esforzado demasiado.

—Puedo caminar.

Jared miró sus piernas temblorosas y enarcó una ceja.

—Claro que puedes.

Antes de que Hayden pudiera protestar de nuevo, Jared se agachó y lo levantó en brazos con facilidad.

Hayden dejó escapar un jadeo de sorpresa.

—Jay…

—Ni se te ocurra empezar —murmuró Jared—.

Ya has hecho suficiente por esta noche.

Hayden se rindió y apoyó la cabeza en el hombro de Jared.

—Siempre me olvido de lo fuerte que eres.

Jared rio por lo bajo.

—No se lo menciones a Beck.

Me retará a una competición.

La mano de Hayden se aferró a la camisa de Jared, su respiración era entrecortada ahora…

el precio de haberse excedido.

—¿Lo ves?

—dijo Jared—.

Estás agotado.

—Sí —susurró Hayden—.

Pero me sentí bien.

Volver a caminar por mi cuenta, sin ayuda.

—Lo entiendo —dijo Jared—.

La próxima vez, te supervisaré.

Hayden sonrió levemente y cerró los ojos.

—Trato hecho.

Cuando volvieron a la habitación, Beck se removió mientras Jared depositaba a Hayden con cuidado en la cama.

—¿Está todo bien?

—masculló Beck, con la voz todavía pastosa por el sueño—.

¿Adónde habéis ido?

Jared miró a Hayden, que le dedicó una pequeña sonrisa de culpabilidad.

Compartieron una silenciosa complicidad.

—Solo lo he llevado a tomar un poco de aire fresco —dijo Jared suavemente—.

Vuelve a dormir.

Beck asintió, ya medio dormido de nuevo.

—Vale —masculló, y apretó el brazo alrededor de Myla, atrayéndola hacia él, y se quedó dormido.

Hayden movió los labios para decir «gracias».

Jared le ayudó a meterse bajo la manta, luego se inclinó y lo besó, lenta y cálidamente.

—Se acabaron las aventuras de medianoche —susurró.

La mano de Hayden le rozó la mejilla.

—Entendido.

Jared se tumbó a su lado y lo atrajo hacia sí hasta que la cabeza de Hayden descansó sobre su pecho.

El sonido de una respiración acompasada volvió a llenar la silenciosa habitación.

Durante un rato, ninguno de los dos habló.

Entonces, Jared susurró: —Estoy muy orgulloso de lo lejos que has llegado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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