Reconquistar el Corazón de la Luna Rechazada - Capítulo 2
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
2: Capítulo 2 2: Capítulo 2 Liam
Estaba llamándome otra vez.
Lyra.
Era la décima vez esta noche desde que me fui a ver a Evelyn.
Y ahora, sentado en el asiento trasero de mi coche, con el humo de mi cigarro cubano enroscándose en el aire, mis pensamientos divagaban.
Hoy era nuestro tercer aniversario de bodas, pero me negaba a ir a casa.
Mi conciencia me remordía sin descanso.
Mi lobo, Aries, el idiota, no paraba de gruñirme.
Sabía lo que quería, pero no iba a cambiar de opinión.
Solo pensarlo me hacía estremecer.
Nunca más.
Dejé que Lyra me engañara una vez, bajé la guardia y me dejé cegar por mis más bajos instintos.
Estuve a punto de bajar la guardia de nuevo cuando la vi esta noche vestida con esa lencería de encaje rojo, la que le regalé en nuestra luna de miel.
El color hacía que su piel clara brillara como si estuviera iluminada desde dentro, y bajo el encaje, sus curvas apenas se ocultaban…
Me golpeó su aroma, una mezcla veraniega de jazmín y melocotón, aunque algo más ligero que antes.
Por un segundo, la única palabra en mi cabeza es…
mía.
Fue el aroma lo que me transportó de vuelta a nuestros momentos íntimos, cuando ambos estábamos al borde del orgasmo, perdidos en una maraña de calor, deseo y pura lujuria.
Fue el mismo aroma que me había nublado la mente, cinco años atrás, cuando entré en el despacho de su padre, y ese olor me golpeó como un mazazo, tentador y embriagador.
Mi lobo, Aries, normalmente un ser muy taciturno, se había vuelto loco con el aroma, dando vueltas de emoción ante la anticipación de conocer por fin a nuestra compañera por primera vez.
Y cuando mi mirada se posó en la hermosa castaña que estaba encaramada en el escritorio del Alfa Stone, observándome con una curiosa inclinación de cabeza, supe con total certeza que era mi compañera.
Casi me ahogué en el recuerdo.
Por un momento, no era el hombre que buscaba venganza.
No era el alfa ahogado en resentimiento.
Era solo Liam.
Pero sabía que esto era solo un sueño ridículo.
Un sueño del que me arrancaron fría y despiadadamente el día que me avisaron para que fuera a reclamar el cuerpo de mi hermana.
Elena.
Mi princesita.
La bella, inteligente y amable Elena, con una sonrisa que podía derretir hasta el corazón más corrupto.
Obligaba a Aries, mi lobo, a escuchar sus fantasías alocadas cuando estaba feliz y le susurraba secretos cuando estaba de bajón.
Pensé que la vida sería así de estable y pacífica, para siempre.
Cuando recibió a su loba, Elena se volvió imparable, siempre ansiosa por transformarse y salir a correr por el bosque.
Yo solía acompañarla, y pasábamos horas en nuestra forma de lobo mientras yo le enseñaba lo básico sobre ser un lobo.
Sin embargo, mis deberes con la manada fueron consumiendo poco a poco el tiempo que pasábamos juntos, y nuestras carreras se hicieron cada vez menos frecuentes.
El día que desapareció, me rogó que fuera a correr con ella, pero yo tenía deberes de la manada que atender y no pude ir.
Le prometí que iríamos otro día y ella se enfadó.
En ese momento no le di importancia, pero mal sabía yo…
Nunca esperé que la siguiente vez que la vería, un año atrás, sería para identificar su cadáver.
El cuerpo que yacía en la mesa de la morgue tenía la piel horriblemente veteada y agrietada por haber estado en el mar durante un tiempo, los moratones cubrían todo su cuerpo y tenía por todas partes cicatrices que nunca sanarían.
Por si fuera poco, el forense me informó de que Elena estaba embarazada en el momento de su muerte.
¡Joder!
Una oleada de amargura y furia cruda en mi pecho.
Usé todas mis conexiones, toda mi fuerza, solo para descubrir que todas las pruebas apuntaban al Alfa Stone: el padre de Lyra, el padre de mi compañera.
El mismo alfa elogiado por todas las manadas como el epítome de lo que un alfa debe ser y un gran filántropo era el mismo cabrón que mató a mi hermana.
Grave.
Jodido.
Error.
En menos de seis meses, había trabajado sutilmente entre bastidores y convertido su vida en un infierno en la tierra, y aún no había terminado.
Había destruido su vida, su negocio, su manada y su salud.
También destruiría a la persona que más ama: su preciosa hija, Lyra.
Ese día, cuando volví a casa, abrí la puerta, y la cálida luz amarilla se derramó en el pasillo.
Lyra, como de costumbre, abrió los brazos de par en par, esperando mi abrazo.
Me quedé mirando su rostro y este hogar que una vez juré proteger.
En ese momento, parecían falsas ilusiones angelicales, brillantes y puras, mientras yo me encontraba en el abismo, deseando arrastrarlos a todos al fango conmigo.
Entonces supe que ninguno de los dos podría volver al falso y pacífico pasado.
Nunca volvería a amarla.
La odiaba.
Mi teléfono sonó de nuevo, devolviéndome a la realidad.
Seguía siendo ella.
Apretando los dientes, pulsé rechazar.
—Llévame a casa de Evelyn —le ordené a mi chófer, Chris.
En un instante, el vehículo se alejó del lugar a toda velocidad.
*
Lyra
Me desperté a la mañana siguiente en una cama vacía.
Liam no había vuelto a casa anoche.
Buscando mi teléfono a tientas, entrecerré los ojos para mirar la pantalla cuando de repente sonó.
Salí de la cama de un salto, con el corazón acelerado.
Era el hospital.
—Srta.
Montrel —dijo una enfermera con voz apresurada—, su padre está teniendo un ataque.
Se me encogió el corazón y las piernas me flaquearon.
Oh, no…
no.
Esto no podía estar pasando ahora.
No era la primera vez que mi padre sufría un ataque.
A causa de un accidente que lo dejó gravemente herido, hasta el punto de que su lobo no pudo curarlo por completo, había estado sufriendo estos ataques que no dejaban de empeorar, desafiando cada tratamiento que probaban.
—¿Está bien ahora?
—Me temo que no.
Hay que trasladarlo a la UCI de inmediato para prepararlo para una cirugía de urgencia.
—De acuerdo.
Entonces, trasládenlo.
Yo…
—No podemos trasladarlo, señora —me interrumpió la enfermera con delicadeza—.
La cirugía cuesta cinco millones de dólares y el hospital no puede proceder sin un depósito.
Se me cayó el alma a los pies.
¡¿Cinco millones de dólares?!
¿De dónde demonios iba a sacar eso?
Apenas me quedaban unos pocos miles en mi cuenta, ya que las facturas se habían llevado lo último que tenía.
—De acuerdo —dije, tragando saliva—.
Ya voy de camino con el depósito.
Solo deme un par de minutos.
Me preparé en un santiamén y corrí al hospital.
Cuando llegué, me entregaron una tablilla con papeles para que firmara.
Después de hacerlo, vacié mi cuenta bancaria, depositando hasta el último de mis fondos.
Luego, los seguí mientras llevaban a mi padre en una camilla a la UCI.
Se veía tan pálido y frágil.
Lloré y le recé a la diosa Luna para que lo salvara.
Cuando empezó la cirugía, salí fuera, con la intención de usar el tiempo libre para llamar a la única persona que podía ayudarme con el resto del dinero.
Liam.
Era el único nombre que se me ocurrió después de devanarme los sesos.
Respondió al tercer tono.
—Ho…
—empecé, pero me cortó—.
¿Qué quieres, Lyra?
—espetó con un tono áspero y frío.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com