Reencarnado como Paladín: Mis Gustos Culposos se Volvieron Reales - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 La Ejecución
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19: La Ejecución 19: La Ejecución La plaza central de Eldoria estaba abarrotada hasta el límite.
Miles de personas se apretujaban contra las barreras de madera, sus rostros iluminados por la luz parpadeante de cientos de antorchas sagradas que proyectaban sombras largas y amenazantes sobre el empedrado.
El aire era denso, cargado de incienso, sudor humano y un leve olor a carne quemada de ejecuciones anteriores.
En el centro de la plaza se alzaba un poste alto de madera oscura, rodeado de leña seca empapada en aceite bendito.
Era el escenario perfecto para una purificación pública, un espectáculo que la ciudad llevaba días preparando con fervor religioso.
Los cánticos religiosos comenzaron a elevarse desde la multitud, primero como un murmullo bajo, luego como un coro atronador que retumbaba contra las murallas de piedra blanca: «Luz eterna, luz pura, quema al impuro, quema la oscuridad.
Diosa de la Luz Eterna, purifícanos con tu fuego sagrado.» La multitud repetía el himno una y otra vez, cada vez más fuerte, más fanática.
Algunos lanzaban fruta podrida y piedras pequeñas hacia el poste vacío, anticipando lo que vendría.
Otros alzaban sus manos al cielo, lágrimas de fervor religioso corriendo por sus mejillas.
Los niños gritaban con la misma rabia que los adultos.
Eldoria entera parecía poseída por un odio colectivo y sagrado.
Valeria fue sacada de la fortaleza en medio de un cordón de paladines y sacerdotes.
Llevaba la bolsa negra gruesa todavía puesta sobre la cabeza.
Sus pies descalzos arrastraban por el suelo empedrado, las cadenas benditas tintineando con cada paso.
La multitud rugió al verla.
Fruta podrida y piedras volaron hacia ella, golpeando su cuerpo y la bolsa.
Algunos gritos aislados se elevaron por encima del cántico: —¡Bruja demoníaca!
—¡Impura!
—¡Que arda como las demás!
Los guardias la subieron al poste.
Le ataron las muñecas y los tobillos con cadenas reforzadas con runas doradas que brillaban con luz sagrada.
La leña a sus pies crujió cuando la elevaron.
Solo entonces le quitaron la bolsa de la cabeza.
Valeria parpadeó, cegada por la luz intensa de las antorchas y la luna roja.
Sus ojos rojos recorrieron la plaza.
Miles de rostros llenos de odio la miraban.
Niños, ancianos, familias enteras gritando su muerte.
El miedo verdadero, crudo y visceral, se reflejó en su rostro por primera vez.
No era la general orgullosa.
Era solo una mujer sola, encadenada, rodeada de personas que deseaban verla arder lentamente.
Un sacerdote de alto rango, vestido con túnicas blancas bordadas en oro, subió al estrado frente al poste.
Alzó los brazos y la multitud guardó silencio.
—Hermanos y hermanas de la Luz Eterna —comenzó con voz potente y resonante—.
Hoy no celebramos solo una ejecución.
Hoy celebramos la victoria de la luz sobre la oscuridad.
Esta criatura, Valeria von Schatten, general del ejército del Señor Demonio, ha derramado la sangre de innumerables fieles.
Ha corrompido almas y extendido la sombra por nuestras tierras.
Pero la Diosa de la Luz Eterna, en su infinita misericordia, nos ha permitido capturarla.
La multitud rugió.
Más fruta y piedras volaron hacia Valeria.
Ella cerró los ojos, respirando con dificultad, el cuerpo temblando ligeramente por el dolor de las quemaduras previas.
El sacerdote continuó, levantando la voz con fervor: —En nombre de nuestra Señora, la Diosa de la Luz Eterna, quemaremos a esta impura.
Que su fuego sea ejemplo para todos los que se atreven a desafiar la luz.
Que sus cenizas sean la prueba de que la oscuridad siempre cae ante la pureza.
En ese preciso instante, entre la multitud, Alex y Liliana observaban ocultos bajo capas oscuras.
Alex sintió que algo se rompía dentro de él.
Sus manos temblaron.
La rabia, la culpa y la desesperación se mezclaron en una oleada oscura y sofocante.
“Esto es lo que yo debería haber protegido…” pensó con una amargura que le quemaba el alma.
“Un pueblo de la Luz… y ahora estoy aquí, viendo cómo queman a alguien que confié en mí.
¿Qué clase de paladín soy?
¿Qué clase de monstruo me he vuelto?” No gritó.
No corrió.
Solo actuó.
Una luz oscura, negra con vetas doradas, estalló a su alrededor.
Sin una palabra, levantó la mano y lanzó un tajo de energía sagrada corrupta, silencioso y letal.
El tajo cortó el aire sin sonido, como una cuchilla invisible.
Golpeó al sacerdote en pleno pecho, lanzándolo hacia atrás con violencia.
El hombre cayó al suelo, gritando mientras la energía oscura quemaba su túnica y su piel.
La multitud explotó en caos.
Gritos de terror y pánico llenaron la plaza.
La gente comenzó a empujarse, a correr en todas direcciones, algunos cayendo al suelo y siendo pisoteados.
Los paladines entraron en alerta máxima, desenvainando sus armas y gritando órdenes: —¡El atacante está entre la multitud!
—¡Buscad al hereje!
—¡Sellad las salidas!
Valeria abrió los ojos de golpe al escuchar el impacto.
Su mirada recorrió la plaza hasta encontrar a Alex entre la multitud.
Por un segundo, sus ojos rojos se abrieron con sorpresa absoluta, luego con un alivio profundo y doloroso.
“Alex…” susurró casi sin voz, con los ojos llenos de lágrimas que no pudo contener.
“Viniste… viniste por mí…” Liliana, a su lado, apretó el brazo de Alex con fuerza, sus uñas clavándose en su piel.
—Alex… —susurró, con la voz temblorosa—.
¿Qué has hecho?
Alex no respondió.
Su mirada seguía fija en Valeria, y la luz oscura a su alrededor seguía brillando, cada vez más intensa.
El caos en la plaza era total.
La gente corría, gritaba y se empujaba.
Los paladines formaban líneas defensivas, buscando al culpable entre la multitud aterrorizada.
Algunos sacerdotes activaban barreras de luz sagrada alrededor del poste, intentando proteger la ejecución.
Valeria, aún atada al poste, miró a Alex con los ojos húmedos.
En medio del pánico general, solo podía pensar en una cosa: “Viniste…” Liliana, todavía aferrada al brazo de Alex, sintió una oleada de emociones contradictorias.
Celos, miedo, alivio… y algo más profundo.
Al ver cómo Alex había actuado sin dudar, arriesgándolo todo por Valeria, una parte de ella no pudo evitar pensar: “Es verdad… destruiría todo si una de nosotras fuera la afectada.” [Affection con Liliana von Nacht: 47/100 → 55/100] [Affection con Valeria von Schatten: 24/100 → 37/100] El ataque había cambiado todo en un instante.
El rescate acababa de comenzar de la forma más caótica posible.
Y la noche en Eldoria acababa de volverse mucho más oscura.
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