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Reencarnado como hijo de Nyx en una novela ¿cómo debo salvar el mundo? - Capítulo 22

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22: 22 22: 22 En un abrir y cerrar de ojos, pasaron tres días.

Y, en ese tiempo, ninguno de los miembros de los dos grupos se quedaron de brazos cruzados.

Sobre todo Effiro, quien usó todos los créditos que había acumulado para realizar varias compras importantes.

Había quedado en bancarrota, pero al menos esperaba que hubiese valido la pena.

Si no podía cambiar las cosas para mejor de esta manera, ¿Entonces qué más podía hacer?

Incluso si el precio era quedarse sin un duro, estaba dispuesto a pagarlo.

Era mejor que el destino que le esperaba a varios de sus amigos en el futuro cercano.

Una vez que los tres días pasaron, los integrantes de los dos grupos se reunieron nuevamente con la directora de la Academia de Semidioses.

Tras proveer a todos con los elementos que había comprado, la directora guió a ambos grupos hasta el lugar en el que se iba a llevar a cabo la misión.

El monolito cósmico estaba compuesto por una arquitectura simple pero exquisita.

Era un monumento rectangular de posiblemente tres metros de altura, formado por rocas de un color tan negro como la oscuridad de la noche.

Sus lados eran rectos y lisos, sin imperfecciones, y el aire a su alrededor parecía vibrar con un poder de otro mundo apenas contenido.

Rodeando el monolito se encontraban cuatro semidioses, cada uno vigilando cada una de las cuatro esquinas del artefacto.

En cuanto vieron a la directora y a los dos grupos elegidos, se apartaron del camino con rapidez.

Su trabajo allí había terminado, y había llegado el turno de pasar el relevo.

Una vez que los cuatro vigilantes desaparecieron de su vista, Joan se dio la vuelta y les dio una pequeña charla.

“Ya que ninguno de vosotros ha decidido echarse atrás con esta misión, no puedo hacer otra cosa aparte de desearos buena suerte.

Para comenzar la misión, lo único que debéis hacer es entrar en contacto con el monolito, y el resto de hará solo.

Una vez que la misión comience, recordar mantener los ojos abiertos en todo momento y no subestimar al enemigo” Todos asintieron.

Entendían lo que la directora les quería decir, y se sentían más que listos para terminar con eso de una vez por todas.

Cuanto antes empiecen, mejor.

Nadie tenía preguntas que hacer, y la directora no tenía nada más que decir.

Joan simplemente asintió con la cabeza, dándoles vía libre para comenzar la misión que tenían entre manos.

Le gustaría ayudarles en todo lo que pudiera, pero desgraciadamente no podía hacer eso.

Si fuera tan fácil despejar el camino de la generación más joven, entonces el mundo no sería un mundo tan jodido.

Uno por uno, todos los miembros del equipo de Luke y de Effiro tocaron la superficie fría y sólida del monolito, que se onduló como gelatina al contacto, y sus cuerpos desaparecieron de esa dimensión, absorbidos por un poder espacial que estaba más allá de su nivel actual de comprensión.

…

Ninguno de ellos sabía qué era lo que pasó.

Un instante estaban frente al monolito de piedra negra, y al siguiente se encontraba en medio de un paisaje completamente distinto, más salvaje y desprovisto de civilización.

Cada uno de ellos había sido separado del grupo principal y reubicado por parejas en zonas distintas, lo que garantizaba que, en caso de querer encontrarse con el resto, tuvieran que recorrer una gran distancia.

Si todos hubieran aparecido en el mismo lugar, entonces podrían haberse enfrentado a cualquier desafío que se les presentase sin mucho problema.

Sin embargo, la conciencia que controlaba al monolito, si es que acaso existía tal cosa, había decidido deliberadamente separarles en dúos.

Habrían pensado que estaba tratando de matarlos de no haber sido por el hecho de que fueron separados basándose en con quién formaban mejor equipo: Effiro y Lavinia, Luke e Izan, Mark y Phoebe, Lira y María y, finalmente, Jeanne y Alexandro.

El ambiente en aquella dimensión era extraño: un cielo que era iluminado por un sol más rojo que amarillo, una tierra polvorienta, reseca y surcada por minúsculas grietas, árboles esqueléticos con madera negra como el carbón y hojas de color rojo sangre…

la lista de cosas extrañas en ese lugar era interminable.

Y eso no era todo.

Una de las cosas más siniestras posiblemente eran los edificios.

Sí, allí habían edificios.

Sin embargo, llamarles de esa manera era un eufemismo.

Eran ruinas de roca y madera, con grandes muros derruidos por el paso del tiempo y hermosos frescos que casi habían sido borrados completamente de las fachadas.

Esas ruinas yacían en medio del páramo desolado, como si hubieran sido abandonadas en un tiempo muy alejado del presente, quedando como los remanentes de una antigua civilización.

No había manera de saber si era simplemente decoración creada por el monolito cósmico o si en verdad había existido una civilización de seres inteligentes en aquel lugar de visiones apocalípticas.

En el caso de que hubiera sido la segunda opción, ¿qué ocurrió para que desaparecieran, dejando detrás suyo unas ruinas apenas rescatables?

Todos se preguntaban lo mismo, pero ese era el menor de sus problemas.

Pronto se dieron cuenta de que, en realidad, no estaban solos en aquella dimensión desolada y aparentemente estéril.

Había vida, y no era precisamente amigable.

Monstruos de todo tipo vagaban por la explanada y por el aire seco y rancio del lugar, criaturas que parecían salidas de una pesadilla lovecraftiana.

Criaturas de apariencia humanoide, cuyos cuerpos estaban recubiertos por escamas de pez o grotescos, retorcidos y húmedos tentáculos.

Monstruos voladores que parecían una mezcla de insecto, murciélago y ave, que recorrían el cielo rojizo con el batir de sus alas correosas, buscando desde las alturas a su próxima presa.

Bestias de formas animales, deformadas de manera grotesca y con nuevas y aberrantes características decorando sus inmundos cuerpos.

Aquel lugar, esa dimensión a la que habían sido transportados por el monolito cósmico, era un lugar de pesadilla.

¿Era posible que Lovecraft hubiera estado en aquella dimensión anteriormente?

Sin duda, eso respondería a muchas preguntas.

Pero no era posible, ¿verdad?

El mundo de Effiro era distinto a ese nuevo mundo, y la magia no era algo real.

O eso es lo que le gustaría pensar.

Sin embargo, después de ser asesinado de manera rápida y aplastante por ese aterrador monstruo con forma de lobo gigante y ver cómo en el mundo se desataba lo que sólo podía ser nombrado como un apocalipsis, ya no estaba tan seguro de eso.

De todos modos, aquel lugar era lo suficientemente aterrador como para provocar pesadillas incluso en los hombres más valientes, de eso no había duda.

Tierra muerta y destrozada, árboles que parecían secos de vida y reanimados por nigromantes, un sol que ilumina el mundo con una mortecina luz roja y seres aberrantes salidos de los abismos más profundos y recónditos de las pesadillas de un loco.

Sí, desde luego que se lo iban a pasar muy bien ahí.

Effiro sólo podía rezar a cualquier dios dispuesto a escucharle y actuar para que el resto sobrevivieran a las pruebas que tendrían que enfrentar.

Porque él sabía la razón detrás de que el monolito cósmico les separase en dúos.

No era algo aleatorio.

No, era algo premeditado, al menos desde su punto de vista.

Habían sido separados para que enfrentasen a los enemigos entre dos.

Pero no se refería por enemigos a los monstruos que poblaban cada kilómetro de extensión seca de aquel maldito páramo de muerte y desolación extremas.

Se refería a los verdaderos enemigos, a los que debían enfrentar y vencer antes de salir de ahí.

Se refería a los humanos corruptos.

Y, sin que ninguno de ellos lo supiese, sin que tan siquiera se dieran cuenta, su llegada ya había sido detectada.

Sabían que estaban allí, y ya habían sido fijados como objetivos a los que se les debía matar.

Habían entrado en su territorio, y debían de protegerlo a toda costa.

Al final, no tendrían que esforzarse en buscar a aquellos traidores que habían abandonado su humanidad a cambio de poder.

Ellos llegarían por su propio pie, atraídos por la repentina irrupción en su espacio de control.

Y vaya sorpresa que se iban a llevar.

Porque estos no eran los sucesos de la novela original.

Effiro se había asegurado de eso.

Esta vez, los humanos corruptos iban a descubrir de primera mano lo que significa tener la sangre de un dios corriendo por tus venas.

E iban a descubrir el poder que eso conllevaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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