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Reencarnado como hijo de Nyx en una novela ¿cómo debo salvar el mundo? - Capítulo 20

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20: 20 20: 20 Effiro y Lavinia se reunieron con sus otros tres compañeros en una de las cafeterías dentro de la Academia de Semidioses, listos para discutir el único asunto que quedaba entre manos.

Pero había algo que había llamado la atención de ambos.

“¿Por qué demonios Phoebe está manchada de sangre?” A pesar de que se había limpiado a conciencia, la hija de Poseidón todavía tenía algunas manchas de color carmesí en su ropa y cabello.

No mucho, pero lo suficiente como para hacer sospechar a cualquiera que la viera sobre si en realidad era una psicópata.

No había heridas visibles y su ropa estaba intacta, por lo que la sangre no era suya.

Alexandro y Mark se encogieron de hombros.

¿Cómo iban a explicar todo lo que había sucedido para acabar en ese punto?

Desde su asiento, Phoebe les fulminó con la mirada.

Estaba claro que no iba a permitir que se burlasen de ella.

Ya había tenido suficiente.

Mientras se limpiaba los restos de sangre con un paño húmedo, comenzaron a revisar la información de la última misión.

Misión: eliminación de quimera Nivel de la misión: nivel 2 Información: una quimera ha sido avistada en el bosque que rodea el monte Arión.

Se requiere su eliminación lo más rápido posible.

Recompensa: 80 créditos.

Una quimera.

Ese era el problema al que se enfrentaban.

Las quimeras no eran criaturas comunes.

A diferencia de otros monstruos, eran la fusión de varias criaturas, lo que las hace mucho más peligrosas.

Dentro de la mitología griega, es una criatura de origen natural, producto de la unión de Tifón y Equidna.

¿Pero en este mundo?

Muchas de las quimeras eran en realidad seres creados de manera artificial mediante experimentos mágicos.

¿Era este el caso?

Para ser sincero, no tenía ni idea.

Esta no era una misión que el protagonista hubiera realizado en la novela.

Estaba seguro de que, de ser ese el caso, no tardaría en descubrirlo.

La misión era peligrosa y parecía ocultar más de lo que se veía a simple vista, pero la recompensa era igualmente jugosa, y necesitaban completarla si querían acceder al monolito cósmico.

No había mucho que discutir.

El plan era simple: irían al monte Arión y revisarían hasta el último rincón.

Y una vez que encontrasen al monstruo, acabarían con su vida.

Con la velocidad que llevaban, debían de poder hacerse con un hueco para la misión del monolito dentro de poco.

Y lo más importante de todo: era de noche.

El sol ya se había ocultado, y sólo quedaba una débil capa de luz naranja en el horizonte, que ni siquiera llegaba a rozar los límites de la Academia.

En términos simples, su bendición se había activado.

Ahora él contaba con la ventaja en combate, y tenía confianza en poder vencer a la bestia con facilidad.

Aunque no sería divertido si él hacía todo el trabajo.

Salieron con paso resuelto de la cafetería, dirigiéndose al bosque en el que se encontraba el monte Arión.

El trayecto fue lento y, para cuando llegaron allí, estaba tan oscuro que la mayoría apenas podían ver sus propias manos frente a sus ojos.

Los que se vieron menos afectados fueron Effiro y Lavinia, cuya sangre divina estaba relacionada con las sombras.

Aún así, y para el pesar de aquellos que querían llevar a cabo la misión con sigilo, acabaron por encender unas linternas para iluminar el camino.

A Effiro no le desagradó esto; el resto de sus compañeros necesitaban ver, y la luz creada por los dispositivos podría llamar la atención de su presa y atraerla, evitando que gasten tiempo buscándola.

Una vez que llegaron al borde del bosque y confirmaron que no había señales de vida en las inmediaciones se internaron en sus profundidades frondosas.

El bosque, tal y como era de esperarse, era un hervidero de vida.

Se podía escuchar el ulular de los búhos en las ramas más altas, y el cantar de los grillos ocultos bajo la superficie del suelo, en sus madrigueras subterráneas.

Era un sonido hermoso y relajante; la música de la naturaleza, salvaje e indomable.

Y, abruptamente, todo cesó.

Effiro ya estaba familiarizado con esta situación, porque ya la había vivido antes: un gran depredador se encontraba cerca de ellos.

Y ya sabían qué depredador era el que se encontraba escondido en la oscuridad.

Adoptaron al instante una formación circular, espalda contra espalda, observando cada ángulo posible en busca del monstruo.

La luz de las linternas barrió la oscuridad del bosque, pero no reveló ninguna figura oculta en ella, solo vacío.

Parecía que no había peligro, pero el silencio sepulcral era una clara señal de lo contrario.

¿Dónde se hallaba la criatura?

¿Dónde se escondía?

Y entonces las pupilas de Effiro se contrajeron.

La bendición de Nyx mejoraba todas sus capacidades (físicas, mágicas y mentales) y eso, por supuesto, incluía su velocidad de procesamiento y sus sentidos.

Y lo que había captado con sus sentidos agudizados era…

“¡Todos, apartaros!” Su grito atravesó el aire silencioso, y sus compañeros acataron sus órdenes de inmediato, sin dudar ni un segundo.

Se lanzaron hacia adelante, alejándose del área en el que estaban.

Unos momentos después, una gran figura alada aterrizó con fuerza en el suelo del bosque, creando una onda de aire.

La quimera era ciertamente una criatura extraña y grotesca: cuerpo y cabeza de león, un par de alas correosas de dragón y una cola de serpiente.

Y, de sus mandíbulas llenas de dientes afilados, pequeñas volutas de llamas se escapaban.

¿Francamente?

Era un ser intimidante, una de esas criaturas capaces de llamar la atención de cualquiera si estuviera en un juego de cartas.

Era un cazador, y les consideraba sus presas.

Sin embargo, ¿quién era qué?

Un cinco contra uno.

Effiro casi sentía pena por el monstruo.

Casi.

La bestia había intentado atacar por sorpresa, pero su plan había fallado y no hubo bajas por parte de los semidioses.

Eso hizo que el monstruo, tan imponente como uno se podía imaginar, ahora estuviera rodeado desde todos los ángulos por ellos.

La quimera se dio cuenta de su error en aquel mismo momento, pero supo que ya no podía huir volando.

Eso la dejaría expuesta a cualquier ataque, y no podría esquivar o defenderse.

La única manera de salir de esa situación era abriéndose paso con garras y colmillos a través del corro de semidioses que la rodeaban.

Giró sobre sí misma, tratando de mantener en su campo de visión a todos los enemigos mientras dejaba escapar un gruñido bajo y amenazante.

Y entonces, sin previo aviso, atacó.

Apuntó a Effiro, que parecía un eslabón débil dentro del grupo, y liberó una ráfaga de llamas naranjas mientras se abalanzaba sobre él.

Para su sorpresa y alegría, Effiro se apartó de su camino velozmente, dándole vía libre para escapar.

Sin embargo, a media carrera, sintió un doloroso tirón en su mitad inferior.

Al darse la vuelta, vio que el semidios sostenía su cola con ambas manos, evitando que huyera.

Justo cuando pensó en atacarle para deshacerse de él, tiró con toda su fuerza de la cola de serpiente, arrancándola de un tirón.

Un dolor agudo recorrió al monstruo, el cual bramó y se retorció del dolor.

Trató de huir lo más rápido que pudo, pero aquella ya no era una opción.

Una lanza con una afilada punta de bronce se clavó en el suelo frente a la quimera, cerrandole el paso.

Sólo se detuvo un momento, pero eso fue suficiente para sus enemigos.

Lavinia se lanzó sobre el monstruo, hundiendo su espada profundamente en el costado del monstruo.

El dolor fue en aumento con la nueva herida, pero todavía no era mortal.

Aún así, sólo era cuestión de tiempo hasta que su vida se apagase por la pérdida de sangre.

Mark y Phoebe se adelantaron a la bestia, ambos con sus armas en alto y listas para ser utilizadas.

A su vez, Alexandro y Effiro atacaron desde atrás con sus espadas, destrozando los cuartos traseros del monstruo y acabando con su movilidad en la región inferior.

Ahora que había quedado incapacitada e incapaz de esquivar o huir, la quimera quedó indefensa frente al embate de los dos hijos de Poseidón, cuyas espadas cayeron a la vez en un sincronización coreografiada sobre el cuello del monstruo.

Con un sonido sordo, la cabeza de la bestia cayó al suelo, rodando varios metros hasta detenerse frente a su cuerpo mutilado.

Se miraron entre sí, asegurándose de que ninguno estuviera herido antes de abandonar el bosque para reclamar su recompensa por completar la misión.

La cacería había terminado, y finalmente habían completado las cinco misiones necesarias para tomar la misión del monolito cósmico.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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