Reencarnado como hijo de Nyx en una novela ¿cómo debo salvar el mundo? - Capítulo 19
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19: 19 19: 19 Las misiones de nivel 2 eran diferentes a las de nivel 1.
Las misiones de nivel 1 no sólo eran significativamente más fáciles, sino que no solía existir en ellas el riesgo de muerte.
Pero no eran así las misiones de nivel 2.
En ellas, la dificultad se incrementaba visiblemente, al punto en el que la posibilidad de muerte podía llegar a alcanzar en algunos casos el 30%.
Y esa posibilidad del 30% permanecía incluso con ciertos semidioses con experiencia.
Esto dejaba en claro el salto entre una y otra.
Uno no podía tomar a la ligera esta clase de tareas, o si no podría acabar asesinado, sin saber lo que pasó.
Y ese era el caso de Effiro y Lavinia.
La misión que iban a realizar era una relacionada con un cíclope que se había establecido en una cueva cercana.
Según los informes, el cíclope había llegado hacía no mucho, pero ya había causado desastres.
Varias personas que trabajaban cultivando la tierra en un río cercano habían sido capturadas y devoradas vivas por el monstruo, incapaces de defenderse frente a semejante criatura.
Si no se encargaban del monstruo, entonces sería imposible para los agricultores de la zona continuar con sus actividades diarias.
Además, completar la misión era una condición necesaria para participar en la misión del monolito cósmico.
Si la completaban con éxito, entonces sería una situación en la que ambos lados se beneficiarían.
Salvo el cíclope.
Él estaría muerto.
El sol ya había recorrido la mayor parte del cielo, y lentamente se acercaba al límite del horizonte, bañando la tierra con una brillante y hermosa luz anaranjada.
La vista era tan hermosa que, si tuviera la oportunidad, Effiro habría sacado una foto para recordarla siempre.
Pero, por desgracia, no tenía tiempo para hacer esa clase de cosas.
Debían terminar la misión cuanto antes.
Solo se detuvieron cuando vieron la figura que se alzaba en la distancia.
El cíclope era sin duda una criatura impresionante.
Su cuerpo tenía una altura de dieciséis metros, lo que le hacía sobresalir y no le permitía esconderse.
En su mano derecha sostenía un gran garrote de madera, que había sido tallado directamente usando el tronco completo de un árbol.
Y, en el medio de su frente, se encontraba un único ojo, de forma circular y de color marrón.
La mirada del gigante se posó sobre ellos, mirándolos de manera altiva Effiro se preguntó si acaso era capaz de ver bien con un solo ojo.
Lo más probable es que tenga una gran cantidad de puntos ciegos.
“Pequeños semidioses, ¿Habéis venido a entregaros como comida para el gran yo?” Casi podía ver un hilo de baba colgando de la boca del cíclope.
Sin duda, los semidioses debían de ser una comida deliciosa para los gustos poco refinados de esos monstruos.
“Prefiero pensar que hemos venido a eliminar una gran plaga que está causando algunas molestias por esta zona” Lavinia dio un paso adelante, sosteniendo su espada con fuerza.
“¿Una plaga molesta?
No tengo ni idea.
Pero, ya que estáis aquí, permitir que os reciba en mi estómago” el cíclope avanzó dando grandes zancadas, recorriendo decenas de metros más rápido de lo que una persona normal podía recorrer corriendo.
Con razón ya habían caído varios trabajadores de las tierras adelañas.
En cuanto llegó hasta ellos, brandió su garrote y descargó un poderoso golpe descendente en su dirección.
El ataque podría haberles convertido en pasta de carne si les hubiera impactado, pero ese no fue el caso.
Esquivaron en el último momento, evitando el golpe mientras la tierra se resquebrajaba a su alrededor.
Era un monstruo poderoso físicamente, sí.
Pero le faltaba la inteligencia y la técnica necesarias para hacer frente a un oponente más experimentado.
Effiro se impulsó hacia adelante, saltando en dirección al estómago del monstruo.
Su pie conectó con el abdomen del monstruo, sacándole el aire de los pulmones y haciéndole retroceder.
Incluso con su gran resistencia física, aún podía verse afectado frente al ataque de un semidios como Effiro.
Aún así, se sentía un poco decepcionado.
Se preguntaba si sería capaz de alcanzar la fuerza suficiente como para matar esta clase de monstruos de un solo golpe.
El cíclope balanceó su garrote mientras recuperaba la compostura, atacando a Lavinia, que se acercaba a él con intenciones asesinas.
Lavinia detuvo el golpe con su espada, bloqueando el garrote entrante con la hoja de su arma.
La espada se hundió varios centímetros en la madera, y su cuerpo retrocedió varios metros por el impacto.
A pesar de su figura esbelta, su cuerpo poseía una fuerza formidable.
Con razón era uno de los personajes principales, y una genio de su generación.
Había sido una buena idea elegirla para su grupo.
El cíclope dejó escapar un chillido grave cuando una oleada de dolor explotó en su costado.
Bajó su único ojo, y vio una hermosa espada con una hoja de metal negro como la noche clavada profundamente en su carne.
Effiro extendió su mano, y Umbra volvió a él, creando una lluvia de sangre carmesí al salir de la herida.
El monstruo volvió a girar la cabeza cuando escuchó el sonido de viento siendo cortado, y se encontró con un brillo metálico a centímetros de su rostro.
La espada de Lavinia, cubierta en llamas negras provenientes del inframundo, impactó de lleno en el ojo del cíclope.
El monstruo retrocedió por la fuerza del golpe, pero la hija de Hades no se quedó ahí.
Empujó con más fuerza, y el gigante cayó al suelo, con su cráneo atravesado de lado a lado.
La energía vital del monstruo fue absorbida por la espada, y la fuerza de su alma fue absorbida por su cuerpo.
Aquel era el poder que tenía como hija de Hades, uno que la hacía realmente poderosa.
La misión finalmente había terminado, y no habían sufrido ningún tipo de daño significativo.
Fueron a recoger su recompensa en la sala de misiones, y recibieron un total de ochenta créditos.
Effiro sonrió para sí mismo.
Sólo una misión más, y finalmente podrían ir a por el monolito cósmico.
…
Phoebe no sabía por qué había aceptado acompañar a Alexandro y Mark.
Primero se había visto obligada a lidiar con un grupo de remoras, y una de ellas se había pegado a su cuello por un despiste.
A pesar de que logró deshacerse fácilmente de la criatura, eso no evitó que se llevase un desagradable chupetón en el cuello.
Cada vez que alguien se quedaba mirando la marca rojiza, no podía evitar avergonzarse.
Sabía lo que pensaban, y eso solo la hacía maldecir a ese asqueroso pescado.
Ahora habrían rumores y malentendidos por su culpa.
Al menos ahora tenía una misión distinta.
Miró a la criatura delante de ella, con una mirada de asco en sus ojos verdes.
La bestia tenía una altura de algo más de tres metros, con un par de ojos amarillos que la miraban con un hambre propio de un depredador.
Su cuerpo, que se sostenía por dos robustas patas traseras, estaba cubierto de pies a cabeza con un espeso cabello de color negro carbón, y en su hocico alargado brillaba una hilera de dientes afilados, blancos como el marfil, de no ser por la sangre seca que aún permanecía en ellos.
La bestia en cuestión era un hombre lobo, y había estado causando estragos en el bosque que se encontraba en los terrenos de la Academia de Semidioses.
Viendo al monstruo, se preguntó cómo era posible que existieran libros en los que mujeres hermosas se enamoraban o tenían encuentros apasionados con esos seres horribles y sanguinarios.
Lo peor de todo es que algunas de esas historias no les daban formas más humanas, sino que los dejaban como las criaturas monstruosas y peludas que eran en realidad.
Miró detrás suyo, y vio a Alexandro y Mark sentados en el suelo, sin intención de levantarse y luchar.
Les había pedido explícitamente que la dejaran enfrentar al monstruo sola.
Había estado cargando con demasiada frustración, y necesitaba liberarla de algún modo.
Y ese modo era peleando hasta la saciedad.
El hombre lobo dejó escapar un aullido agudo, aparentemente juzgando con su mente primitiva que la chica era una presa fácil.
Se abalanzó sobre ella a cuatro patas, moviéndose con una gran rapidez en su dirección.
Saltó en el aire, apuntando a la semidiosa con sus garras en un golpe descendente.
Una vez que la hubiera derribado, destrozaría su cuerpo con sus propias manos y devoraría su carne y entrañas.
Y luego podría enfrentarse a sus dos compañeros.
Hoy sería un gran festín.
Pero Phoebe tenía otros planes.
Dio un paso a la izquierda, esquivando el ataque del monstruo, y balanceó su espada en un arco descendente.
Sangre voló por los aires mientras un par de dedos con largas garras caían al suelo.
El hombre lobo retrocedió para preparar otro ataque, y la hija de Poseidón resopló ante su intento inútil de volver a atacar.
Al menos no iba a tener que perseguir a la criatura.
…
Alexandro y Mark miraron a la mujer frente a ellos, preguntándose si había sido buena idea dejar que se encargase de la misión.
El cuerpo de Phoebe estaba cubierto de sangre.
Su espada, su ropa e incluso su cabello negro azabache se habían teñido de carmesí, una prueba de lo que había ocurrido.
Detrás suyo, un montón de carne y huesos yacían tirados en el suelo.
El combate contra el hombre lobo se había convertido en una masacre poco antes de estallar, y el hombre lobo era la parte en desventaja.
Mirando la parte buena, la misión había sido completada y Phoebe se veía mucho más relajada que antes.
Ahora sólo quedaba ir a la sala de misiones a recibir su recompensa y unirse a Effiro y Lavinia.
Aún quedaba una última misión por completar.
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