Reconquistar el Corazón de la Luna Rechazada - Capítulo 52
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52: Capítulo 52 52: Capítulo 52 Lyra
Cuando volví en mí, el balcón estaba semivacío.
Ya no estaba en los brazos de Liam, donde recordaba haber caído.
En su lugar, estaba apoyada contra la barandilla del balcón, con una chaqueta cubriéndome.
Una chaqueta que desprendía un aroma que siempre causaba estragos en mis sentidos.
La de Liam.
Me recordó a algo.
El beso.
Mis labios hormiguearon, y la vergüenza, junto con la brisa fresca, se deslizó por mi nuca.
¿Por qué me había besado Liam de esa manera?
Y, lo que era peor…, ¿por qué le había devuelto el beso con tanta facilidad?
Diosa, qué tonta por haber cedido tan desenfrenadamente.
Ya has despertado.
Una voz sonó cerca.
Alcé la vista y vi a Jonathan, el beta de Liam, que se acercaba.
Tenía el ceño ligeramente fruncido por la preocupación y sus ojos me recorrieron, examinándome.
Luego me tendió la mano y me ofreció una botella de agua.
Jonathan solía ser amable, un beta cualificado en toda regla.
Solíamos llevarnos bien.
Pero eso era el pasado.
No lo saludé y le pregunté directamente: —¿Dónde está Liam?
—Se fue.
Se llevó a Evelyn con él.
«Por supuesto», murmuré.
¿Dónde más iba a estar?
¿A mi lado?
Debí de haber dejado que el beso me confundiera, que me hiciera malinterpretar sus sentimientos.
Nunca habían sido para mí.
¿Y los fotógrafos?
¿Qué hizo Liam con ellos?
Hice una mueca de dolor cuando la siguiente pregunta se me escapó de la boca: —No me enteré de mucho de lo que pasó después de que los pillara.
—A los fotógrafos se les despidió.
En cuanto a Arthur, fue castigado por el Alfa.
Evelyn…
—Jonathan hizo una pausa—, no fue castigada públicamente, pero tengo la sensación de que el Alfa se ocupará de ella en privado.
—Claro que lo hará —mascullé, negando con la cabeza—.
Arthur podría haber sido el autor intelectual, pero Evelyn era la que movía los hilos.
Y ahora es él quien lo está pagando.
Jonathan no dijo nada, pero su expresión contradecía su silencio.
Parecía incómodo, quizá porque no estaba en desacuerdo.
—¿Y Lewis?
—Estaba inconsciente por el puñetazo cuando lo sacamos de aquí, pero una sanadora lo está cuidando.
Sentí una opresión en el pecho.
Pobre Lewis.
—¿Va a estar bien?
Jonathan asintió.
—La sanadora dice que sí.
Aunque va a tener un dolor de cabeza de mil demonios cuando se despierte —añadió, y volví a sentir una opresión en el pecho.
Me recosté en la barandilla y cerré los ojos.
—No se merecía lo que le pasó.
Jonathan asintió.
—Pero ya sabes, así es Liam.
Los recuerdos de Liam golpeando a Lewis sin piedad inundaron mi mente en fragmentos inconexos.
Lewis se había quedado allí tirado, sin poder hacer nada.
Entonces Liam se había acercado furioso, me había acusado de seducirlo y me había besado con rabia.
Para castigarme.
O porque estaba celoso y frustrado al ver las manos de Lewis sobre ti.
No.
No sigas por ahí.
Reprendí a mi subconsciente.
Sin que la llamara, Laika se removió en el fondo de mi mente.
Llevaba ya un tiempo en silencio.
—Necesito despejarme.
Jonathan se apartó.
—Lo entiendo.
Te daré algo de espacio, pero si te sientes mareada, no dudes en llamar.
—De acuerdo —dije.
Luego lo llamé para detenerlo—.
Jonathan.
Se dio la vuelta.
—Evelyn…
¿por qué…, por qué haría algo así?
Apretó la mandíbula por un momento.
—Quizá porque quiere demostrarle algo a nuestro Alfa.
Cree que la única forma de retenerlo…
es poniéndolo en contra de aquello que lo atrae.
—Me miró a los ojos, con un suave destello en los suyos—.
Y en este caso, eres tú.
Pase lo que pase, sigues siendo importante para nuestro Alfa, Luna Lyra —hizo una pausa—, y Evelyn odia eso.
Dicho esto, se alejó, dejándome sin palabras.
No se me escapó que me había llamado Luna.
Se suponía que no debía hacerlo.
«Pase lo que pase, sigues siendo importante para nuestro Alfa y Evelyn odia eso».
Sus palabras resonaron en mi cabeza, pero me negué a creerlas.
Yo ya no le importaba a Liam.
Pero en cuanto a las maquinaciones de Evelyn…
El momento elegido.
Mientras yo siguiera en la vida de Liam, era una amenaza.
Y como estaba tan desesperada por seguir siendo la única mujer en la que Liam confiaba, a la que necesitaba y por la que se preocupaba, haría cualquier cosa.
Tenía sentido.
Y con esa revelación, un pensamiento escalofriante me asaltó.
El hombre tatuado.
«¿Y si no lo había enviado Liam, como yo pensaba?
¿Y si había sido otra de las maquinaciones de Evelyn?».
Ella tenía acceso a los hombres de Liam.
Igual que esta noche, que había enviado a un sirviente omega con bebidas drogadas, ¿y si había hecho lo mismo con el hombre tatuado y había falsificado mis registros?
¿Para hundirme de nuevo?
Y entonces, si la verdad salía a la luz, yo culparía a Liam, no a ella, porque, al fin y al cabo, era su hombre.
Igual que lo que había pasado antes con Arthur.
Otra trampa perfecta.
Todo encajaba demasiado bien.
Se me encogió el corazón.
Todo este tiempo, pensé que Liam estaba involucrado.
Pero quizá no lo estaba.
Evelyn estaba detrás de todo.
Ella era la brillante mente maestra.
Diosa.
Un zumbido repentino me sacó de mis pensamientos.
Mi móvil.
Metí la mano en el bolso y lo saqué.
Un mensaje parpadeaba en la pantalla.
Dr.
White: «Acaban de llegar dos médicos para ver a tu Papá.
Cortesía del Alfa Liam.
Dicen que el Dr.
Leo sigue sin estar localizable, así que lo estabilizarán hasta que lo encuentren».
Me quedé mirando el mensaje.
Por un momento, no pude creer lo que estaba leyendo.
«Cortesía del Alfa Liam».
Sentí una dolorosa opresión en el pecho.
¿Por qué?
Quizá porque todavía le importas.
Sigues siendo importante para él, tal y como señaló el Beta Jonathan.
Mi subconsciente terció en voz baja.
Tenía que aparecer.
Laika se removió, o más bien, ronroneó débilmente.
¿Acababa de estar de acuerdo?
Mis manos temblaron mientras tecleaba una rápida respuesta: Gracias.
Pero no me pareció suficiente.
Mis dedos se detuvieron sobre la pantalla, con la cabeza bullendo de pensamientos.
El recuerdo del beso regresó.
La crudeza, el dolor, la desesperación.
Diosa, no.
¿Qué estaba haciendo Liam exactamente?
¿Por qué…?
Mi móvil vibró de nuevo.
Esta vez era una llamada.
Contesté sin mirar el número, asumiendo que era el Dr.
White de nuevo.
—¿Diga?
—¿Hablo con la hija del Alfa Stone?
—preguntó una extraña voz masculina.
Me puse rígida.
—¿Sí…?
¿Quién es?
—Soy el Detective Rowan, del Consejo.
Estoy a cargo de la investigación sobre el accidente de su padre.
Acabamos de recibir nueva información, y pensé que sería mejor contactar con usted de inmediato, dada la gravedad del asunto.
Se me heló la sangre.
«¿Qué maldita investigación?».
Ese accidente de coche fue casi el principio de este calvario infernal.
Había dejado a mi padre tan gravemente herido que su lobo no había podido curarlo del todo; desde entonces, sufría unas convulsiones que no dejaban de empeorar, desafiando todo tratamiento médico.
Yo pensaba que el accidente había sido una colisión mortal, nada más.
La persona que conducía el otro coche incluso había muerto en el acto.
El caso se había cerrado como lo que era: un accidente.
«Entonces, ¿qué era esa investigación?».
—¿Srta.?
—insistió el detective.
—Sí —dije, con el corazón latiéndome con fuerza—.
Lo escucho.
¿Cuál es la nueva información?
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