Recuperando a mi Luna secreta - Capítulo 30
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30: Capítulo 30: Otra vez dejado atrás 30: Capítulo 30: Otra vez dejado atrás POV de Allison
Estaba de pie en el centro del dormitorio, sintiéndome vacía y perdida.
Lucian no había vuelto después de marcharse para responder a la llamada de Heidi.
Ahora solo estábamos mi orgullo herido y yo, aquí de pie, con su ropa puesta, rodeada de su olor…
todo era dolorosamente familiar, pero ya no era mío.
No podía quedarme aquí ni un minuto más.
«Deberíamos irnos», susurró Jasmine, con un dolor en la voz que nunca le había oído.
«Este ya no es nuestro territorio».
Con dedos temblorosos, saqué el móvil y llamé a Bella.
—¡Alison!
¡Dios mío!
¿Estás bien?
—la voz preocupada de Bella sonó como un bálsamo—.
¡Acabo de recibir tu mensaje sobre que el agente inmobiliario era sospechoso!
—Yo…, necesito que vengas a por mí —luché por mantener la voz firme—.
Estoy en la Mansión Storm.
Hubo un breve silencio en la línea.
—¿Que estás dónde?
—Para resumir, casi me atacan y Lucian estaba allí.
Me trajo a la Casa Storm, pero no puedo quedarme aquí, Bella —la voz empezó a temblarme—.
De verdad que no puedo.
—Dame quince minutos —dijo Bella con firmeza, y pude oír cómo ya estaba recogiendo sus cosas—.
Aguanta, cariño.
Pixie y yo llegaremos pronto.
Tras colgar, eché un vistazo a la habitación y mis ojos se posaron en el bolígrafo y el papel que había en el escritorio.
No podía desaparecer sin más…
al menos debía dejar una nota…
Minutos después, me había vuelto a poner mi ropa, rota y manchada de tierra y sangre como estaba.
Mejor mi propia ropa destrozada que la suya, que aún conservaba su olor.
Escribí una nota sencilla:
«Gracias por tu ayuda.
He contactado a una amiga para que me recoja.
Por favor, no te preocupes por mi seguridad.
—A»
La dejé sobre la cama antes de salir sigilosamente de la habitación, evitando con cuidado a cualquier miembro del personal de la casa que pudiera encontrar.
El tobillo todavía me palpitaba, pero apreté los dientes y bajé cojeando la gran escalera, atravesé el enorme vestíbulo y salí al aire fresco de la noche.
Me dirigí al límite de la propiedad, donde la carretera se curvaba justo después de las puertas de hierro.
Allí esperé, sola, con el corazón desbocado, y cada susurro de los árboles hacía que Jasmine se tensara en mi interior.
Los minutos se convirtieron en horas.
Me dolían las piernas.
Tenía la garganta seca.
Pero no me moví.
Finalmente, unos faros aparecieron en la distancia.
Un pequeño y familiar coche rojo giró en la esquina y aceleró hacia mí.
El alivio me invadió cuando el coche de Bella se detuvo con un derrape.
Saltó fuera antes incluso de apagar el motor.
—¡Dios mío, Ally!
—exclamó, corriendo hacia mí.
Avancé cojeando y me abrazó antes de que pudiera caer.
—¡Joder, mírate!
—exclamó, tocando suavemente las abrasiones de mis brazos—.
¿Qué demonios ha pasado?
—Te lo contaré en el coche —dije, subiendo con cansancio al asiento del copiloto—.
¿Podemos irnos ya?
Mientras Bella se alejaba de la Propiedad Storm, sentí que una oleada de alivio y tristeza me invadía.
Apoyé la cabeza en la ventanilla, viendo cómo la mansión se hacía más pequeña por el retrovisor.
—Y bien —empezó Bella, con sus ojos verdes brillando de ira y preocupación—, ¿a quién hay que patearle el culo?
¿Al falso agente inmobiliario?
¿O a tu gilipollas de exmarido?
A pesar de todo, no pude evitar sonreír.
—Gracias por el ofrecimiento, pero creo que lo mejor que podemos hacer ahora es evitar los problemas, no buscarlos.
Le conté todo lo que había pasado: el falso agente inmobiliario, el ataque, la aparición de Lucian y lo que vino después.
—¿Así que te rescató, te trajo a casa y te abandonó en cuanto llamó la de Luna Blanca?
—dijo Bella entre dientes, mientras Pixie aullaba furiosa en su interior—.
Los hombres son unos putos gilipollas.
—Es que…
no lo entiendo, Bella —sospiré, mirando el paisaje que pasaba a toda velocidad—.
¿Por qué actúa como si le importara?
¿Como si yo le importara de verdad?
Y luego se da la vuelta y…
y actúa como si no existiera.
—Porque es un capullo egoísta —dijo Bella con firmeza, y extendió la mano para apretar la mía—.
Quiere lo mejor de ambos mundos: tenerte esperando para cuando te necesite y la libertad para ir detrás de su preciada Heidi.
Negué con la cabeza, con las lágrimas a punto de brotar.
—Lo peor es que…, por un momento, en el baño, cuando me estaba curando las heridas…, casi me lo creo.
Creí que de verdad podría importarle.
—Escucha, Alison —la voz de Bella se suavizó, llena de cariño y preocupación—.
Tienes el corazón más grande del mundo, siempre dispuesta a perdonar y a creer en la gente.
Es una de tus cualidades más hermosas.
Pero a veces, tienes que protegerte.
Lucian ha demostrado que no se merece tu confianza.
Asentí, sabiendo que tenía razón.
—Entonces —Bella forzó un tono alegre en su voz—, ¿cuál es el plan?
¿Todavía quieres mirar pisos?
—Tengo que encontrar un sitio donde vivir —respondí, decidida a recomponerme—.
Pero después de lo que ha pasado hoy, no estoy segura de que deba fiarme de más agentes inmobiliarios.
—Pues no te fíes de ellos —dijo Bella, mientras una sonrisa pícara se dibujaba en su rostro—.
Fíate de mí…
Mañana iremos juntas a buscar piso y estaré contigo todo el tiempo.
Nadie se va a meter contigo mientras Pixie y yo estemos cerca.
Sonreí, agradecida.
—Gracias, Bella.
De verdad.
No sé qué haría sin ti.
—Para eso están las hermanas —dijo, y alargó la mano para apretarme el hombro—.
Ahora, cuando lleguemos a mi casa, te voy a preparar un baño caliente, te buscaré ropa limpia y luego pediremos la pizza más cara y el mejor helado que encontremos mientras vemos películas malísimas y rajamos de los hombres.
Ese plan sonaba absolutamente perfecto.
—Te quiero, Bella.
—Lo sé —sonrió ella—.
Soy la leche.
Ya en el apartamento de Bella, insistió en curarme las heridas antes de dejar que me bañara.
Me sumergí en el agua caliente, cerrando los ojos mientras el calor aliviaba mis músculos doloridos.
Aunque el dolor físico empezó a remitir, la herida de mi corazón seguía siendo nítida y punzante.
Jasmine se acurrucó hecha un ovillo en mi interior, inusualmente silenciosa.
«¿Estás bien?», le pregunté en voz baja.
«Solo estoy pensando», respondió ella.
«En los vínculos y las parejas».
Sabía en qué pensaba.
«La eligió a ella, Jasmine.
Piense lo que piense Fenrir, la elección de Lucian fue clara».
«A veces, las decisiones humanas y las necesidades del espíritu del lobo no coinciden», susurró.
«Pero tienes razón.
Debemos respetar su elección, por muy…
equivocada que sea».
Me sequé con una toalla y me puse el cómodo pijama que me había prestado Bella, intentando no pensar en esa palabra: «equivocada».
No podía seguir permitiéndome fantasías.
Lucian había tomado su decisión y yo tenía que respetarla, por mucho que doliera.
Cuando salí del baño, Bella había preparado pizza, helado y dos copas de vino tinto.
—Vamos —dio una palmada en el sofá a su lado—.
Ya he elegido nuestra primera película de la noche: «El diablo viste de Prada».
Nada cura el alma como ver a una mujer triunfar.
Sonreí y me senté a su lado, sintiéndome inmensamente agradecida por tener una amiga así para ayudarme a superar este momento tan difícil.
Aunque el dolor seguía ahí, en ese instante, con Bella, me sentí segura.
Me sentí querida.
Quizá este era el primer paso hacia la curación.
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