Reencarnado como hijo de Nyx en una novela ¿cómo debo salvar el mundo? - Capítulo 25
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25: 25 25: 25 Effiro se había entregado a la tarea entre manos con una emoción inusitada.
Umbra, sostenida con la fuerza justa entre sus manos, se balanceaba con delicadeza y maestría, cortando a los monstruos con facilidad.
Tal y como había esperado, el sistema le había dado una misión.
Nueva misión: completa la misión del monolito cósmico.
Recompensa: +200 xp para todas las habilidades, una nueva habilidad relacionada con la línea de sangre divina de Nyx.
La misión le había resultado demasiado atractiva como para dejarla pasar.
Por supuesto, el nivel de dificultad era realmente alto, por lo que la recompensa era directamente proporcional al riesgo.
Sin embargo, tenía plena confianza en que podría completar la misión.
Ya había demostrado lo que era capaz de hacer mientras hubiera una recompensa que valiera la pena.
Tanta experiencia para sus habilidades y una habilidad nueva…
¿Qué sería lo próximo, darle directamente un aumento de niveles?
Tal y como iban las cosas, lo veía como algo probable.
Pero había otra cosa.
Esta nueva misión dada por el sistema le ofrecía como recompensa una habilidad relacionada con la sangre de Nyx.
¿No se supone que el sistema le había otorgado todas sus habilidades, incluso si dos de ellas estaban bloqueadas?
Si el sistema tuviera una forma física, entonces le golpearía en el rostro con todas sus fuerzas.
A él o a quien fuera que lo estaba controlando tras bambalinas.
¿Por qué habían aún habilidades de Nyx que no habían sido desbloqueadas?
A no ser…
Que fueran habilidades poco comunes, las cuales no pudieran ser desarrolladas por los semidioses normales.
Esa era una posibilidad que no sólo tenía sentido, sino que también era la única que calmaría su ira.
Pero aún necesitaba completar la misión del monolito cósmico y salir de ahí con vida para poder reclamar su recompensa.
Lavinia se mostraba casi tan entusiasta como él.
Su espada se balanceaba de un lado a otro con gran precisión y elegancia, y ningún monstruo que se interpusiera en su camino podía escapar de su filo mortal.
Para ambos, utilizar en ese momento sus habilidades no solo sería innecesario, sino también un gasto de energía.
Por lo tanto, frente a aquellos monstruos que llegaban en hordas inacabables, lo único que necesitaban era su fuerza bruta y destreza se combate.
Ninguno de esos monstruos podía hacer algo contra ellos debido a su naturaleza bestial y falta de técnica y poder bruto.
Tal vez podían hacer frente a un humano normal y corriente, pero la cosa cambiaba cuando se metía a un semidios en la ecuación, sobre todo si eran dos expertos de su generación.
Y en medio de la monotonía que suponía la eliminación constante de monstruos, finalmente hubo un cambio en el ambiente.
Cayendo desde el cielo sin previo aviso, una figura destrozó la tierra con el impacto de su cuerpo contra el suelo, aplastando a varios monstruos en el proceso.
Cuando se puso en pie, dejó a la vista su cabello rojo y su pecho al descubierto, mostrando sus músculos definidos por el entrenamiento físico.
“Veamos qué tenemos aquí…
dos pequeños semidioses perdidos en una dimensión a la que no pertenecen.
Verdaderamente interesante, sí señor” Effiro había leído sobre él en la novela, y sabía de lo que era capaz.
Uno de los humanos corruptos más poderosos dentro de la misión.
Mientras que la mayoría contaba con algún tipo de poder mágico relacionado con un elemento, él contaba con habilidades marciales.
Eso significaba que era excepcionalmente bueno en lo referente a combates cuerpo a cuerpo.
Effiro podía atacarle desde la distancia, pero ¿Qué gracia había en eso?
Uno podía volverse más fuerte pasando por dificultades, y esta era la oportunidad ideal para probarlo.
No se lo pensó ni un solo segundo, lanzándose sobre el humano corrupto con la espada sostenida con fuerza.
Nadie allí se esperó un movimiento tan directo y atrevido, ni siquiera el enemigo que acababa de llegar.
El humano corrupto, sorprendido por la audacia del semidios al que debía matar, trató de bloquear el ataque con su brazo, que fue separado del resto de su cuerpo.
Por suerte para él, poseía una poderosa regeneración, capaz de hacerse cargo de cualquier daño que recibiera durante el combate.
Al menos la mayor parte del tiempo.
“¡Maravilloso!
Ese espíritu de lucha, ese orgullo de guerrero…
¡Es simplemente maravilloso!” Al humano corrupto no le importó el daño recibido.
Había encontrado a un guerrero casi tan entusiasta como él mismo.
Pero había alguien a quien quería probar también.
Se lanzó contra Lavinia a gran velocidad, lanzando una serie de poderosos puñetazo que desplazaron el aire.
Por puro instinto, Lavinia levantó su espada, bloqueando y desviando cada ataque entrante.
Ella no era débil, pero podía sentir sus músculos entumeciéndose ligeramente por los repetidos impactos que caían sobre ella como una lluvia de abril.
Justo cuando Lavinia pensó en contraatacar, el humano corrupto retrocedió varios pasos, creando distancia entre ambos.
Effiro estaba detrás de él, y Lavinia estaba delante.
Ambos asintieron y, tomando impulso con ambas piernas, se lanzaron contra el monstruo a la vez desde dos frentes distintos.
Fue en ese momento que el enemigo demostró finalmente su destreza marcial.
Su mano izquierda atrapó a Umbra, lanzando a Effiro hacia adelante, mientras que su mano derecha atrapó la hoja de Lavinia y la lanzó hacia atrás.
El filo de las dos espadas mordió su carne, pero ni siquiera se inmutó ante el daño que él mismo se había hecho.
Ambos plantaron sus pies firmemente en el suelo, deteniendo el movimiento antes de volver a lanzarse sobre el enemigo.
De nuevo, el humano corrupto demostró de lo que era capaz.
Uno de sus puños impactó de lleno en el pecho de Effiro, mandándole a volar mientras su otro puño conectaba un poderoso golpe en el estómago de Lavinia, elevándola varios metros sobre el suelo.
Los dos semidioses escupieron sangre por el daño interno recibido, pero se pusieron de pie y se prepararon para el próximo embate.
Lavinia poseía ciertas habilidades útiles para la recuperación del cuerpo, y Effiro ya había soportado cosas peores antes.
Aquello no era nada para ellos.
El humano corrupto se lanzó contra Effiro con la intención de golpearle de nuevo, pero esta vez Effiro estaba mejor preparado para actuar.
En cuanto su enemigo estuvo prácticamente sobre él, levantó su pie en una poderosa patada, golpeando su barbilla en un movimiento ascendente que le hizo retroceder.
El humano corrupto trató de contraatacar con un poderoso puñetazo, pero Effiro se apartó con un veloz juego de pasos y balanceó su espada, dejándole un corte en el costado.
La hija de Hades aprovechó la oportunidad, atacando con una puñalada directa al corazón.
El ataque tuvo efecto, pero se vio obligada a retroceder con tal de evitar un golpe mortal.
Para evitar puntos ciegos, el humano corrupto se dio la vuelta y se enfrentó a Effiro, lanzando un poderoso puñetazo cuya potencia lo hacía parecer una bala.
Effiro podría haber bloqueado el ataque, pero en su lugar optó por desviar el golpe con la hoja de Umbra.
El monstruo usó su otra mano para atrapar la espada, evitando que Effiro atacase a su cabeza y, pensando rápidamente, llegó a una conclusión: era hora de usar la cabeza.
Por lo tanto, le dio un cabezazo a su rival, emplando toda la fuerza que pudo reunir.
Gracias a eso, logró recuperar su arma y quitárselo de encima.
Lavinia aprovechó para atacar y, antes de que el humano corrupto pudiera darse la vuelta, lanzó un corte horizontal a su cabeza.
Por suerte para el humano corrupto, su instinto estaba lo suficientemente desarrollado como para sentir el ataque y esquivarlo, aunque eso no evitó que se llevase un corte en el cuello.
De nuevo otra oleada de ataques sobrevino sobre ambos, mezclando puñetazos y patadas en un movimiento giratorio.
Podía mantenerles alejados de él temporalmente, pero limitaba su capacidad ofensiva general.
Una defensa que sólo podía ser utilizada para defenderse durante un momento, tiempo suficiente para pensar en su próximo movimiento.
Pero Effiro no iba a dejarle ganar.
Su mente llegó a una idea sobre cómo atacar al tornado de golpes que se alzaba frente a ellos, y no tardó en llegar a una forma de lograrlo.
“Quieres jugar, ¿eh?
!Entonces juguemos!” Alzó sus manos al aire, y tres bolas de fuego se materializaron sobre su cabeza.
Con un simple movimiento, las tres bolas de fuego salieron disparadas en dirección al humano corrupto, quien se vio obligado a detenerse para esquivar el ataque.
Effiro había demostrado lo peligroso que podía llegar a ser, y debía acabar con él cuanto antes.
Se lanzó en su dirección, pero Effiro logró esquivar el ataque a tiempo y, con un tajo, casi partió su pecho por la mitad.
Pero el movimiento le dejó con una postura abierta, y recibió un puñetazo en el pecho que le mandó rodando a decenas de metros.
Uno menos, sólo quedaba la chica.
Pero algo había cambiado en la postura de la semidiosa.
Se lanzó directamente contra él, atacándole con una ráfaga de cortes y puñaladas que le obligaron a centrar toda su atención en bloquear y esquivar.
Su carne y sus huesos eran destrozados por la andanada de ataques constantes, pero su regeneración se aseguraba de que su cuerpo estuviera en un estado óptimo, permitiéndole continuar bloqueando.
Ahora sólo necesitaba aguantar un poco más y, en cuanto la chica redujera el ritmo por la fatiga, aprovechar para atacar.
Su razonamiento era simple, pero había cometido un error que le costaría caro: creyó que el enemigo ya había sido abatido.
No se dio cuenta del ataque que se acercaba desde atrás, y su cabeza fue cortada cuando menos se lo esperó.
Ese había sido el plan de Effiro: dejar que su rival creyese que había quedado fuera de combate para atacar por la espalda.
Claro que, con sus sentidos superiores y su instinto, el humano corrupto podría haber sentido su presencia y haber reaccionado en respuesta.
Fue por esa misma razón que usó su habilidad Capucha Morada para volverse invisible y su técnica Golpe de Sombras para lanzar un ataque capaz de pasar inadvertido.
En resumen, se había vuelto prácticamente indetectable para su enemigo, lo que le dio una ventaja absoluta.
La cabeza del humano corrupto se separó de su cuerpo, y su rostro pasó a la confusión.
¿Cómo había sido posible eso?
Le habían tendido una trampa, y había funcionado.
No…
¡Todavía no podía detenerse!
¡Quería seguir disfrutando de aquel combate!
Él era muy distinto al resto.
No luchaba por malicia; luchaba por el simple placer de combatir.
Y ahora que finalmente estaba teniendo un buen combate, no podía detenerse mientras aún se pudiera mover.
Mientras se comenzaba a regenerar, lanzó una patada detrás suyo, con la intención de golpear a Effiro, quien bloqueó el ataque usando ambos antebrazos.
Se dio la vuelta para enfrentarse a Lavinia, pero todo su cuerpo se sintió entumecido y difícil de mover.
Y en ese estado de parálisis inducido mediante magia, los dos semidioses lanzaron su última ofensiva para acabar con el combate de una vez por todas.
Effiro empuñó a Umbra, cubierta con una capa de luz lunar, mientras Lavinia lanzaba un tajo con su espada envuelta en llamas negras como el carbón, ejecutando la técnica de Míriada de espadas: Pacificador.
Las hojas de las dos armas llegaron hasta su objetivo al mismo tiempo, partiendo su cuerpo por la mitad.
El último pensamiento que el humano corrupto tuvo antes de convertirse en ceniza fue sobre el hermoso combate que tuvo.
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