Reencarnado como Paladín: Mis Gustos Culposos se Volvieron Reales - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 El Peso de lo Que No Se Dice
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13: El Peso de lo Que No Se Dice 13: El Peso de lo Que No Se Dice El claro estaba envuelto en una niebla baja y fría que parecía absorber todo sonido.
Alex seguía sentado contra el árbol antiguo, con la espalda rígida y la mente agotada después de más de cuatro horas de meditación continua.
El Purity Gauge había subido hasta 71/100, pero el alivio que debería sentir estaba ausente.
En su lugar, solo había un vacío pesado y oscuro en el pecho.
Los pensamientos oscuros seguían llegando sin control: “¿Cuánto tiempo pasará antes de que vuelva a perder el control?” “Si la lastimo de nuevo… ¿podré vivir con eso?” “Tal vez debería alejarme antes de destruir todo lo que toco.” Liliana permanecía a varios metros de distancia, oculta parcialmente entre los árboles.
Quería acercarse.
Quería tocarlo, decirle que aún estaba allí.
Pero el miedo la mantenía clavada en el lugar.
Cada vez que daba un paso, recordaba las manos de Alex alrededor de su cuello y se detenía.
Valeria observaba la escena desde la sombra de un árbol cercano.
Se sentía profundamente desplazada.
Liliana había sido la primera en acercarse a Alex, y aunque ella misma había actuado como puente, ahora se sentía como una intrusa en una herida que no le pertenecía.
Por un impulso que ni ella misma comprendía del todo, Valeria se quitó el yelmo con manos temblorosas.
Su cabello negro largo cayó sobre sus hombros como una cascada de tinta, y su rostro pálido quedó expuesto bajo la luz de la luna roja.
Ya no era la imponente General del Ejército Demoníaco.
Solo era Valeria.
Una mujer.
Se acercó con pasos inseguros, casi vacilantes, retorciendo sus manos enguantadas.
Se detuvo a unos metros de Alex, incapaz de mirarlo directamente a los ojos.
—Alex… —dijo con voz suave, casi un susurro—.
¿Puedo… quedarme un momento?
No quiero molestarte… solo… no quiero que estés solo.
Alex levantó la mirada, sorprendido por el tono tímido y vulnerable.
Valeria nunca le había hablado así.
Sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas y evitaba sostenerle la mirada por más de un segundo.
—Claro… —respondió él con voz cansada—.
Quédate.
Valeria se sentó en el suelo frente a él, a una distancia prudente.
Bajó la mirada, incapaz de sostenerle los ojos por mucho tiempo.
—No sé cómo decir esto… —murmuró, con la voz entrecortada—.
Pero verte castigándote tanto… me duele.
No quiero que te sientas solo.
Aunque sé que ahora mismo prefieres estar con ella.
Sus palabras eran torpes, llenas de inseguridad.
No había coqueteo calculado.
Solo una mujer quitándose la armadura emocional por primera vez.
Liliana, que observaba desde las sombras, sintió un fuego repentino en el pecho.
Los celos fueron tan intensos que, por un momento, olvidó el miedo.
Sin pensarlo, se movió con rapidez sobrenatural y se lanzó hacia Alex.
Se tiró literalmente sobre él, sentándose a horcajadas sobre su regazo con un movimiento desesperado y posesivo.
Sus manos se aferraron a los hombros de Alex con fuerza.
Alex soltó un jadeo sorprendido.
Sus brazos subieron instintivamente y la sujetaron por la cintura, conteniéndola con firmeza.
Pero en el instante en que sus manos tocaron la cintura de Liliana, un flash del ataque anterior cruzó por su mente.
Sus dedos se tensaron por un segundo, recordando cómo habían apretado su cuello.
Inmediatamente aflojó el agarre, con el corazón latiéndole con fuerza, lleno de culpa.
—Liliana… —murmuró, con la voz entrecortada.
Ella lo miró directamente a los ojos, su rostro a solo centímetros del suyo.
Su respiración era agitada, temblorosa.
—No soporto verte con ella —confesó con voz rota—.
No soporto que te mire así.
No soporto que alguien más se acerque cuando yo… cuando yo todavía tengo miedo de ti, pero no puedo alejarme.
Sus dedos se clavaron en los hombros de Alex.
—Te ataqué —susurró ella, con los ojos brillando—.
Me hiciste daño.
Y sin embargo… sigo queriendo estar cerca de ti.
Sigo queriendo que seas mío.
¿Por qué no puedo odiarte?
¿Por qué no puedo simplemente alejarme?
Alex sintió que algo se rompía dentro de él.
Las palabras de Liliana lo golpearon más fuerte que cualquier golpe físico.
La culpa, el deseo, el miedo y el cariño se mezclaron en un nudo doloroso.
—No lo sé —respondió con voz ronca, apretándola contra su pecho con fuerza contenida—.
Yo tampoco sé cómo arreglar esto.
Te lastimé, Liliana.
Y cada vez que te miro, veo las marcas que te dejé.
Pero no quiero que te alejes.
No quiero perderte.
Sus brazos la rodearon con más fuerza, como si temiera que si la soltaba, todo se derrumbaría.
Valeria, que aún estaba sentada frente a ellos, se quedó inmóvil.
Al ver a Liliana lanzarse sobre Alex de esa forma tan posesiva y desesperada, su expresión se endureció.
Bajó la mirada, sintiéndose profundamente desplazada.
Se levantó en silencio y comenzó a alejarse, su cabello negro ocultando parte de su rostro.
Alex notó el movimiento.
A pesar de estar conteniendo a Liliana, giró la cabeza hacia Valeria.
—Valeria… espera —dijo con voz suave pero firme—.
No te vayas.
No quiero que te sientas desplazada.
Valeria se detuvo, pero no se dio la vuelta inmediatamente.
Su espalda estaba tensa.
Liliana, aún entre los brazos de Alex, miró hacia Valeria.
Por un momento, los celos seguían allí, pero también había un destello de comprensión.
Alex apretó suavemente la cintura de Liliana y luego extendió una mano hacia Valeria.
—Ven… —pidió con voz cansada—.
Las necesito a las dos esta noche.
Aunque sea solo para no sentirme tan solo con mis propios demonios.
Valeria dudó varios segundos.
Finalmente, se dio la vuelta y regresó.
Se sentó un poco más lejos, pero aceptó la mano que Alex le ofrecía.
El guantelete frío contrastaba con la piel caliente de él.
[Affection con Liliana von Nacht: 38/100 → 47/100] [Affection con Valeria von Schatten: 24/100 → 34/100] Los tres permanecieron sentados en el claro durante un largo rato.
No hablaron mucho.
Solo compartieron un silencio cargado de heridas recientes.
Liliana seguía con miedo, pero ya no se alejaba.
Valeria se sentía menos desplazada, aunque aún guardaba sus emociones.
Y Alex, agotado pero determinado, intentaba sostener a ambas sin romperse él mismo.
La cruzada hacia Eldoria continuaba.
Pero esa noche, en aquel claro oscuro, tres almas rotas intentaban sostenerse mutuamente sin saber si aún podían confiar las unas en las otras.
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