Reencarnado como Paladín: Mis Gustos Culposos se Volvieron Reales - Capítulo 1
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- Capítulo 1 - 1 Morí como un idiota
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1: Morí como un idiota…
y una diosa me lo restregó en la cara 1: Morí como un idiota…
y una diosa me lo restregó en la cara Morí de la forma más vergonzosa, ridícula y absolutamente anticlimática que se pueda imaginar.
Era un martes normal y corriente.
Volvía caminando a casa después de clases, con la mochila colgando de un hombro y la cabeza baja, como siempre.
Mi mente estaba en piloto automático, pensando en lo mismo de siempre: Sofía.
Sofía era la chica más linda de todo el salón.
Tenía una sonrisa que podía iluminar un día gris completo, el cabello castaño que le caía perfecto sobre los hombros y una forma de reír que hacía que todo el mundo a su alrededor sonriera también.
El problema era que ella nunca se fijaba en mí.
Yo era el clásico “chico del fondo”: callado, invisible, el que contestaba cuando le preguntaban algo pero nunca iniciaba una conversación.
Tenía dieciocho años y seguía siendo virgen.
No por elección religiosa ni nada noble.
Simplemente porque nunca había tenido el valor para acercarme a ninguna chica.
En vez de eso, pasaba las noches solo en mi habitación, con las luces apagadas, viendo anime, leyendo mangas y… bueno, admirando waifus góticas, vampiras seductoras, súcubos con alas y sonrisas peligrosas, necromante vestidas completamente de negro.
Era mi pequeño secreto culpable.
Nadie lo sabía.
Y nadie lo sabría nunca.
Esa tarde, mientras caminaba por la acera pensando en si algún día me atrevería a hablarle a Sofía, escuché un chirrido brutal de frenos.
Un camión de carga había perdido el control en la esquina y venía directo hacia nosotros a toda velocidad.
La gente empezó a gritar.
Y ahí estaba Sofía, parada en medio de la calle, completamente distraída mirando su celular.
No lo pensé.
Mi cuerpo se movió solo.
Corrí hacia ella y la empujé con todas mis fuerzas.
Ella cayó sobre la acera, a salvo.
Yo, en cambio, sentí un impacto brutal en la espalda.
Un poste de luz que se había soltado con el choque del camión cayó directamente encima de mí.
Dolor.
Un dolor intenso y corto.
Mientras todo se ponía negro, solo pude pensar una última cosa: Qué forma más estúpida y patética de morir… El virgen que salva a su crush platónica y termina aplastado como una mosca bajo un poste de luz.
Ni siquiera pude confesarle nada.
Si esto fuera un anime, sería el personaje secundario que muere en el primer episodio para motivar al protagonista.
Al menos morí haciendo algo bueno… supongo.
Cuando abrí los ojos, ya no había calle, ni camión, ni dolor.
Solo un espacio blanco infinito, limpio y brillante como un estudio de fotografía profesional.
Frente a mí flotaba una mujer de una belleza sobrenatural, vestida con una túnica dorada que emitía una luz suave y cálida.
Tenía una sonrisa en los labios que parecía demasiado divertida para pertenecer a una diosa seria.
—Bienvenido, alma valiente —dijo con voz melodiosa, aunque claramente contenía risa—.
Tus actos en vida fueron puros.
Arriesgaste tu vida sin dudarlo por salvar a alguien.
Por eso, te concedo una nueva oportunidad en otro mundo… y una Clase digna de tu corazón limpio.
Parpadeé varias veces, todavía intentando procesar lo que estaba pasando.
—¿Reencarnación?
¿En serio?
¿Como en esos isekai que veo a escondidas en la madrugada?
La diosa asintió con elegancia.
—Exacto.
Serás un Paladín de la Luz Eterna.
Recibirás poderes de purificación divina, bendiciones de resistencia, exorcismos y todo lo que un santo guerrero necesita.
Tu pureza será tu mayor arma contra la oscuridad de este mundo.
Por un segundo me emocioné de verdad.
¿Yo?
¿Un paladín?
¿El eterno virgen, el chico invisible, iba a convertirse en un héroe santo?
Sonaba demasiado bueno para ser verdad.
Pero entonces la diosa sonrió de forma traviesa, se inclinó ligeramente hacia mí y su expresión cambió por completo.
—Sin embargo… también vi tus gustos más culposos, Alex.
Esas noches solo en tu habitación, con las luces apagadas, viendo anime con waifus góticas, vampiras seductoras de ojos rojos, succubus con alas y sonrisas peligrosas, necromancer vestidas completamente de negro… Todo eso lo guardé especialmente para tu Sistema de Affection.
Una pantalla azul brillante apareció flotando justo frente a mi cara: [Sistema de Affection Activado] [Clase Principal: Paladín de la Luz Eterna – Nivel 1] [Purity Gauge: 100/100] [Waifus Potenciales Desbloqueadas: Basadas en tus deseos ocultos más vergonzosos] Nota: Subir el nivel de Affection con las waifus desbloqueará sus habilidades únicas.
Cuanto más alto el Affection, más fuerte será el vínculo… y más tentadora la oscuridad que traerán consigo.
Me puse rojo como un tomate maduro.
Sentí que hasta las orejas me ardían de vergüenza.
—¡¿QUÉ?!
¡Eso era completamente privado!
¡No tenías derecho a espiar mis búsquedas nocturnas!
¡Eso es invasión de privacidad divina!
¡Hay límites incluso para las diosas!
La diosa soltó una carcajada alegre y genuina, tapándose elegantemente la boca con la mano.
—Ay, qué adorable eres.
Tan puro y correcto por fuera… y tan lleno de fantasías oscuras y prohibidas por dentro.
No te preocupes demasiado, pequeño paladín.
Tu clase te dará herramientas para resistir la tentación.
Pero si te dejas llevar demasiado… el Purity Gauge bajará.
Y cuando llegue a cero, digamos que tu “pureza” dejará de ser un problema para ti.
Otra pantalla apareció al lado de la primera: [Advertencia del Sistema] El Affection no solo da poder.
También despierta deseos reprimidos.
Usa tu fe y tu luz para mantener el equilibrio.
Objetivo inicial: Sobrevive en el nuevo mundo y encuentra a tus primeras waifus marcadas por las sombras.
Intenté protestar de nuevo, pero la diosa ya estaba levantando la mano con una sonrisa pícara y divertida.
—Bienvenido a tu nueva vida, paladín virgen.
Que tu luz sea más fuerte que tus gustos culposos… aunque, siendo completamente sincera, dudo mucho que lo sea.
Va a ser muy entretenido verte intentar resistir.
Te estaré observando.
Todo se volvió negro de nuevo.
Cuando abrí los ojos por segunda vez, ya no estaba en el limbo blanco.
Sentía hierba húmeda y fría bajo mi espalda.
El cielo estaba nublado y oscuro.
El aire olía a bosque antiguo, tierra mojada y un leve olor metálico, como sangre vieja.
Me incorporé lentamente.
Ahora llevaba una armadura ligera blanca con detalles dorados que se sentía sorprendentemente cómoda y ligera.
En mi mano derecha brillaba débilmente una espada sencilla pero con un aura santa clara y reconfortante.
[Bienvenido al Mundo de Elandria] [Misión inicial: Encuentra refugio antes del anochecer.
Las sombras se vuelven peligrosas cuando cae la noche.] Me quedé sentado un momento en el suelo, mirando al vacío mientras procesaba todo lo que acababa de pasar.
—Esto no puede estar pasando de verdad… —murmuré para mí mismo—.
Soy un paladín.
Un paladín virgen.
Con un sistema que literalmente usa mis fantasías nocturnas más vergonzosas como waifus.
¿Esto es un regalo divino o un castigo cruel y retorcido?
¿La diosa me está premiando o se está riendo de mí?
Justo en ese momento, entre los árboles oscuros del bosque, vi una silueta moverse lentamente.
Una figura alta, con cabello negro largo que flotaba ligeramente con el viento.
Vestía ropa oscura y elegante.
Sus ojos brillaron por un segundo con un tono rojizo intenso.
La pantalla del sistema parpadeó con entusiasmo: [Waifu potencial detectada cerca…] Affection inicial: 0/100 Tragué saliva tan fuerte que casi me atraganto.
—Diosa… si me estás viendo desde allá arriba… por favor, dame fuerza —susurró, juntando las manos como si estuviera rezando desesperadamente—.
Porque creo que mi Purity Gauge va a empezar a bajar antes de que termine esta misma noche.
Y no sé si estoy preparado para esto.
La figura dio un paso más hacia la luz del claro.
Y yo, el paladín virgen recién llegado a este mundo, solo pude pensar una cosa mientras el corazón me latía a mil por hora: Esto apenas empieza… y ya siento que estoy completamente jodido.
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