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Reencarnado como Paladín: Mis Gustos Culposos se Volvieron Reales - Capítulo 21

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  3. Capítulo 21 - 21 El Escape de Eldoria
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21: El Escape de Eldoria 21: El Escape de Eldoria El caos en las calles de Eldoria era total.

La ciudad, que horas antes parecía un bastión inquebrantable de la Luz Eterna, se había convertido en un infierno de fuego, gritos y pánico descontrolado.

Las explosiones de magia oscura provocadas por los demonios de élite seguían resonando en diferentes puntos estratégicos: la torre de vigilancia principal ardía en llamas negras, el almacén de armas sagradas había explotado en una bola de fuego púrpura, y las puertas principales de la muralla estaban siendo derribadas por oleadas de sombras.

La multitud corría en todas direcciones, empujándose, cayendo y pisoteándose.

Niños lloraban aterrorizados, separados de sus padres.

Ancianos eran arrastrados por la corriente humana.

Los paladines gritaban órdenes desesperadas, intentando formar líneas defensivas, pero el pánico era más fuerte que cualquier disciplina.

Alex corría por una calle estrecha, con Valeria en sus brazos.

Ella estaba débil, quemada y exhausta, pero se aferraba a su cuello con las pocas fuerzas que le quedaban.

—Viniste… —susurró contra su pecho, casi sin voz—.

Viniste por mí… Liliana corría a su lado, lanzando miradas ocasionales hacia atrás, su magia de sombras cubriéndolos como un velo protector.

—Tenemos que llegar a la puerta este —gritó Alex por encima del ruido—.

Los demonios de élite ya están abriendo camino.

Liliana asintió, pero su expresión era tensa.

Los celos seguían allí, pero ahora se mezclaban con una preocupación genuina por la seguridad de todos.

Detrás de ellos, los paladines y fanáticos de la diosa los perseguían con ferocidad.

Sus armaduras plateadas brillaban bajo la luz de las antorchas, y sus voces gritaban consignas religiosas: —¡Detengan a los herejes!

—¡La bestia demoníaca no puede escapar!

—¡El traidor paladín está con ellos!

Alex sentía el peso de Valeria en sus brazos.

Su respiración era agitada, y su Purity Gauge seguía inestable en 20/100.

La corrupción aún latía en sus venas, haciendo que su visión se nublara de vez en cuando.

De pronto, al pasar por la plaza principal, Alex vio la gran estatua de la Diosa de la Luz Eterna que dominaba la plaza.

La misma diosa que lo había enviado a este mundo.

La estatua era imponente: una figura femenina con túnicas doradas, sosteniendo una espada de luz en una mano y una balanza en la otra.

Sus ojos de mármol parecían mirarlo directamente, acusadores.

Alex sintió una oleada de rabia y dolor.

“Esto se supone que era lo que debía defender…” pensó con amargura.

“Un pueblo de la Luz… y ahora estoy aquí, destruyendo todo lo que representabas.” Sin detenerse, levantó la mano libre.

Una onda de energía oscura con vetas doradas salió disparada hacia la estatua.

El impacto fue brutal.

La cabeza de la diosa se resquebrajó y cayó al suelo con un estruendo ensordecedor.

La estatua se tambaleó y se derrumbó en pedazos, levantando una nube de polvo y escombros que se mezcló con el humo de las explosiones.

Los paladines que perseguían al grupo se detuvieron en seco.

Varios de ellos cayeron de rodillas, con los ojos abiertos por el horror.

Uno de los sacerdotes, con la voz quebrada, gritó: —¡La estatua de la Diosa…!

¡La han destruido!

¡Es un sacrilegio!

El shock se extendió como una ola entre los paladines.

Algunos se quedaron paralizados, mirando los escombros de la estatua con incredulidad.

Otros gritaron de furia y dolor: —¡Hereje!

¡Has profanado a la Diosa!

—¡La Luz Eterna te condenará!

—¡Matadlo!

¡Matad al traidor que se atrevió a tocar lo sagrado!

La persecución se volvió aún más feroz.

Los paladines, ahora impulsados por una rabia religiosa, corrían más rápido, gritando órdenes mientras avanzaban: —¡Formen una línea!

¡No dejen que escape el hereje!

—¡Protejan la plaza!

¡La diosa ha sido ultrajada!

—¡Usen la luz sagrada!

¡Quemadlo todo si es necesario!

En el limbo blanco, la Diosa de la Luz Eterna sintió el impacto.

Su expresión, normalmente serena, se endureció.

Sus ojos dorados se entrecerraron con furia divina.

—Un hereje… —murmuró con voz fría y resonante—.

Un paladín que se ha vuelto en contra de mí.

Que ha destruido mi imagen y se ha aliado con la oscuridad.

Su voz resonó en el vacío blanco como un veredicto divino.

—Que sea conocido.

Un hereje está en contra de mí.

Que su nombre sea marcado y su alma sea perseguida.

De vuelta en Eldoria, Alex sintió un dolor intenso y repentino en el cuello.

Era como si una mano de fuego lo estuviera marcando.

Cayó de rodillas por un segundo, soltando un gruñido de dolor que se convirtió en un grito ahogado.

Una marca oscura en forma de cruz rota apareció en su cuello, quemando su piel con luz negra y dorada.

El dolor era insoportable, como si le estuvieran clavando hierro al rojo vivo directamente en la carne.

La marca ardía, pulsaba y se extendía, enviando ondas de fuego por todo su cuerpo.

[Purity Gauge: 20/100 → 15/100] El sistema cambió de inmediato: [Clase Cambiada: Paladín Caído] Tope máximo de Purity Gauge reducido a 80/100.

La corrupción ahora es parte de tu naturaleza.

La luz sagrada te quema, pero la oscuridad te fortalece.

Alex se levantó con esfuerzo, respirando agitado.

La marca en su cuello ardía como fuego, pero también le daba una extraña sensación de poder oscuro.

El dolor era tan fuerte que le nublaba la visión, pero no se detuvo.

Liliana lo miró con horror y preocupación.

—Alex… tu cuello… esa marca… —No importa ahora —dijo él con voz ronca—.

Tenemos que salir de aquí.

El grupo continuó su huida.

Los paladines y fanáticos los perseguían con ferocidad.

Sus armaduras plateadas brillaban bajo la luz de las antorchas, y sus voces gritaban consignas religiosas mientras corrían: —¡El hereje ha sido marcado!

—¡Matad al traidor!

—¡La diosa lo ha condenado!

—¡Bloqueen la calle lateral!

¡No dejen que escapen!

El ejército demoníaco de Alex, que esperaba en las colinas, comenzó a moverse para cubrir su retirada.

Explosiones de magia oscura seguían distrayendo a las fuerzas de la ciudad.

Liliana corría a su lado, lanzando miradas ocasionales hacia Alex y Valeria.

Los celos seguían allí, pero ahora se mezclaban con una preocupación genuina.

Cuando finalmente salieron de la ciudad y se reunieron con el grueso del ejército en las colinas, Alex dejó a Valeria en el suelo con cuidado.

Ella lo miró con ojos brillantes.

—Gracias… —susurró.

Alex no respondió.

Solo la abrazó con fuerza, como si temiera que desapareciera de nuevo.

La cruzada hacia Eldoria había cambiado para siempre.

Valeria estaba a salvo.

Pero el precio que Alex había pagado en pureza y cordura era cada vez más alto.

Y la diosa, desde su limbo blanco, ya había marcado su nombre como hereje.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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