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Reencarnado como Paladín: Mis Gustos Culposos se Volvieron Reales - Capítulo 10

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  3. Capítulo 10 - 10 Tensiones en la Oscuridad
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10: Tensiones en la Oscuridad 10: Tensiones en la Oscuridad El salón privado estaba envuelto en una penumbra cálida, iluminado únicamente por las velas de llama azul que flotaban cerca del techo.

Alex se sentó a la mesa entre Liliana y Valeria, sintiendo el peso invisible de ambas presencias.

Liliana había elegido sentarse a su derecha, tan cerca que sus rodillas se rozaban bajo la mesa.

Valeria, todavía con su armadura completa, ocupaba el asiento frente a él, su postura rígida y silenciosa.

La cena transcurrió en una atmósfera cargada de sutilezas.

Liliana cortaba pequeños trozos de carne y, de vez en cuando, los acercaba a los labios de Alex con una sonrisa suave.

Cada gesto era elegante, pero deliberado.

Valeria observaba en silencio, sus guanteletes metálicos descansando sobre la mesa.

En un momento, cuando Liliana se inclinó un poco más de lo necesario para susurrarle algo a Alex, Valeria giró ligeramente la cabeza, como si el yelmo le pesara más de lo habitual.

Alex sintió la tensión, aunque nadie la mencionaba.

Era como una corriente subterránea que fluía entre las dos mujeres, invisible pero constante.

Liliana rompió el silencio con voz suave.

—Has luchado bien esta noche, Alex.

Deberías permitir que te cuide un poco más después de tanto esfuerzo.

Valeria inclinó la cabeza apenas un centímetro.

—El entrenamiento fue necesario —dijo con su voz grave y controlada—.

En este territorio, la resistencia se mide con hechos, no con palabras.

Liliana sonrió levemente, sin apartar la mirada de Alex.

—Cada uno mide la resistencia a su manera, general.

Alex sintió un nudo en el estómago.

No dijo nada.

Solo tomó un sorbo de la copa de vino oscuro, intentando ignorar cómo su mente seguía regresando al momento en el baño y al recuerdo de Valeria sin armadura.

De pronto, la puerta del salón se abrió.

Un mensajero vestido de negro entró con paso apresurado, sosteniendo un pergamino sellado con el emblema del Señor Demonio: una corona de espinas envuelta en llamas negras.

—Una carta urgente del Señor Demonio —anunció, inclinándose profundamente—.

Para Lady von Nacht y el general Valeria.

Liliana tomó el pergamino con elegancia y rompió el sello.

Mientras leía, Alex notó cómo sus ojos rojos se entrecerraban ligeramente.

Una micro-expresión de sorpresa cruzó su rostro.

Valeria se inclinó hacia adelante, su armadura crujiendo suavemente.

Liliana terminó de leer y levantó la mirada.

Su voz sonó calmada, pero con un matiz serio.

—Parece que el Señor Demonio ha decidido actuar.

Un pueblo llamado Eldoria, al norte, se ha declarado abiertamente en contra de su autoridad.

Han levantado estandartes de la Luz Eterna y solicitado ayuda a los paladines humanos.

Alex sintió que su cuerpo se tensaba de inmediato.

Sus dedos apretaron la copa con más fuerza de la necesaria.

Eldoria.

Un pueblo que defendía la Luz.

El mismo tipo de lugar que, en circunstancias normales, él debería estar protegiendo.

Liliana continuó leyendo en voz alta, con tono neutro: —Se nos ordena prepararnos para marchar en tres días.

El pueblo debe ser sometido o eliminado.

Y el Señor Demonio desea que Alex nos acompañe en esta campaña.

Al escuchar su nombre, Alex sintió un frío repentino en el estómago.

Su mano tembló ligeramente sobre la copa, haciendo que el vino oscilara.

Una cruzada.

Le estaban pidiendo —ordenando— que participara en un ataque contra un pueblo que representaba todo lo que su clase defendía.

El conflicto interno le golpeó con fuerza.

‘¿Cómo puedo ir contra ellos?’, pensó, con el corazón acelerado.

‘Soy un paladín de la Luz Eterna… y ahora me piden que marche junto a un ejército demoníaco.’ Valeria permaneció en silencio un momento más antes de hablar.

—Una campaña necesaria —dijo con su voz grave—.

La rebelión no puede tolerarse.

Liliana dobló el pergamino con cuidado y lo dejó sobre la mesa.

Su mano buscó la de Alex debajo de la mesa y la apretó suavemente, como intentando anclarlo.

—No tienes que decidir nada esta noche —susurró ella, con voz suave pero firme—.

Pero el destino parece haberte traído hasta aquí por una razón, Alex.

Alex tragó saliva.

Su Purity Gauge, ya inestable, descendió un poco más: [Purity Gauge: 43/100 → 40/100] La idea de marchar contra un pueblo inocente que luchaba por la Luz le provocaba una náusea moral que apenas podía ocultar.

Al mismo tiempo, sentía la mirada de Valeria fija en él a través del yelmo, y la mano de Liliana sosteniendo la suya con posesividad.

El salón, antes cargado de tensión sutil entre las dos mujeres, ahora parecía aún más opresivo.

Liliana sonrió con delicadeza, aunque sus ojos reflejaban una determinación profunda.

—Descansa esta noche.

Mañana tendremos tiempo para hablar de lo que significa esta orden.

Valeria se levantó lentamente, su armadura resonando en el silencio.

—Prepararé a las tropas —dijo simplemente—.

Buenas noches, Lady von Nacht… paladín.

Cuando la general salió del salón, Alex se quedó mirando el pergamino sobre la mesa.

Una cruzada estaba por comenzar.

Y él, un Paladín de la Luz Eterna, se encontraba atrapado en el centro de ella.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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