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Reencarnado como Paladín: Mis Gustos Culposos se Volvieron Reales - Capítulo 7

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  3. Capítulo 7 - 7 La Llegada al Territorio del Señor Demonio
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7: La Llegada al Territorio del Señor Demonio 7: La Llegada al Territorio del Señor Demonio Tras seis largas noches de marcha incesante a través de bosques oscuros y caminos ocultos, el paisaje finalmente cambió.

El denso follaje se abrió ante ellos, revelando una vasta extensión de montañas negras que se alzaban como colmillos hacia el cielo nocturno.

En la cima más imponente se erguía el majestuoso Castillo Nacht, cuyas torres de obsidiana perforaban la niebla perpetua que envolvía todo el territorio.

Banderas con emblemas demoníacos ondeaban con lentitud bajo el viento frío, y el aire mismo parecía cargado de un poder antiguo, opresivo y seductor.

Liliana se detuvo en la cima de la última colina.

Su vestido negro y rojo se agitaba suavemente con la brisa helada, adhiriéndose a su figura con elegancia peligrosa.

—Hemos llegado, Alex —dijo con voz baja, suave pero cargada de una posesividad inconfundible—.

Este es mi hogar.

El Territorio del Señor Demonio.

Aquí nadie te perseguirá por haberme protegido.

Aquí… me perteneces.

[Affection: 53/100] Alex permaneció en silencio.

Su Purity Gauge marcaba 65/100, pero una pesada inquietud se había instalado en su pecho.

Como Paladín de la Luz Eterna, cada paso que daba en este lugar lo acercaba más al corazón del territorio enemigo.

Estaba entrando voluntariamente en las tierras del Señor Demonio, el mismo poder que su clase estaba destinada a combatir.

La duda lo atormentaba sin descanso: ¿estaba traicionando la fe que la diosa le había otorgado al salvar a Liliana?

¿Estaba renunciando a su propósito solo por la atracción que sentía hacia la oscuridad?

De pronto, un sonido metálico y grave resonó en la oscuridad.

De entre la espesa niebla emergió una figura alta y completamente cubierta por una armadura negra y dorada.

La placa completa era imponente: hombreras adornadas con púas afiladas, una larga capa oscura que ondeaba al viento y un yelmo cerrado que ocultaba por completo el rostro.

La espada que colgaba de su cintura era larga y amenazante, claramente forjada para la guerra.

—General Valeria —saludó Liliana con tono respetuoso pero distante—.

Llegamos antes de lo previsto.

La figura acorazada inclinó ligeramente la cabeza.

Una voz grave, profunda y claramente masculina surgió del interior del yelmo: —Lady von Nacht.

El Señor Demonio ha sido informado de su llegada… y de su compañía inesperada.

El general se volvió lentamente hacia Alex, evaluándolo con una frialdad palpable incluso a través de la armadura.

—Un paladín de la Luz Eterna —dijo con evidente desdén—.

¿Es un prisionero… o un traidor que ha decidido unirse a nuestro bando por voluntad propia?

Alex apretó con fuerza la empuñadura de su espada santa, sintiendo cómo la luz sagrada pulsaba débilmente en respuesta a su tensión.

—No soy ni lo uno ni lo otro —respondió con voz firme y clara—.

Soy Alex, Paladín de la Luz Eterna.

No he venido a unirme a ningún bando demoníaco.

Mi único propósito aquí es proteger a Liliana.

La figura acorazada soltó una risa grave y metálica que reverberó dentro del yelmo.

—Proteges a una vampira ancestral mientras vistes los colores de la luz sagrada.

En este territorio, eso te convierte automáticamente en uno de los nuestros… o en un objetivo a eliminar.

Liliana dio un paso adelante con elegancia, interponiéndose entre Alex y el general.

Su expresión se había endurecido notablemente, y sus ojos rojos brillaron con un destello de irritación.

—Valeria, basta —ordenó con tono helado y autoritario—.

Alex está bajo mi protección personal.

No es un prisionero ni un traidor.

Es mi invitado, y lo tratarás con el debido respeto.

El general inclinó la cabeza en señal de obediencia, aunque su postura permaneció rígida y amenazante.

—Como ordene, Lady von Nacht.

Aun así, el Señor Demonio querrá verlo personalmente.

Un paladín vivo dentro de nuestras murallas es… poco común.

La figura giró sobre sus talones y comenzó a avanzar con pasos pesados hacia el castillo, indicándoles que la siguieran.

Alex se quedó un instante atrás, observando la espalda blindada con creciente inquietud.

‘Esto no es correcto’, pensó con una claridad que le helaba la sangre.

‘Soy un paladín.

Mi deber es combatir la oscuridad, no caminar junto a generales demoníacos ni buscar refugio bajo el techo del Señor Demonio.

No pertenezco a este bando.

Cada paso que doy aquí me aleja más de la luz que se supone que debo representar.’ Liliana se acercó a él y lo tomó del brazo con una fuerza posesiva que no intentó disimular.

Sus dedos fríos se clavaron ligeramente en su piel a través de la tela de la manga.

—No mires tanto al general —susurró cerca de su oído, con un tono cargado de celos evidentes—.

Valeria es la General del Ejército Demoníaco, la más leal y peligrosa de todos nosotros.

Pero tú… tú eres mío, Alex.

No lo olvides.

No permitiré que nadie más capture tu atención.

Su voz contenía un filo peligroso, casi yandere, que hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Alex.

Las grandes puertas del castillo, talladas en obsidiana y reforzadas con hierro negro, se abrieron con un crujido grave y profundo que reverberó en el pecho.

Valeria les indicó que entraran sin volverse.

—Bienvenidos al Castillo Nacht —dijo el general con su voz grave y resonante—.

El Señor Demonio los espera en la sala del trono.

Mientras cruzaban el umbral hacia la penumbra iluminada únicamente por antorchas de fuego azul, Alex sintió que su Purity Gauge descendía otro punto.

El interior del castillo era grandioso y opresivo al mismo tiempo: techos altos adornados con frescos oscuros, columnas de piedra negra y un ambiente cargado de una belleza decadente y siniestra.

Liliana mantuvo su agarre posesivo en el brazo de Alex durante todo el trayecto por el amplio pasillo.

De vez en cuando lanzaba miradas afiladas hacia la figura acorazada que caminaba delante de ellos.

Alex no podía evitar sentir la tensión que flotaba en el aire.

Había llegado al corazón del territorio enemigo junto a una vampira ancestral y ahora caminaba al lado de un poderoso general demoníaco.

Su mente no dejaba de repetirse la misma pregunta: ‘¿Qué estoy haciendo aquí?

¿Realmente estoy dispuesto a sacrificar mi camino como paladín solo por proteger a Liliana?’ La noche que acababa de comenzar dentro de estas murallas prometía poner a prueba mucho más que su resistencia a la tentación.

Y la verdadera naturaleza del general Valeria aún permanecía oculta bajo aquella imponente armadura negra.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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