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Reencarnado como Paladín: Mis Gustos Culposos se Volvieron Reales - Capítulo 15

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  3. Capítulo 15 - 15 La Orden del Paladín
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15: La Orden del Paladín 15: La Orden del Paladín El campamento demoníaco era un caos controlado tras el ataque sorpresa.

Las hogueras aún ardían con llamas azules y púrpuras, pero el aire estaba cargado con el olor metálico de la sangre quemada y la magia residual.

Los soldados se movían con prisa contenida, recogiendo armas rotas, atendiendo a los heridos y reforzando las defensas.

Sin embargo, todas las miradas se desviaban constantemente hacia el centro del claro, donde Alex permanecía de pie, inmóvil, con la espada santa aún apretada en su mano derecha.

Valeria había sido raptada.

Esa realidad se repetía en su mente como un eco incesante y doloroso.

La imagen de las cadenas benditas arrastrándola hacia el portal de luz blanca no lo abandonaba.

Había visto sus ojos rojos a través de la grieta del yelmo agrietado, llenos de sorpresa, dolor y una resignación que le había atravesado el pecho como una lanza.

“Todo lo que toco se rompe”, pensó con amargura oscura, la misma frase que se había convertido en un mantra autodestructivo.

“Primero casi estrangulo a Liliana.

Ahora dejo que se lleven a Valeria delante de mí.

¿Cuánto más voy a destruir antes de que todo termine?” Su Purity Gauge se tambaleó visiblemente al sentir esa oleada de autodesprecio.

[Purity Gauge: 58/100 → 55/100] Alex apretó la empuñadura de su espada hasta que los nudillos se le pusieron blancos.

No podía quedarse de brazos cruzados.

Valeria estaba en manos de fanáticos de la diosa, aquellos que veían a cualquier criatura de la oscuridad como una abominación que debía ser purificada sin piedad.

Sabía lo que le harían: interrogatorios, torturas con luz sagrada, posiblemente una ejecución pública como trofeo.

Esa certeza le quemaba por dentro como ácido.

Se giró hacia el grupo de oficiales demoníacos que se habían reunido cerca de él.

Eran capitanes y comandantes de rango medio, todos con armaduras pesadas y expresiones de desconfianza profunda.

Un paladín humano dando órdenes en su propio campamento era algo que nunca habían imaginado, y menos después de haber visto cómo casi estrangulaba a Lady von Nacht.

—Escúchenme —dijo Alex con voz firme, aunque por dentro temblaba de rabia y culpa—.

Valeria ha sido capturada.

No vamos a esperar a que el Señor Demonio nos dé nuevas órdenes desde su trono.

Vamos a recuperarla.

Ahora.

Uno de los capitanes, un demonio alto con cuernos curvados y cicatrices en el rostro, soltó una risa seca y nerviosa.

—¿Tú?

¿Un humano?

¿Vas a dar órdenes en nuestro ejército?

¿Después de lo que le hiciste a Lady von Nacht?

Los demás murmuraron en acuerdo, pero sus voces estaban teñidas de miedo.

La noticia de que un paladín había perdido el control y casi estrangulado a una de las favoritas del Señor Demonio ya se había extendido como fuego entre las tropas.

Ahora ese mismo paladín quería tomar el mando.

El terror a lo desconocido —a la luz que podía volverse oscura y destructiva— era palpable.

Varios oficiales retrocedieron un paso, sus manos acercándose instintivamente a sus armas.

Alex dio un paso adelante.

Su espada santa brilló con un resplandor dorado tenue pero amenazante.

—El sistema me advirtió de corrupción si sigo bajando —dijo con voz baja pero cargada de peligro—.

Si no recupero a Valeria, esa corrupción se extenderá.

Y cuando eso ocurra, no seré yo quien sufra solo.

Los arrastraré a todos conmigo.

¿Quieren arriesgarse a tener a un paladín corrupto en medio de su ejército?

El silencio que siguió fue pesado y cargado de terror.

Los oficiales demoníacos se miraron entre sí, visiblemente inquietos.

La amenaza era clara: un paladín corrompido en su propio campamento sería una catástrofe mucho mayor que cualquier ataque externo.

El miedo a lo desconocido hizo que varios bajaran la mirada.

—Exploren los alrededores —ordenó Alex, su voz ganando fuerza y autoridad—.

Envíen exploradores hacia el este y el norte.

Buscarán cualquier rastro de portal de luz sagrada, campamento de fanáticos o señales de magia divina.

No regresen sin información útil.

Si alguien se niega a obedecer… que asuma las consecuencias.

Los capitanes dudaron un instante más, pero terminaron obedeciendo.

Las órdenes comenzaron a circular entre las tropas.

El ejército demoníaco, aunque a regañadientes y con evidente miedo, empezó a moverse bajo las órdenes de un paladín humano.

Los murmullos se volvieron más nerviosos: —Un humano dando órdenes… —Después de casi matar a Lady von Nacht… —Si se corrompe aquí, estamos perdidos.

Liliana observaba todo desde la distancia.

No se acercó.

Sus ojos rojos seguían fijos en Alex, pero la distancia entre ellos se había vuelto un abismo.

Los celos que sentía hacia Valeria se mezclaban con el miedo residual del ataque anterior.

Quería estar cerca de él, pero no podía.

No todavía.

Horas después, cuando el campamento comenzó a calmarse y los exploradores partieron, Liliana lo esperó en privado, en una tienda apartada.

Alex entró y cerró la solapa detrás de él.

El espacio era pequeño, iluminado solo por una vela azul flotante.

Liliana lo miró fijamente.

Su voz salió baja, casi temblorosa.

—Si fuera yo la que estuviera secuestrada… ¿harías lo mismo?

Alex se quedó en silencio un momento.

Luego dio un paso hacia ella, con los ojos llenos de una determinación oscura y dolorosa.

—Incluso la diosa moriría si tú fueras la afectada —respondió con voz ronca y sincera—.

Iría al mismo cielo a buscarte.

Destruiría todo lo que fuera necesario.

No importaría si soy paladín, corrupto o monstruo.

Te recuperaría, Liliana.

Aunque tuviera que quemar el mundo entero.

Liliana se quedó inmóvil.

Por un segundo, sus ojos rojos brillaron con una mezcla de sorpresa, emoción y algo que parecía amor verdadero.

Su corazón se derritió visiblemente.

El miedo que la había mantenido alejada flaqueó por un instante.

[Affection con Liliana von Nacht: 47/100 → 58/100] Pero el miedo regresó casi inmediatamente.

Dio un paso atrás, manteniendo la distancia.

—No puedo… todavía no —susurró, con la voz quebrada—.

Te quiero cerca, Alex.

Pero cada vez que te miro, recuerdo tus manos en mi cuello.

Necesito tiempo.

Alex asintió lentamente.

La culpa le apretó el pecho, pero no insistió.

Se quedó allí, respetando su espacio, aunque cada fibra de su ser quería estrecharla contra sí.

—Te esperaré —dijo en voz baja—.

El tiempo que necesites.

Liliana lo miró un segundo más.

Luego se dio la vuelta y salió de la tienda, dejando a Alex solo con sus pensamientos oscuros y la pesada responsabilidad que acababa de asumir.

Fuera, el ejército demoníaco ya estaba enviando exploradores en todas direcciones.

Por primera vez, un paladín humano había tomado el control de parte de las fuerzas del Señor Demonio.

Y todo por recuperar a Valeria.

La cruzada hacia Eldoria ya no era solo una orden lejana.

Ahora era una carrera contra el tiempo.

Y Alex, con el Purity Gauge inestable y el corazón dividido, sabía que no podía fallar de nuevo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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