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Reencarnado como hijo de Nyx en una novela ¿cómo debo salvar el mundo? - Capítulo 29

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Capítulo 29: 29

Cuando Effiro volvió a su habitación, dejó escapar un suspiro.

Su conversación con la Serpiente fue menos productiva de lo que había esperado.

Aunque, de todos modos, tampoco esperaba gran cosa.

Aún así, había ganado algo.

Miró los frascos de veneno, antes de volver a guardarlos.

Podría haber preguntado por la ubicación de cualquier artefacto poderoso de ese mundo, pero sería una pregunta demasiado vaga como para estar completamente seguro de que recibiría la ubicación de algo útil.

Sin embargo, eso daba igual.

Metió su mano en el bolsillo y sacó un trozo de papel doblado.

Lo desdobló, revelando que, en realidad, era un mapa.

Lo había descubierto en la dimensión del monolito cósmico, antes de su combate con el humano corrupto más fuerte allí.

El mapa parecía cartografiar algún tipo de estructura compleja y de múltiples pasillos y cámaras.

Y una de esas cámaras estaba marcada con una x.

La x del tesoro.

¿Qué clase de tesoro oculto sería ese?

Effiro no tenía ni idea, pero estaba seguro de que debía de ser algo realmente poderoso si el mapa para localizarlo estaba en aquel sitio infernal.

Por suerte para él, sabía exactamente qué sitio mostraba el mapa.

Era una mazmorra.

Las mazmorras eran sitios de caminos y túneles extensos, llenos de monstruos de todo tipo.

Lugares perfectos para que los semidioses luchen, mejoren y ganen recompensas.

Y lo mejor es que generan monstruos de manera natural, lo que los vuelve fuentes infinitas para entrenar y conseguir materiales.

La cantidad de misiones relacionadas con las mazmorras eran, además, muchas. Demasiadas.

Podía aceptar una de esas misiones, entrar en la mazmorra correspondiente y seguir el mapa hasta la localización del objeto.

Sí, ese era un buen plan.

Pero, por ahora, tendría que ir a clases.

Las enseñanzas podían ser importantes.

Y la de hoy ciertamente lo era.

…

“Chicos, la clase de hoy va a tratar sobre la materialización elemental. ¿Alguien puede decirme qué es?”

Luke levantó la mano, y la profesora le dio la palabra.

“La materialización elemental es el proceso mediante el cual un semidios puede materializar los elementos con los que tiene afinidad”

“Muy bien. Ahora, ¿alguno de vosotros sabe lo que es la animación elemental?”

De nuevo, Luke levantó la mano.

“La animación elemental es el acto de formar una criatura mediante la concentración de un elemento, un ser consciente e invocable”

“Muchas gracias por tu aportación, Luke. Ahora…”

…

“¿No puedes bajar la mano aunque sea por un momento, Luke?”

“¿Qué tiene de malo, Izan? Si sé la respuesta, la digo. Tengo que ganarme a la profesora”

“¡Pero estoy a tu lado, idiota! Si tú llamas la atención, yo también. Y no quiero que los profesores decidan preguntarme a mí”

“Si yo no levanto la mano, nadie lo hará. Y si nadie lo hace, entonces acabamos en la misma situación”

Izan abrió la boca para replicar, pero no supo qué decir.

En su lugar, se giró para hablar con Effiro.

“Oye, ¿tienes algún plan para hoy? Porque si no es así, entonces podríamos quedar todos juntos”

“Lo siento, pero debo declinar la oferta. Ya tenía pensado hacer algo esta tarde. Sin embargo, podemos quedar mañana”

“Está bien. De todos modos, llámanos si cambias de opinión, ¿vale?” Izan suspiró, llevándose a Luke a la habitación.

Effiro les vio irse, antes de girarse para ir a la sala de misiones.

Si podía recibir más beneficios por sus acciones, ¿por qué no lo iba a hacer?

Una vez allí, buscó entre las misiones de mazmorras hasta dar con una que llamó su atención.

Conseguir 20 sacos de veneno de basilisco.

Nivel: 3

Recompensa: 300 créditos, un elixir de energía divina.

Emisor de la misión: Jack Roman

Jack Roman. Effiro recordaba ese nombre.

Dentro de la novela, era un alquimista de gran renombre, respetado por todos.

Sus elixires siempre eran de una gran calidad, lo que les hacía bastante costosos y apreciados entre aquellos capaces de hacerse con uno de ellos.

Pero la misión elegida era más difícil que las de nivel 2.

Una misión de nivel tres tenía una posibilidad de muerte del 50%, y eso era vigente incluso para semidioses con un poder respetable.

Pero las recompensas eran muy superiores, y el riesgo valía la pena.

Sobre todo para él, que había elegido la misión como un enfoque secundario para aprovechar al máximo su visita a la mazmorra.

…

El viaje hasta la mazmorra no fue muy largo.

Decenas de personas entraban y salían a cada minuto, algunos en perfecto estado y otros con el cuerpo lleno de heridas y la ropa cubierta de sangre.

La mayoría iban en grupos de cinco personas, y sólo algunos iban acompañados de un único compañero.

En comparación, Effiro llamaba la atención por ir en solitario.

La mazmorra en cuestión era un laberinto.

Mientras uno no tuviera un mapa a mano, sería complicado ubicarse en su interior, lo que llevaría inevitablemente a perderse.

Por suerte para él, tenía un mapa que mostraba mucho más de lo que aparentaba.

Entró dentro de la mazmorra, con sus ojos recorriendo los largos pasillos y las paredes de piedra maciza.

Era la primera vez que entraba en una mazmorra, y debía de admitir que estaba impresionado por la arquitectura del lugar.

El laberinto tenía tantos caminos y bifurcaciones que era común no encontrarse con otros grupos de semidioses durante el trayecto, lo cual tenía sus beneficios y desventajas.

Pronto, el primer monstruo apareció ante Effiro: una dracaenae, una mujer serpiente, la cual portaba en su mano un tridente de bronce.

Apenas le prestó atención, avanzando rápidamente por el pasillo.

Pasó al lado de ella, creando una fuerte corriente de viento por su velocidad mientras la ignoraba.

Momentos después, el cadáver de la dracaenae caía al suelo, con la cabeza separada del resto del cuerpo.

Gracias a su increíble velocidad, Effiro pronto llegó frente a una pared.

En sus manos ahora tenía una bolsa, la cual estaba llena de las sacos de veneno de basilisco que la misión requería para ser completada.

Por el camino se había dedicado a buscar basiliscos, los cuales no habían podido ofrecer mucha resistencia contra el monstruo que les estaba dando caza.

Sus cuerpos habían sido desechados, y sus sacos de veneno habían sido extraídas limpiamente y sin sufrir daño alguno, en condiciones óptimas para extraer el veneno contenido en su interior.

Con un pensamiento extendió su sombra, guardando en su interior la bolsa.

Una vez hecho esto, su mirada se dirigió a la pared frente a él.

Una pared de roca, igual que el resto de las paredes.

Sin decoración o antorchas sobre su superficie plana, fría y dura.

La tocó con la palma de la mano, le dio varios golpes suaves con los nudillos del puño e incluso usó su energía divina para tratar de sondearla.

Pero nada pasó. Como si realmente fuera una pared común y corriente más en aquella laberíntica mazmorra llena de monstruos.

Volvió a revisar el mapa en sus manos, sólo para asegurarse de que no se había equivocado de sitio.

Pero no era así: reconocía perfectamente el camino que había recorrido, y podía ver a la perfección que estaba en el lugar marcado en el mapa con una x.

Sonrió para sí mismo.

Como era de esperar, la habitación en la que se encontraba el tesoro estaba oculta de la vista y de los sentidos.

Si no hubiera sido así, cualquiera que hubiera pasado por allí y hubiera prestado más atención de la debida podría haberla descubierto, incluso sin tener en sus manos un mapa que dé su ubicación de manera clara y concisa.

Hizo retroceder su puño, antes de golpear la pared frente a él con fuerza.

Grietas se extendieron por su superficie, pero se negó a caer.

Por supuesto, también era bastante resistente. Así no caería tan fácilmente si una batalla estallaba en ese lugar.

Volvió a golpear de nuevo, y una vez más.

Más grietas aparecieron, pero no era suficiente.

Las sombras entraron dentro de las grietas, creciendo desde el interior y creando presión interna, lo que facilitó enormemente el trabajo de demolición.

Cinco proyectiles de sombras y otros cinco de luz lunar se manifestaron a sus espaldas, saliendo disparadas en dirección a la pared.

Explotaron al golpear la dura piedra, arrancando grandes trozos con cada impacto.

Finalmente la pared de roca, que se alzaba orgullosa, se derrumbó con un fuerte ruido.

Al otro lado, tal y como estaba indicado en el mapa, había una habitación oculta.

Era una sala pequeña y simple, con muy poca iluminación y un interior tan tosco como el exterior.

Y allí, ubicada en medio de la habitación y colocado sobre un pedestal de oro, había un anillo.

Estaba hecho de un metal de origen desconocido, de color morado y negro, y parecía a simple vista un objeto común.

Pero él podía sentir la energía que emanaba de ese anillo.

Pensó en ponérselo, pero descartó ese pensamiento. Era peligroso usar esta clase de artefactos de origen desconocido y sospechoso sin saber un poco más sobre ellos.

…

El cielo era de un rojo apocalíptico, y el suelo, de un color negro carbón, estaba repleto de huesos blancos como el marfil.

El aire estaba lleno de un denso elemento de muerte, tan intenso que cualquier semidios normal sería enormemente debilitado.

Y allí, sentado en un trono de huesos, se encontraba una figura sombría.

Su piel era pálida, su cuerpo esquelético y llevaba puesta una máscara que simulaba la forma de un cráneo.

A su lado, flotando sobre el suelo, se encontraba un orbe flotante de energía blanca.

Y frente a él, una pantalla de luz azul reflejaba la imagen de un chico de cabello negro, sosteniendo un anillo en sus manos.

“¿Alguien ha encontrado ese artefacto? Hace mucho tiempo que no veo ocurrir algo como eso. Servirá como sacrificio”

Con esas palabras, abrió una grieta en la realidad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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