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Reconquistar el Corazón de la Luna Rechazada - Capítulo 200

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Capítulo 200: Capítulo 200

Liam

Los labios de Elena se curvaron ante mi pregunta.

—Claro, tenías que volver a sacar a esa zorra que lo arruinó todo —siseó.

¿Zorra? Había llamado zorra a Lyra. De verdad la odiaba.

—Lyra no arruinó nada —dije en rápida defensa.

—Oh, claro que lo hizo. Ella lo tenía todo mientras yo no tenía nada. La querías más a ella que a mí, tu propia sangre. Es decir, era blanda, obediente, indefensa, igual que Madre. Así es como querías que fuera yo. ¿No es así?

¿Qué coño estaba diciendo?

—¿Qué estás diciendo, Elena? Esto no es verdad. Esa no eres tú.

—Oh, ahórrame esa mierda. ¿Crees que me conoces? No sabes una mierda de mí, Liam. ¿Pero cómo ibas a saberlo si me dejaste allí? Con ella.

—¿Con quién?

—¡Madre! —gritó con tanta ira y tan fuerte que varias cabezas se giraron hacia nosotros.

—Elena…

Se rio y se secó la cara. Una lágrima le había resbalado por la mejilla.

—Dices que me quieres, que te preocupabas por mí, pero cuando llegó el momento de elegir entre yo y tus preciados sueños de ser Alfa, elegiste lo segundo. ¿No es verdad?

Lo era.

—¿Sabes que Madre perdió la cabeza después de que te fueras? ¿Sabes lo que me hizo a mí también? No, no lo sabes, pero te lo contaré ahora —su voz temblaba—. Madre se ahogaba en sus drogas y me dejaba sola durante días sin comida. Cuando se acordaba de mí, y yo le pedía una comida decente, ¿sabes lo que hacía? Me llamaba desagradecida de mierda, una carga, y luego me daba una paliza de muerte. Si me negaba a llorar, me asfixiaba hasta que las lágrimas se me escapaban a la fuerza de los ojos y casi me desmayaba. Me hundía la cabeza bajo el agua solo para oírme forcejear y gritar. Me quemaba la piel con las colillas de sus cigarrillos para que yo gritara de agonía. Se colocaba con sus drogas y con mi dolor.

—¿Qué? No. No, eso no es verdad.

—¿Así que ahora soy una mentirosa?

—No. No es eso. Es solo que… —me negaba a creerlo—. Volvía todos los meses a ver cómo estabas. Nunca dijiste nada. Parecías estar bien.

—¡Pues claro que parecía estar bien! —espetó—. ¿Qué otra opción tenía? Si me atrevía a decirte una sola palabra de lo que me hacía, me torturaría aún más después de que te fueras. ¿O era que cada noche, justo antes de que vinieras, me abrazaba, me besaba la frente y me ofrecía una galleta de chocolate? Soltaba mentiras sobre cómo iba a cambiar, y sobre cómo tenía que mantener la boca cerrada y no decir nada, y yo, tonta de mí, por supuesto que la creía. Por supuesto que intentaba parecer que estaba bien.

No. No. No.

—Me dejaste con un monstruo, Liam.

—Yo… yo no lo sabía.

—Exacto. Tú nunca sabes nada. Pero esto sí que lo sabes: cada vez que venías, prometías que vendrías a por mí, que me llevarías a Blue Ridge contigo, pero nunca lo hiciste.

—Oh, dioses…

—Aprendí a dejar de esperar que tú o cualquier otra persona me salvara. Aprendí a sobrevivir…, a aguantar…, a encontrar incluso un extraño placer en el tormento. Se convirtió en algo normal para mí, un pasatiempo. Yo…

Ella seguía hablando, pero yo me desconecté. No podía seguir escuchando. Las lágrimas que me quemaban en el rabillo de los ojos se derramaron una a una, y aparté la vista de ella. Realmente lo había pasado mal. Mi hermana pequeña a la que amaba, la que abandoné, lo había pasado peor. Y toda la amabilidad, la inocencia e incluso las sonrisas infantiles que me había mostrado cada vez que iba a verla, todo había sido una fachada. Una actuación. Había mantenido a buen recaudo el dolor y la agonía a los que se enfrentaba, y eso fue lo que la convirtió en lo que era ahora. Había querido preguntarle cómo se había convertido en esa persona…, en ese ser desalmado, despiadado y malvado. Pero ahora no lo haría porque ya tenía la respuesta, y la culpa me carcomía.

Mierda.

Pero, aun así, podría haber dicho algo. Yo no era distante. Nunca mostré ningún comportamiento ni dije nada que le hiciera pensar que no podía confiar en mí. Entonces, ¿por qué no me dio al menos una pista?

—Podrías haber dicho algo, Elena. Podrías haberlo hecho.

Se rio.

—¿Y qué habrías hecho, Liam? ¿Eh? ¿Llevarme contigo? No creo que lo hubieras hecho. No cuando tenías el título de Alfa y a tu dulce Luna a la espera al alcance de la mano. No ibas a poner en peligro tu futuro por tu tonta hermana pequeña, ¿o sí?

Me quedé en silencio, incapaz de responder.

—Claro.

Volvió a reír.

—Ahora le doy las gracias a la diosa luna por haberme ido hace tantos años.

Sus palabras me quemaron y di un respingo. No podía estar diciendo lo que yo creía que estaba diciendo.

—Sí —añadió, como si me leyera la mente—. Fui yo quien huyó voluntariamente. No me secuestraron, hermano. Me fui por mi propia voluntad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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