Reencarnado como Paladín: Mis Gustos Culposos se Volvieron Reales - Capítulo 12
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- Capítulo 12 - 12 La Noche de las Emociones Rotas
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12: La Noche de las Emociones Rotas 12: La Noche de las Emociones Rotas El claro estaba envuelto en una niebla baja y fría cuando Alex abrió los ojos.
Habían pasado más de tres horas desde que comenzó su meditación.
El Purity Gauge había subido hasta 68/100, pero el alivio que debería sentir estaba ausente.
En su lugar, solo había un vacío pesado y oscuro en el pecho.
No podía dejar de ver las marcas rojas en el cuello de Liliana.
Cada vez que intentaba concentrarse en la oración, su mente lo traicionaba.
Imágenes oscuras invadían su cabeza: sus propias manos apretando con fuerza brutal el cuello de la vampira, el gruñido animal que salió de su garganta, la mirada de terror en los ojos rojos de Liliana.
“¿Qué soy ahora?”, pensó con amargura.
“Un paladín que casi mata a la persona que lo salvó.
Un monstruo disfrazado de luz.” Se pasó las manos por el rostro, temblando.
La culpa era tan intensa que le costaba respirar.
Sentía asco de sí mismo.
Una parte oscura de su mente incluso susurraba que tal vez merecía perder el control, que tal vez la corrupción era lo que realmente era.
Liliana se encontraba a varios metros de distancia, de pie junto a un árbol antiguo.
Quería acercarse.
Quería tocarlo, decirle que aún estaba allí.
Pero cada vez que daba un paso, el miedo la detenía.
El recuerdo de las manos de Alex alrededor de su cuello seguía fresco.
Por primera vez, Liliana von Nacht tenía miedo real de él… y de lo que podría volver a hacer.
Alex levantó la mirada y la vio.
Sus ojos se encontraron por un segundo.
Liliana apartó la vista casi de inmediato.
Alex sintió un dolor agudo en el pecho.
Ninguno de los dos sabía cómo acercarse.
La distancia entre ellos se había vuelto un abismo invisible.
Valeria, aún con su armadura completa, observaba la escena desde un poco más lejos.
Se dio cuenta de la tensión: Liliana quería acercarse, pero el miedo la paralizaba.
Alex estaba consumido por la culpa y no se atrevía a dar el primer paso.
Y ella… se sentía fuera de lugar, como una intrusa en una herida que no le pertenecía.
Finalmente, Valeria tomó una decisión.
Se acercó primero a Liliana y habló en voz baja, solo para ella: —Está intentando recuperarse.
Si te acercas ahora con miedo, solo empeorarás las cosas.
Deja que yo hable con él primero.
Liliana dudó, pero terminó asintiendo.
No dijo nada.
Solo se quedó mirando el suelo.
Valeria se acercó a Alex con pasos pesados.
Su armadura crujía suavemente.
Se detuvo a varios metros de distancia y esperó en silencio hasta que él levantó la vista.
—Paladín —dijo con su voz grave pero calmada—.
Has estado aquí más de tres horas.
Tu cuerpo no resistirá mucho más si sigues castigándote de esta forma.
Alex la miró.
Estaba exhausto, con ojeras profundas y la mirada perdida.
—General… gracias por intervenir antes —murmuró con voz ronca—.
Si no lo hubieras hecho… no sé qué habría pasado.
Valeria se sentó en el suelo frente a él, a una distancia respetuosa.
—No fue solo por ella —respondió—.
También fue por ti.
No quiero ver cómo te destruyes a ti mismo.
Alex bajó la mirada.
Los pensamientos oscuros seguían rondando su mente.
—Tal vez merezco destruirme —susurró—.
Casi la maté, Valeria.
La persona que me protegió desde el primer día… y yo intenté estrangularla como un animal.
Valeria guardó silencio un momento antes de hablar.
—Eres el primer paladín que conozco que lucha tanto contra sí mismo.
Eso me impresiona.
Pero la culpa no va a subir tu Purity Gauge.
Solo lo hará bajar más rápido.
[Affection con Valeria von Schatten: 24/100 → 32/100] Mientras hablaban, Liliana se acercó lentamente desde la distancia.
Valeria la vio y, en lugar de tensarse, hizo un gesto sutil con la cabeza, invitándola a acercarse.
Liliana se sentó al otro lado de Alex, manteniendo una distancia prudente.
No dijo nada al principio.
Solo lo miró con una mezcla de preocupación y miedo residual.
Alex notó su presencia y se tensó.
Quería hablarle, pero las palabras se le atascaban en la garganta.
—Liliana… —dijo finalmente, con voz quebrada—.
Lo siento.
No tengo palabras suficientes.
No sé cómo acercarme a ti sin que tengas miedo.
Liliana apretó los labios.
Sus ojos se desviaron hacia el cuello de su propio abrigo, donde aún se veían las marcas débiles.
—No sé cómo acercarme yo tampoco —admitió en voz baja—.
Cada vez que te miro, recuerdo tus manos en mi cuello.
Y eso me asusta… porque una parte de mí todavía quiere estar cerca de ti.
El silencio que siguió fue doloroso.
Alex sentía que había un muro invisible entre ellos.
Ninguno sabía cómo cruzarlo.
Valeria, sintiéndose un poco desplazada, se levantó lentamente.
—Los dejaré solos —dijo con voz neutra—.
Pero no se queden aquí mucho tiempo.
El ejército sigue avanzando.
Cuando Valeria se alejó, Alex miró a Liliana con ojos llenos de culpa.
—No quiero perderte —susurró—.
Pero entiendo si ya no quieres estar cerca de mí.
Liliana no respondió de inmediato.
Solo extendió una mano con mucho cuidado y rozó la de Alex con las yemas de los dedos.
Fue un contacto mínimo, tembloroso, lleno de miedo.
—No sé qué quiero ahora —admitió con honestidad—.
Solo sé que no quiero que vuelvas a perder el control.
Alex asintió, con el corazón pesado.
Pasaron varios minutos en silencio, simplemente compartiendo el espacio.
Poco a poco, Alex volvió a meditar.
La habilidad “Meditación Sagrada y Oración” seguía funcionando, pero los pensamientos oscuros seguían acechando en los bordes de su mente.
[Purity Gauge: 68/100 → 71/100] Valeria regresó un rato después y se sentó un poco más lejos.
Alex notó que se sentía desplazada y, con esfuerzo, extendió una mano hacia ella también.
—Valeria… no te quedes apartada —dijo con voz cansada—.
Necesito que ambas estén cerca de mí esta noche.
Aunque sea solo para no sentirme tan solo.
Valeria dudó, pero terminó tomando su mano.
El guantelete frío contrastaba con la piel caliente de Alex.
Los tres permanecieron sentados en el claro durante un largo rato.
No hablaron mucho.
Solo compartieron un silencio cargado de heridas recientes.
Liliana seguía con miedo.
Alex seguía con culpa.
Valeria se sentía como un puente frágil entre dos personas que no sabían cómo volver a tocarse.
La cruzada hacia Eldoria continuaba.
Pero esa noche, en aquel claro oscuro, tres almas rotas intentaban sostenerse mutuamente sin saber si aún podían confiar las unas en las otras.
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