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Reclamada por su marido y sus mejores amigos - Capítulo 93

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  3. Capítulo 93 - 93 CAPÍTULO 93 EL EFECTO OAKLEY
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93: CAPÍTULO 93: EL EFECTO OAKLEY 93: CAPÍTULO 93: EL EFECTO OAKLEY —Lo conseguimos —dijo Jared en un susurro asombrado, arrojando una copia impresa de un contrato sobre la mesa de centro esa mañana con un gruñido que intentó sonar casual y fracasó por completo.

Las últimas semanas habían traído un cambio lento y progresivo que todos en la casa podían sentir, y todo había comenzado con el primer artículo que hablaba de la presencia de Beck con los Oakleys en su gala benéfica.

Beck se quedó mirando el documento como si fuera una alucinación.

—Joder —susurró—.

De verdad que lo conseguimos.

M-G Security acababa de conseguir el contrato más grande de la historia de su empresa.

Un acuerdo híbrido plurianual y multimillonario entre el sector público y el privado para ser el servicio de seguridad principal para dignatarios y celebridades importantes que triplicaba de inmediato su credibilidad en la industria.

Myla chilló de alegría y saltó a los brazos de Jared.

Hayden se rio mientras veía cómo él la hacía girar.

Beck se pasó una mano por el pelo, aún con aspecto aturdido.

—¿Ni siquiera nos preseleccionaron ninguna de las veces que nos presentamos en los últimos años.

¿Qué ha cambiado?

—Porque ya era hora —respondió Hayden—.

Habéis trabajado muy duro y no tenéis más que buenas críticas.

Solo era cuestión de tiempo que no tuvieran más remedio que reconocer el valor de vuestra empresa.

—Bueno, es cierto —dijo Jared con una sonrisa ladina, volviendo a sentar a Myla después de besarla—.

Pero también porque el perfil de nuestra empresa se disparó después de la gala.

A la gente le encantan los escándalos.

Los rumores de que Beck era el amante ayudaron más de lo que cualquier presupuesto de marketing podría haberlo hecho jamás.

La actriz esa que tuiteó la foto de B y se deshizo en elogios sobre lo buenos que están los guardias «personales» de Myla nos trajo un montón de clientes de alto nivel.

—Bueno, sí, no podemos obviar eso —añadió Hayden—.

Pero si a esos clientes de alto nivel no les hubiera encantado la profesionalidad de vuestra empresa, no habrían dejado unas recomendaciones tan brillantes.

—Muy cierto —convino Myla, asintiendo—.

La publicidad ayudó, pero vuestro trabajo duro y vuestra valía fueron los que cerraron el trato.

Beck dejó escapar un quejido dramático.

—Lo juro, como otro artículo publique una foto sugerente más de mí, demando a alguien —se quejó—.

He visto tantos posts sobre mi culo y mi cuerpo que empiezo a sentirme como un trozo de carne.

Los demás se rieron de sus quejas dramáticas.

Clavó la vista en Jared.

—Y tú, no es justo —dijo, señalándolo—.

¿Por qué lo mío va sobre mi cuerpo, pero en lo tuyo la gente solo se deshace en elogios sobre lo genial y distante que te ves…?

Tipo papi cachas.

¡Hasta he visto vídeos comparándote con Nanami!

Las risas se intensificaron hasta tal punto que Hayden casi se cae de la silla.

Durante las últimas semanas, los medios de comunicación habían hurgado sin descanso en la vida de los hombres, sin encontrar nada concreto, pero amplificando cada rumor.

Y como nadie del cuarteto había emitido un comunicado ni había publicado nada en las redes sociales para desmentir las «alarmantes acusaciones» de una relación compleja, la especulación pública se había desbocado hasta convertirse en una auténtica fantasía.

Los únicos «trapos sucios» que la prensa encontró fueron fotos de la infancia de los tres chicos: instantáneas incómodas y granuladas de ellos de fiesta juntos al final de la adolescencia, con un aspecto duro y travieso.

Los medios se hicieron eco de ellas, presentándolos como una «banda de hermanos» muy unida que siempre lo había compartido todo, insinuando un enredo romántico de por vida.

Al público le encantó esa narrativa tan dramática.

Salieron a la luz fotos antiguas: un Jared adolescente fulminando a la cámara con un cigarrillo, Beck con el pelo teñido de rubio y un brazo alrededor de Hayden, los tres sin camiseta en una playa con botellas de alcohol a sus pies, e incluso fotos antiguas de ellos en sus orfanatos.

A mucha gente le encantó su historia de superación.

Tres niños huérfanos cuya amistad se convirtió en hermandad a medida que crecían hasta convertirse en magnates de sus respectivas industrias.

Lo que reventó internet fue que antiguos ligues suyos empezaron a contar que les encantaba compartir mujeres para líos de una noche.

Todos los blogs se convirtieron en un santuario de teorías conspirativas.

«¿Están los Oakleys en una relación poliamorosa?»
«¿Quién es el hombre moreno que siempre está tocando a Myla Oakley?»
«¿Es Beck Garner su guardaespaldas o su amante?»
A Myla le dio un ataque de risa tan fuerte que lloró después de ver un caótico montaje en TikTok que la «shippeaba» con Jared contra su «ship» con Beck.

—Es ridículo, pero nos está haciendo ganar millones —reconoció Beck.

A Jared no le hacía tanta gracia.

—Tenemos que emitir un comunicado.

Esto se nos está yendo de las manos.

Jared dejó de mirar el móvil, con expresión seria.

—Oye, Myla, ¿no crees que deberíamos publicar un comunicado sencillo antes de que esto se nos vaya de las manos?

¿Podríamos decir que somos socios y buenos amigos, y nada más?

Myla le puso la mano en el brazo, con la mirada clara y firme.

—No —declaró con sencillez—.

No pienso hacerlo.

No me avergüenzo de mi vida ni de mi felicidad.

No nos estamos escondiendo.

¿Por qué iba yo a sacrificar nuestra verdad para que gente que ni conozco ni me importa se sienta cómoda?

La habitación se quedó en silencio.

Beck se quedó helado.

Jared parpadeó.

Hayden la miró fijamente como si acabara de decirle que lo amaba por primera vez.

Se inclinó hacia ella y le dio un beso largo, tierno y agradecido que expresaba a la perfección el alivio que sentía.

Jared fue el siguiente.

Se inclinó sobre ella, le acunó el rostro entre las manos y la besó con la misma intensidad.

Mientras el beso de Myla y Jared se intensificaba, la mirada de Beck saltaba de ellos a Hayden.

Hayden los observaba de cerca, atento al beso, pero sus ojos miraban sus labios entrelazados con un hambre familiar y posesiva.

Beck tomó una decisión en una fracción de segundo.

Se adentró en el espacio de Hayden, salvando la pequeña distancia que los separaba, y atrapó su boca con un beso.

Hayden se quedó paralizado un segundo, sorprendido; después, su respuesta fue puro deseo incontenible.

Agarró a Beck por las caderas y tiró de él para acercarlo, aceptando el beso con una energía desesperada y reprimida.

El beso se volvió más ardiente, sus alientos se mezclaron y sus manos se aferraron al otro.

Myla se apartó de la boca de Jared y se quedó mirando, sin aliento.

Beck se tragó el suave gemido de Hayden y deslizó una mano hacia abajo, envolviéndole la polla a través de los pantalones de chándal.

Hayden jadeó contra sus labios y empujó la cadera hacia arriba, contra la mano de Beck, con el cuerpo reaccionando al instante, desesperado.

Jared observaba con ojos oscuros y entornados.

Myla apenas podía respirar.

Esa necesidad en estado puro en el rostro de Hayden…, la forma en que se aferraba a la muñeca de Beck…, la pura excitación que lo hacía temblar… Todo aquello le provocaba algo en el bajo vientre que no se esperaba.

Hayden apartó la boca bruscamente, jadeando, con el pecho subiendo y bajando a toda prisa.

Parecía aturdido, deshecho, ya duro en la mano de Beck.

Miró a Myla con incertidumbre, como si no supiera qué hacer a continuación, y ella pudo ver el anhelo y la pregunta silenciosa en los ojos de su marido… la petición de permiso tácita.

Ella tenía los ojos desorbitados por la lujuria y esbozó una lenta sonrisa depredadora.

Se acercó más, rozándole la mejilla con los dedos.

—Esto es jodidamente excitante —murmuró contra la boca de él, con la voz ronca y baja—.

Quiero que sigáis.

Quiero veros.

Los ojos de Hayden se oscurecieron hasta convertirse en pura hambre fundida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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