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Reconquistar el Corazón de la Luna Rechazada - Capítulo 49

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49: Capítulo 49 49: Capítulo 49 Liam
Salí del salón y el parloteo y las risas se desvanecieron a mis espaldas.

Necesitaba aire.

Pensé que la brisa fresca me ayudaría a despejar la cabeza, pero no sirvió de nada.

Por alguna razón, la imagen de Lyra con ese despampanante vestido rojo se negaba a abandonar mi mente.

Parecía etérea.

Sabía que no debía pensar en ella de esa manera, y menos esta noche.

Joder, casi esperaba que Aries me regañara por ello.

Pero, por supuesto, cuando se trataba de Lyra, se convertía en un lobo Alfa sin brújula moral.

Exhalé, intentando despejar mi mente.

Necesitaba que su imagen desapareciera, pero permanecía ahí.

Tenía el cuello rígido y los músculos tensos.

Me obligué a tragar saliva como si eso fuera a aliviar la tensión de alguna manera.

Pero, hiciera lo que hiciera, solo la veía a ella.

Sabía que estaría aquí esta noche.

Es decir, le dije que podía venir.

Pero cuando la vi por primera vez, justo antes de que desapareciera del salón, casi caigo de rodillas por el deseo.

Parecía una maldita diosa.

Y con cada segundo que pasaba sin que me acercara a ella, sentía como si un veneno se derramara por mi garganta.

La forma en que el vestido rojo se ceñía a su cuerpo…, la forma en que sus dedos, delgados, nerviosos pero hermosos, agarraban con inquietud su bolso de diamantes.

Se movía como si no tuviera ni idea de lo que me estaba provocando.

Su piel brillaba bajo las luces del candelabro y su pelo, peinado en suaves rizos que enmarcaban su bonita cara ovalada, me daban ganas de pasar los dedos por él.

Parecía más delgada.

Más delicada.

Pero seguía siendo hermosa.

Seguía siendo…

Lyra.

Me asombraba que, después de todo lo que habíamos pasado, aún pudiera dejarme sin aliento.

Exhalando de nuevo, me di la vuelta para contemplar el tranquilo entorno.

Este lugar era apacible, a diferencia del salón de fiestas que bullía de música y risas.

Pero entonces me quedé helado.

Mis ojos se toparon con la única persona que había estado intentando sacar de mi cabeza toda la noche.

Lyra.

Estaba de pie en una esquina del balcón, concentrada en el hombre que tenía a su lado.

Él llevaba un traje negro y un reloj de oro.

Entrecerré los ojos.

Me resultaba bastante familiar.

El hombre inclinó un poco la cara y pude verle mejor el rostro.

El reconocimiento fue inmediato.

Lewis Dean.

El Heredero del Alfa de la manada Grayfire.

Sabía que me resultaba familiar.

Repasé lentamente el borde de mi copa de vino, con los ojos fijos en ellos.

Lewis se acercó, se inclinó y le susurró algo al oído a Lyra.

Mis ojos se encendieron.

Apreté con más fuerza la copa de vino.

Aries gruñó en mi interior.

Su ira igualaba la mía.

«Ese hombre está tocando a nuestra compañera», gruñó.

Su voz sonaba tensa.

Tuve que luchar contra él para que no se liberara; quería hacer pedazos a Lewis.

Apreté y relajé la mandíbula.

Mantener el control era algo que había aprendido toda mi vida.

Y no estaba dispuesto a perderlo.

No por ella.

O…

¿acaso lo haría?

Un calor me recorrió la espina dorsal cuando se rio de algo que dijo el imbécil.

Incluso volvió a inclinarse, susurrándole quién sabe qué al oído.

Mis dedos se cerraron con más fuerza alrededor de la copa.

Con mucha fuerza.

—Vas a romper la copa, Liam.

La voz me sacó de mis pensamientos.

Era Evelyn.

Estaba a mi lado, con su expresión de Drácula pensativa.

¿Cuándo había llegado?

Sus ojos siguieron mi mirada y vio a Lyra y a Lewis.

Vi cómo su rostro se crispaba y unas arrugas de enfado comenzaban a formarse en su frente.

—No me digas que estás agarrando la copa con esa fuerza mortal por culpa de ella.

¿Y cómo se las arregló para entrar en la fiesta esta noche?

—siseó.

No respondí.

Si lo hacía, solo la cabrearía más.

—Siempre he sabido que era una cazafortunas.

¿No es ese el príncipe Alfa de la manada Grayfire con el que está coqueteando?

—continuó Evelyn—.

Mira qué fácil es.

Menuda mujerzuela desvergonzada —gruñó—.

Es tan—
—Basta —dije con frialdad, interrumpiendo su perorata.

Diosa, siempre se las arreglaba para sacarme de quicio.

Ella parpadeó.

—¿Qué?

—Si no tienes nada mejor que decir, ¿me disculpas?

—No le dediqué ni una mirada mientras me alejaba, dejándola consumirse en su amargura.

Dioses.

*
EVELYN
Vi a Liam alejarse, con las uñas clavándose en la palma de mi mano, amenazando con sacar sangre.

Desde el estúpido incidente del pastel de miel, había estado distante.

Frío.

¿Pero esta noche?

¿Verlo casi romper una copa por culpa de esa zorra?

¿Esa zorra inútil y asquerosa?

¡Fue la gota que colmó el vaso!

Siseé por lo bajo, maldiciendo cada parte de la existencia de Lyra.

La observé, sonriendo a lo que fuera que le dijera el hombre a su lado.

Era una puta sin amor propio y, aun así, se las arreglaba para atrapar a Liam.

Se las arreglaba para robar su atención sin siquiera intentarlo.

Maldita zorra.

—Vaya…

¿quién te ha cabreado tanto?

Miré por encima del hombro.

Arthur, uno de mis amigos más cercanos al que invité a la fiesta, se acercaba.

Su mirada se posó en la palma de mi mano, ahora marcada con marcas de uñas en forma de media luna.

—Te estás haciendo daño.

—Por culpa de esa zorra—
—¿Qué zorra?

—preguntó, pero no necesité responder.

Sus ojos siguieron mi mirada y se posaron en ella.

—Ah —dijo él, y la comprensión iluminó sus ojos—.

La famosa exesposa.

¿Cómo es que está aquí?

—Eso no lo sé.

—¿Está siendo una molestia?

—Más de lo que puedas imaginar —siseé con amargura.

—¿Qué tal si…

—dijo, dejando la frase en el aire.

—¿Eh?

Él sonrió con aire de suficiencia y vi cómo sus ojos se volvían pequeños y calculadores.

Arthur era un maestro de la manipulación.

Me pregunté qué idea malvada se le estaría ocurriendo en su retorcida cabeza.

Se inclinó y susurró: —¿…

le damos una lección esta noche?

Una que no olvidará en el resto de su vida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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