Reconquistar el Corazón de la Luna Rechazada - Capítulo 36
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36: Capítulo 36 36: Capítulo 36 Lyra
Era tarde cuando llegué a la casa de la manada.
Liam no estaba en casa.
Me lo dijo una sirvienta omega.
—El Alpha Liam no se encuentra en este momento —dijo—.
¿Le gustaría esperar?
Acepté, demasiado cansada como para negarme, y me condujo a la sala de estar.
Mientras esperaba, mi mirada recorrió el lugar.
Nunca dejaría de sentir nostalgia cada vez que venía aquí.
Perdida en mis pensamientos melancólicos, oí unas risitas suaves que venían del pasillo y me giré justo a tiempo para ver a otra sirvienta que llevaba a un niño en brazos.
Xavier, el hijo de Liam y Evelyn.
—Luna…, Srta.
Lyra —saludó cordialmente, corrigiéndose cuando casi se le escapa.
—Hola —respondí y esbocé una pequeña sonrisa, con la mirada fija en el niño que sostenía.
Era muy guapo, con rizos oscuros, grandes ojos marrones y una cara regordeta.
Se parecía tanto a Liam, era un calco.
Algo que creía haber enterrado el día que perdí a mi cachorro se hinchó dolorosamente en mi pecho.
Ver a este bebé inocente dolía.
Dolía muchísimo.
El bebé me miró y sonrió ampliamente, mostrando sus dientes espaciados.
—¡Mamá!
Me quedé helada.
—¿Qué…
acaba de llamarme?
—Mamá —respondió la niñera—.
Xavier debe de haberla confundido con la Srta.
Evelyn, Luna.
Creo que le ha caído bien.
¿Ve?
Está extendiendo los brazos hacia usted.
Y así era.
Ajustó la forma en que lo sostenía.
—¿Quiere cogerlo?
Es muy tranquilo.
No la molestará.
No.
Asentí.
—Claro.
—Algo me arrastraba hacia él.
Me lo entregó, y el bebé se acomodó en mis brazos con facilidad, como si ese fuera su lugar.
Me ardieron los ojos mientras lo levantaba en el aire de forma juguetona, haciéndole arrumacos.
Debería haber sido mío.
No este en concreto.
Pero yo debería haber tenido uno como él.
Si no hubiera sido por aquella noche horrible…
y el aborto espontáneo que me lo arrebató todo…, yo debería haber tenido mi propio bebé.
—Antes de que se me olvide —dijo, entregándome un platito—.
Aquí tiene un pastel de miel.
Lo ha hecho la Srta.
Evelyn.
Dijo que le gustaría.
Miré el pastel.
—¿Miel, eh?
El niño arrugó la nariz cuando se lo ofrecí, y yo me reí suavemente.
—¿Qué?
¿A ti tampoco te gusta el pastel de miel?
Supongo que ya somos dos.
A mí me da un picor de locos.
Siempre digo que es la maldición de la Luna sobre mi linaje.
Se rio, pero al final le dio un mordisco cuando se lo ofrecí de nuevo.
Pero, de repente, ocurrió algo extraño.
Sus labios se crisparon y dejó de soltar eructitos contra mi pecho.
—¿Xavier?
—Me incliné—.
Oye…, ¿estás bien?
Empezó a toser.
—¿Xavier?
Siguió tosiendo.
—Xavier, respira.
Vamos, pequeño, mírame.
Su cara se estaba poniendo roja y pequeñas ronchas empezaron a aparecer en su piel.
—Diosa de la Luna…
—Me levanté rápidamente, sin soltarlo—.
Vamos, Xavier.
Respira despacio.
La niñera, a mi lado, entró en pánico.
—¡Oh, Luna!
¡Se…
se está hinchando!
Sus labios…
—Lo sé.
Yo…
tenemos que llevarlo corriendo al hospital.
¿Dónde está…?
—¿Qué está pasando aquí?
—retumbó una voz fría y acusadora a mi espalda y me quedé quieta, girándome lentamente.
Evelyn.
Estaba de pie junto a la puerta, fulminándonos con la mirada tanto a mí como a la niñera.
—¿Qué le has hecho a mi hijo?
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