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Reencarnado como Paladín: Mis Gustos Culposos se Volvieron Reales - Capítulo 20

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  3. Capítulo 20 - 20 La Recuperación de Valeria
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20: La Recuperación de Valeria 20: La Recuperación de Valeria El caos en la plaza central de Eldoria era absoluto.

La multitud corría en todas direcciones, gritando de pánico mientras los paladines intentaban organizar una defensa.

Los cánticos religiosos se habían convertido en gritos de terror.

Niños lloraban desconsolados, aferrados a las faldas de sus madres o perdidos entre la multitud, sus voces agudas cortando el aire entre los empujones y los gritos de los adultos.

Alex, aún envuelto en esa luz oscura con vetas doradas, se encontraba en el centro de la tormenta.

Liliana apretaba su brazo con fuerza, sus uñas clavadas en su piel.

—Alex… —susurró con voz temblorosa—.

¿Qué has hecho?

Alex no respondió.

Su mirada estaba fija en el poste donde Valeria permanecía atada.

La luz oscura a su alrededor seguía brillando, cada vez más intensa.

El sistema le advirtió con una alerta roja: [Purity Gauge: 38/100 → 28/100] Advertencia: Corrupción Temporal inminente.

Alex levantó la mano izquierda y lanzó una señal luminosa al cielo: un destello negro-dorado que cortó la noche.

Era la orden que los demonios de élite esperaban.

Desde los techos de los edificios cercanos y desde las calles laterales, los demonios infiltrados respondieron.

Explosiones de magia oscura estallaron en puntos estratégicos de la ciudad: la torre de vigilancia principal, el almacén de armas sagradas, las puertas principales de la muralla y varios altares de la diosa.

Las detonaciones iluminaron la noche con fuego negro y púrpura, creando pánico total y distracción masiva.

Los paladines entraron en alerta máxima, gritando órdenes mientras intentaban contener el ataque.

La multitud se volvió loca.

La gente se empujaba, caía y era pisoteada.

Niños lloraban aterrorizados, algunos separados de sus padres, otros aferrados a las piernas de adultos que corrían sin rumbo.

En medio del caos, un paladín de alto rango, con armadura plateada brillante y una maza envuelta en llamas sagradas, se abrió paso hacia el poste de ejecución.

Sus ojos estaban llenos de fanatismo.

—Esta bestia no escapará —gruñó—.

¡La quemaré yo mismo!

El paladín levantó su maza y lanzó una bola de fuego sagrado hacia la leña a los pies de Valeria.

Las llamas blancas comenzaron a prender la madera con rapidez.

Valeria, aún atada al poste, vio las llamas subir hacia ella.

Su rostro palideció.

Por primera vez, el miedo real se reflejó en sus ojos rojos.

Alex sintió que algo se rompía dentro de él.

Sin pensarlo, se lanzó hacia adelante.

La luz oscura a su alrededor se intensificó.

Con un movimiento brutal, levantó su espada santa y lanzó un tajo de energía corrupta directamente hacia el paladín.

El ataque fue silencioso y letal.

El tajo negro-dorado cortó el aire y golpeó al paladín en el pecho, atravesando su armadura sagrada.

El hombre cayó de rodillas, gritando mientras la corrupción quemaba su cuerpo desde dentro.

[Purity Gauge: 28/100 → 20/100] La corrupción lo invadió de golpe.

Alex sintió que perdía el control.

Sus ojos se volvieron vidriosos.

Un gruñido animal salió de su garganta.

Se giró hacia Valeria, aún atada al poste, y levantó la mano con intención de atacarla.

Liliana reaccionó al instante.

Se lanzó hacia él como Valeria lo había hecho antes, intentando detenerlo.

—¡Alex, no!

—gritó, sujetándolo por el brazo con todas sus fuerzas.

Pero la corrupción era demasiado fuerte.

Alex se sacudió con violencia, lanzando a Liliana hacia un lado.

Ella cayó al suelo, con los ojos abiertos por el miedo y el dolor.

Valeria lo vio venir.

No gritó.

No se encogió.

En cambio, cuando Alex se acercó lo suficiente, ella se inclinó hacia adelante tanto como las cadenas se lo permitieron y lo besó.

Fue un beso desesperado, urgente, lleno de miedo y necesidad.

Sus labios fríos se pegaron a los de Alex, sus manos encadenadas intentando tocar su rostro.

Alex se congeló.

El beso rompió la corrupción como un rayo.

La oscuridad que lo envolvía comenzó a retroceder.

Sus ojos recuperaron claridad.

El gruñido animal se convirtió en un jadeo sorprendido.

Valeria se separó apenas unos centímetros, sus ojos rojos llenos de lágrimas.

—Alex… —susurró, casi llorando—.

Regresa… por favor.

La cordura regresó de golpe.

Alex parpadeó, respirando agitado.

Miró sus propias manos, luego a Valeria, y el horror lo invadió.

—Valeria… —murmuró con voz rota.

Liliana, desde el suelo donde había caído, vio todo.

Vio cómo Valeria besó a Alex y cómo él recuperó la cordura gracias a ese beso.

Una oleada de celos la golpeó con fuerza.

“Si yo hubiera hecho eso…” pensó con amargura, “¿él habría vuelto tan rápido por mí?” Los celos la hicieron querer distanciarse más.

Se levantó lentamente, manteniendo una distancia emocional que antes no existía.

Alex cargó a Valeria en sus brazos.

Ella estaba débil, quemada y exhausta, pero se aferró a su cuello con las pocas fuerzas que le quedaban.

—Viniste… —susurró contra su pecho, casi sin voz—.

Viniste por mí… Liliana los cubrió con una capa de sombras mientras corrían hacia una calle lateral.

Los demonios de élite que estaban en los techos comenzaron a bajar para cubrir su retirada.

Alex sentía el cuerpo de Valeria temblando contra el suyo.

La culpa por haber estado a punto de atacarla lo golpeaba con fuerza, pero también sentía un alivio abrumador por haberla recuperado.

—Te tengo —murmuró contra su cabello negro—.

Ya te tengo.

El grupo se movió rápidamente por las calles estrechas de Eldoria, esquivando patrullas y aprovechando la confusión causada por las explosiones.

La ciudad estaba en pánico total.

Las campanas de alarma sonaban sin parar.

Niños lloraban perdidos entre la multitud, sus gritos agudos cortando el aire.

Liliana corría a su lado, lanzando miradas ocasionales hacia Alex y Valeria.

Los celos seguían allí, pero también había un respeto nuevo y doloroso.

Cuando finalmente salieron de la ciudad y se reunieron con el grueso del ejército en las colinas, Alex dejó a Valeria en el suelo con cuidado.

Ella lo miró con ojos brillantes.

—Gracias… —susurró.

Alex no respondió.

Solo la abrazó con fuerza, como si temiera que desapareciera de nuevo.

La cruzada hacia Eldoria había cambiado para siempre.

Valeria estaba a salvo.

Pero el precio que Alex había pagado en pureza y cordura era cada vez más alto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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