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Reencarnado como hijo de Nyx en una novela ¿cómo debo salvar el mundo? - Capítulo 15

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15: 15 15: 15 La luz del sol comenzó a filtrarse a través del cristal de la ventana, iluminando el interior de la habitación con su suave brillo.

Los párpados de Effiro temblaron, antes de abrirse de golpe.

Extendió la mano y encendió el móvil, observando la hora: las 7:14, momento perfecto para prepararse para un primer día de clase.

Para ser sincero, Effiro nunca pensó que volvería a entrar en una clase como el extremo receptor de las enseñanzas.

Sin embargo, seguramente era mejor aprender sobre cómo usar su energía divina de manera eficiente a aprender cómo aplicar el teorema de Pitágoras en un triángulo.

A su lado, Luke y Izan también se removieron en sus camas, comenzando a despertar de su sueño profundo.

Tras darse una ducha con agua caliente y cambiarse a ropa limpia, los tres estaban listos para ir al comedor a desayunar.

La comida que habían traído ayer fue devorada por Effiro sin dejar rastro, por lo que no les quedó más remedio que caminar cinco minutos hasta el comedor para conseguir más comida.

Al llegar, Effiro vio a Rachel en una de las mesas cercanas.

Tal y como se esperaba de una semidiosa poderosa y talentosa, su mesa estaba llena con toda clase de comida, suficiente como para saciar el apetito de diez hombres adultos.

La saludó con la mano, pero ella apartó la mirada y escondió el rostro entre la gran pila de comida a su alrededor.

¿Qué le ocurría a esa mujer ahora?

Tras pensarlo por un momento, finalmente llegó a una conversación: la derrota en sus manos aún permanecía fresca en su mente.

Ella era más poderosa, pero aún así fue derrotada gracias a un plan suicida.

Podía entender cómo se sentía ella; su orgullo había quedado herido, y probablemente el resto de miembros de su clan habrían visto su percepción sobre ella distorsionada.

No sería extraño que se burlaran de ella debido a eso.

Tal vez debería de darle algo de tiempo para calmarse.

Entonces podría volver a interactuar con ella con normalidad.

Se acercaron hasta el mostrador del comedor, donde fueron atendidos por una mujer de apariencia joven.

Después de conseguir fruta, tortitas, café y otros alimentos, tomaron asiento en una de las mesas libres.

La cantidad de comida que habían reunido entre los tres casi podía ser considerada un buffet.

Aún así, en no más de cinco minutos ya habían devorado cada uno de los elementos sobre la mesa.

Como semidioses, una manera de recuperar energía divina de forma rápida era mediante la comida.

Después de quedar con sus reservas de energía divina al mínimo durante la prueba, Effiro necesitaba comer más de lo normal para recuperarse.

Incluso tras la cena de ayer y las horas de sueño, aún no fue suficiente.

Pero ahora que había tenido un desayuno en condiciones, se sentía preparado para enfrentarse a lo que sea que vendría más adelante.

Aunque ya sabía que es lo que iba a ocurrir.

Una vez que terminaron el desayuno, se dirigieron al aula en el que iban a recibir su primera clase.

En el interior sólo habían unas pocas personas, y el profesor todavía no había llegado.

Effiro tomó asiento en una de las mesas ubicadas en la primera fila, y Luke e Izan se sentaron a su lado.

Entonces, un fuerte sonido reverberó cuando un par de manos golpearon la madera de su mesa, llamando su atención.

Allí, en frente suyo, se encontraba un hombre pelirrojo, con un par de ojos que parecían brillar como fuego.

“Tú.

Tú serás mi rival” declaró, como si fuera el consenso al que habían llegado ambos.

Dicho eso, se dio la vuelta y se sentó en el fondo, cerrando los ojos y posando la cabeza sobre sus brazos.

Él era una de las figuras importantes de la novela.

Alexandro, hijo de Ares.

El hecho de que le hubiera elegido como rival…

no sabía si debía sentirse honrado o frustrado por eso.

Conocía muy bien la razón tras esa acción: como había ganado el primer rango en la prueba, consideraba que era digno se ser su rival.

Si hubiera sido antes, se habría negado con todas sus fuerzas, e incluso habría estado aterrorizado.

De hecho, habría evitado el combate con Rachel si no hubiera sido por la misión encomendada por el sistema.

Pero ahora, con la mayor parte de sus habilidades divinas desbloqueadas, no le dio mucha más importancia al asunto.

Sí, Alexandro era uno de los genios de su generación, pero eso no le volvía invencible.

Hablando solo de talento puro, él tenía de sobra.

Incluso si se contaban las habilidades, esperaba poder vencer en ese ámbito también.

Aún así, preferiría evitar un enfrentamiento directo por el momento.

No creía estar a la altura de su físico privilegiado como hijo del dios de la guerra.

Ahora que se fijaba mejor, pudo ver a otra figura importante: Phoebe, hija de Poseidón.

Como era de esperarse, si era importante era precisamente porque ella también era un personaje principal y una genio.

Pudo ver en una de las esquinas, al lado de la ventana, a Rachel, que había llegado en algún momento, y Lavinia no se encontraba muy lejos de allí, a sólo dos mesas de distancia de la suya propia.

En total, eran cinco los genios que se encontraban en el aula, sin contarse a sí mismo como uno.

¿Debería de sentirse honrado de estar en su presencia?

Ciertamente se sentía irreal el hecho de que estuviera en presencia de personajes que hasta hacía poco solo eran para él nada más que ficticios.

Pero ahí estaban, seres de carne y hueso, cada uno con sus propias emociones e historia.

Estaban vivos, y eran más reales que nunca.

Casi parecía un sueño.

En ese momento, una mujer de apariencia joven y cabello rojo entró por la puerta.

Se paró frente a la pizarra, mirando a cada uno de los semidioses que se encontraba allí antes de hablar.

“Soy vuestra profesora, Sarah.

Espero que tengáis un buen comportamiento en clase y no causéis ningún problema en mi presencia” Su mirada se posó sobre Effiro, como si lo estuviera evaluando antes de girarse hacia la pizarra.

Effiro era el que había obtenido el primer rango en la prueba.

Debido a esto, llamaría la atención.

Y, si no demostraba estar a la altura de las expectativas puestas sobre él, no traería más que decepción.

Con tantos genios reunidos a su alrededor, casi parecía una tarea imposible.

Pero eso no le afectó en lo más mínimo.

Él también tenía algunos trucos bajo la manga, y estaba seguro de que su talento no podía ser considerado menor al de ellos.

Claro, si fuera capaz de subir de nivel todas sus habilidades sería mucho más fácil.

Pero no podía adelantarse a los acontecimientos.

Tarde o temprano lo conseguiría.

Por el momento, debía centrarse en los sucesos más cercanos.

Centró su atención en la profesora, que había comenzado a explicar un tema de vital importancia para cualquier semidios novato en este mundo.

“Como ya sabéis, nosotros los semidioses utilizamos energía divina para usar nuestras habilidades.

Sin embargo, sus aplicaciones van más allá de ser sólo un mero combustible” mientras hablaba, iba escribiendo anotaciones en la pizarra.

“La energía divina también nos permite superar nuestros límites y fortalecernos más allá de lo que nos permiten nuestras habilidades, y de ahí es de donde surgen los reinos.

Sin embargo, hay que tener cuidado con cuanta energía divina acumulamos, ya que si supera nuestro capacidad de controlarla, nuestros cuerpos podrían ser destuídos” Un escalofrío recorrió la espalda de todos los presentes.

No sonaba como algo bonito, y resultaba un impedimento para fortalecerse sin depender de las habilidades divinas.

“Sin embargo, la energía divina también puede ser utilizada para fortalecer cualquiera de nuestras capacidades.

Por supuesto, esto solo sirve como algo complementario para nosotros, pero nos permite superar pequeñas diferencias de poder” Aquella era una técnica que resultaba útil en ciertos casos.

Sin embargo, normalmente resultaba más eficiente confiar en las habilidades físicas naturales de uno.

A primera vista, podía parecer que la academia no era útil para que los semidioses aprendan lo que necesita.

Después de todo, ¿no sería mejor que aprendieran a controlar sus habilidades gracias a la guía de sus clanes divinos?

Pero la Academia de Semidioses no sólo enseñaba sobre el uso de habilidades divinas.

También era un lugar en el que los semidioses podían realizar misiones y unirse entre sí.

Estaba garantizada la protección y el estatus cuando te unías a una Academia de Semidioses.

“Bien.

Con todo esto dicho, quiero que me sigáis hasta el área de entrenamiento.

Vamos a poner a prueba vuestro nivel” Todos se pusieron de pie, siguiendo a la profesora pelirroja a través de los pasillos de la escuela hasta llegar al área de entrenamiento.

La zona en específico a la que se dirigieron se encontraba dividida en habitaciones.

Como la profesora les estaba explicando en ese momento, cada habitación estaba llena de golems elementales creados específicamente para ponerles a prueba.

Por lo tanto, debían de agruparse basándose en cuales eran sus autoridades divinas.

¿Problema?

Por más que Effiro mirase a su alrededor, no veía a nadie con sus autoridades.

Al menos hasta que su mirada se posó sobre Lavinia.

Ella, al igual que él, poseía autoridad sobre las sombras y la muerte.

Y era la única con la que podía emparejarse.

Se acercó a ella, con una sonrisa amistosa en el rostro.

“Lavinia, parece que eres la única con la que puedo unirme en este entrenamiento” “Eso parece.

Supongo que no nos queda de otra” Lavinia se encogió de hombros, con los dedos tamborilleando sobre el mango de la espada.

“Puede que solo seamos dos, pero mirando la parte buena, al menos ya hemos luchado juntos antes” “No sé si se puede considerar luchar juntos el que yo me uniera al final del combate” “Bueno, me diste la oportunidad de acabar con el engendro de Ladón, así que yo lo veo como que somos un buen equipo” Lavinia dejó salir una pequeña risa, tapándose la boca ligeramente con la mano.

“Si lo quieres ver así, me parece bien.

Espero que seamos capaces de pasar esto juntos” Había llegado el momento de demostrar de lo que estaba hecho.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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