Reencarnado como Paladín: Mis Gustos Culposos se Volvieron Reales - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 El Ataque al Campamento
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14: El Ataque al Campamento 14: El Ataque al Campamento El caos estalló sin aviso.
Un destello de luz sagrada rasgó el cielo nocturno como un trueno dorado, seguido de un coro de gritos y el choque metálico de armas.
Los fanáticos de la diosa habían lanzado un ataque sorpresa contra el campamento demoníaco, surgiendo de la niebla como espectros vengadores.
Sus armaduras plateadas brillaban con runas de luz pura, y sus voces coreaban oraciones de purificación mientras avanzaban.
—¡Por la diosa!
¡Purifiquen a los impuros!
El ejército demoníaco reaccionó con rapidez, pero el golpe inicial fue devastador.
Tiendas se incendiaron en llamas blancas, soldados cayeron envueltos en cadenas de luz bendita y el aire se llenó del olor a ozono y sangre quemada.
Alex desenvainó su espada santa en un instante.
La hoja brilló con un resplandor dorado, pero esta vez el poder se sentía pesado, contaminado por la culpa que aún le carcomía el pecho.
—Liliana, quédate cerca —dijo con voz urgente.
Liliana se separó de él con un movimiento brusco, sus ojos rojos brillando con alerta.
—No necesito que me protejas —respondió con voz tensa—.
No después de lo que pasó.
Valeria ya había entrado en acción.
Su armadura negra y dorada se movía como una sombra letal entre los atacantes.
Su espada larga cortaba el aire con precisión brutal, bloqueando golpes de luz sagrada y respondiendo con estallidos de energía oscura.
Pero los fanáticos eran numerosos y estaban preparados.
Un grupo de paladines de alto rango, vestidos con túnicas blancas y armaduras plateadas, se concentró en ella.
—¡La general demoníaca!
—gritó uno de ellos, un paladín de rango superior con una gran maza luminosa—.
¡Captúrenla viva!
¡Su sangre purificará a los herejes!
Valeria giró sobre sí misma, bloqueando un golpe de maza con su espada.
Pero eran demasiados.
Tres fanáticos lanzaron cadenas bendecidas que brillaban con luz sagrada.
Las cadenas se enrollaron alrededor de sus brazos y torso, quemando la armadura donde tocaban.
El metal siseó y Valeria soltó un gruñido de dolor cuando la luz comenzó a morder su piel.
Alex sintió que el mundo se detenía por un segundo.
—¡Valeria!
—gritó, abriéndose paso entre los combatientes.
Corrió hacia ella, su espada santa cortando el aire con haces de luz dorada.
Derribó a un fanático que intentaba bloquearle el paso, pero era demasiado tarde.
Otro grupo de paladines tiró con fuerza de las cadenas.
Valeria luchó con ferocidad, golpeando a uno de ellos con el pomo de su espada y rompiéndole el casco.
Pero las cadenas eran demasiado fuertes.
Una se enrolló alrededor de su cuello, apretando con crueldad.
La luz sagrada quemó su piel pálida, haciendo que soltara un grito ahogado de dolor.
Alex extendió la mano, invocando un escudo de luz para protegerla.
—¡No!
—rugió, con la voz rota por la desesperación.
Valeria giró la cabeza hacia él por un instante.
Su yelmo se había agrietado y, a través de la grieta, Alex vio sus ojos rojos llenos de sorpresa, dolor y algo parecido a resignación.
Por un segundo, la imponente general desapareció y solo quedó la mujer vulnerable que había visto sin armadura.
—Alex… —murmuró ella con voz débil, casi ahogada.
Un portal de luz blanca se abrió de repente detrás de Valeria.
Cuatro fanáticos tiraron de las cadenas con todas sus fuerzas, arrastrándola hacia el portal.
Valeria luchó hasta el último segundo, sus botas arañando la tierra, su espada cayendo de su mano.
Pero la luz la envolvió.
El portal se cerró con un destello cegador y un estruendo que sacudió el suelo.
Valeria von Schatten había sido raptada.
Alex se quedó congelado en el lugar, con la mano aún extendida.
Su espada santa cayó al suelo con un sonido metálico.
El mundo pareció perder todo sonido por un instante.
Solo escuchaba el latido desbocado de su propio corazón y el eco de la voz débil de Valeria llamándolo por su nombre.
—Valeria… —susurró, con la voz quebrada.
Liliana se acercó corriendo y se detuvo a su lado.
Su mano tembló cuando rozó su brazo.
Por un momento, su expresión fue de puro shock.
Luego, una mezcla de rabia y preocupación cruzó su rostro.
—Se la llevaron… —murmuró Liliana, con la voz baja y temblorosa—.
Esos fanáticos… se la llevaron delante de nosotros.
Alex cayó de rodillas, respirando con dificultad.
La culpa que sentía por el ataque anterior se mezcló con un nuevo tipo de desesperación.
Había fallado.
Otra vez.
Primero había atacado a Liliana.
Ahora había dejado que se llevaran a Valeria.
“Todo lo que toco se rompe”, pensó con amargura oscura.
“Soy un veneno.
Un paladín que destruye a quienes se acercan a él.” Esa línea oscura resonó en su mente con fuerza brutal.
[Purity Gauge: 71/100 → 58/100] El descenso fue brusco.
La autodespreciación y el odio hacia sí mismo hicieron más daño que cualquier golpe recibido en la batalla.
Los paladines y fanáticos comenzaron a retirarse de forma ordenada.
Habían logrado su objetivo: capturar a una de las generales más importantes del Señor Demonio.
Sus gritos de victoria resonaron mientras se alejaban hacia la oscuridad, dejando atrás un campamento destrozado y cuerpos humeantes.
Liliana se quedó de pie junto a Alex, mirando la retirada de los atacantes con expresión fría y preocupada.
—Se van —murmuró—.
Cumplieron su misión.
Alex apretó los dientes con tanta fuerza que le dolió la mandíbula.
Se levantó lentamente, recogiendo su espada santa del suelo.
Sus manos temblaban.
—No voy a dejar que le hagan daño —dijo con voz baja, casi un gruñido—.
No después de todo esto.
Liliana lo miró.
Por un momento, el miedo residual seguía allí, pero también había una determinación compartida.
—Entonces tendremos que ir tras ella —dijo en voz baja—.
Juntos.
El campamento quedó en silencio una vez más.
El ejército demoníaco comenzaba a reorganizarse, pero el golpe había sido duro.
Valeria había sido raptada por los fanáticos de la diosa.
Y Alex sentía que otra parte de su alma acababa de ser arrancada con ella.
La cruzada hacia Eldoria ya no era solo una orden.
Ahora era personal.
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